cómo depuró su técnica para ser infalible con el pie

cómo depuró su técnica para ser infalible con el pie

Cuando a Emiliano Boffelli lo llevaron por primera vez a Duendes, un club de Rosario minúsculo en comparación con otros de la ciudad -”somos pocos, pero todos fanáticos”, remarca él-, tenía tres años. Creció viendo a sus hermanos jugar rugby. “Todo lo que sé, lo aprendí mirando”, admite. Para lo único que le sacaba la vista, era para ver a Newell’s. Igual que ahora, desde Edimburgo –donde juega para Edimburgh Rugby-, trata de ver o enterarse los resultados. Allí llegó desde Francia, del Racing 92 y redondeó una temporada que la World Rugby sintetizó con un posteo en redes sociales con su acción más representativa: la patada.

“Que en tu primer año en un club seas el pateador, es importante. Que en tu primer año en un club te elijan como el mejor del mes, también lo es. Pero que en tu primer año en un club, tus compañeros, te elijan como el mejor jugador, ES MUCHO”, dice el posteo y pinta a la perfección su presente. En la era de Michael Cheika, en Los Pumas, los kicks le sientan bien. Si bien ya sus derechazos desde lejos no hacían extrañar los de Marcelo Bosch –uno de sus referentes de juventud, justamente-, en los últimos tests pateó (y metió) de todos lados. El histórico triunfo en Nueva Zelanda ante los All Blacks, se puede resumir en su patada.

Cuando se repasen los hitos de Los Pumas, ahí va a estar él como síntesis de la primera victoria en Nueva Zelanda. Ese día, se dirá, que 23 puntos de los 25 de la selección fueron suyos. Implacable con el pie. Hay una secuencia visual que describe ese partido. La pelota erguida sobre el tee apuntado a los palos. Boffelli en trance sin quitar la vista de su objetivo. El cuerpo está preparado, ya está calculada la distancia. Visualiza el lomo de la guinda y sube la vista a los palos. Se abstrae y no escucha el silencio del estadio. Extiende un brazo. La mirada, penetrante. Calcula, confirma los estudiado y en el momento justo empieza la carrera que ya es imposible detener. Es como un ritual o tal vez sea una cábala.

-Parece un momento íntimo ¿Qué sentís ahí?

-Lo más importante es pensar en el proceso de la patada, no tanto el resultado. Todo eso que hago y tratar de mirar la pelota y los palos, bueno lo hacen la mayoría de los pateadores, es para focalizarme en el objetivo de meter la pelota entre los palos. Todo eso me ayuda a concentrarme y abstraerme del momento, de la gente y del estadio. A veces hay 80 mil personas mirando todo. Necesito abstraerme y concentrarme en la relación pelota – palos. No es por otra cosa, es una rutina. Trato de repetirla siempre para que la pelota vaya adentro de los palos.

-¿Creés que después de ese partido, Cheika entiende que la patada es tuya?

-No, mirá, creo que acá nadie es dueño de nada. Si el equipo piensa que yo soy el indicado para la patada, si me necesita para que patee, obviamente voy a tomar esa responsabilidad porque me gusta y poder ayudar al equipo a sumar desde ese lado. Obviamente, cuando me la dan, me siento dueño en ese momento. Tengo un compromiso, pero no creo que sea dueño de nada. Me pone contento el rol, sé lo que implica y la responsabilidad y el compromiso que implica patear a los palos.

-¿Cómo lograron cambiar la actitud respecto al periodo anterior con Mario Ledesma como entrenador?

-Nosotros tenemos muchas ganas de vernos. Este grupo disfruta el encuentro y la preparación del partido. Jugamos mucho en la Argentina y eso es bárbaro. El lo que queríamos y necesitábamos. A veces no queremos que se termine. La llegada de Cheika fue buena en el sentido que ya nos conocíamos. Él a nosotros, también. Tiene muchas ganas de conocer nuestra cultura, hablar el idioma. Sabe dónde está y está organizando etapas con un objetivo final que es el mundial del año que viene.

-Y así llegaron al 18-25 en Nueva Zelanda… ¿Hubo algún momento en que sentiste que hacían historia?

-Se disfrutó mucho la victoria, pero durante el partido es difícil tener ese momento, frenar, y decir ‘che, bueno, lo estamos logrando’, hay que estar concentrado los 80 minutos. O eso tratamos. Es como que no para y no caés. Caés cuando termina, si caés. Obviamente en el partido, cuando la defensa está bien como estuvo, las patas de la mesa están firmes en los distintos aspectos del juego y vez que ellos podían seguir atacando y que no nos iban a entrar. De eso sí tenía noción, pero creo que a ninguno se le pasó por la cabeza pensar que lo estábamos logrando.

-¿Qué te parece que el escenario sea Independiente y no Vélez?

-Me parece que se tendría que jugar en Newell’s, sería espectacular, un sueño.



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Actualidad | Diario Digital

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