Defensa de la vejez y repudio (doloroso) a Joaquín Sabina

Defensa de la vejez y repudio (doloroso) a Joaquín Sabina


El cantautor no encuentra nada positivo en la etapa vital que transita. Pero le pasa lo contrario cada vez a más personas.

 Me enamoré con Física y Química. Me emocioné con Calle Melancolía. Me subí al tren en Atocha tarareando “yo me quedó en Madrid”. Corrí a comprar 19 días y 500 noches y escuché el CD hasta que empezó a saltar en la compactera de tan rayado que estaba. Lo vi en el Luna Park tantas veces como pude y quería ser Joaquín Sabina un poco. Lo amé, lo envidié, lo seguí, lo soñé. Su bohemia me conmovía: el poeta exiliado en Londres, don juan arrasador, vicioso empedernido, contigo pan y cebolla, Eva tomando el sol, hasta la cirrosis y la sobredosis princesa. Sabina está en mí como está en muchos de nosotros. Pero los ídolos se caen.

Se estrenó en España un documental llamado “Sintiéndolo bien”, dirigido por Fernando León de Aragona. Es el producto de un seguimiento silencioso y respetuoso a Sabina y su último camino. Ilustra la idea del hombre cansando que al final del viaje, como mirando un puerto desde la ventana de su habitación, narra lo mejor y lo peor de su vida y también intenta algún tipo de conclusión.


SAN SEBASTIÁN. El realizador Fernando León de Aranoa, posa junto a los músicos, Joaquín Sabina, y Leiva en la presentación de su película «Sintiéndolo mucho». EFE/ Juan Herrero.

Juan José Saer hizo maravillosamente el mismo ejercicio en una novela memorable: El Entenado, la historia de un navegante que cae en manos de los indígenas del Río de La Plata y sale vivo de allí. Consigue narrar su vida en el crepúsculo de todo, pero sin quejas ni reclamos, sino agradecido por los traumas y las enseñanzas. Es un homenaje a la sabiduría que viene con los años, la sabiduría real de la vida, sin tristezas ni bajezas, un personaje digno en el último tramo de su propia historia.

Sabina se para en el lugar opuesto. He leído que dice “la vejez es una mierda” y un tono de lamento porque “no encuentra nada bueno en ella”. Dice, además, en algún tramo que “fue todo sexo, drogas y rock and roll” y que “eso a los 50 años se terminó”. Se resigna Sabina: “No estuvo tan mal, ¿no?”. Parece que no está dispuesto a pagar el costo de sus elecciones. Parece no soportar lo que toca, no en suerte, sino como consecuencia lógica del trip fascinante que muchos admiramos y que lo convirtió en lo que es. Charly no se queja de su vejez. Sabina, en cambio, se pone punk contra la vejez. La quiere patear. Sabina se enoja y, como se enoja, se desmorona.

Por eso esto es un repudio (doloroso repudio) a Sabina y una defensa de la vejez (no me gusta la palabra, perdón, no me sale otra). Vivimos más. Queremos vivir más. Vamos a vivir más. Aprendimos a cuidarnos. La Argentina extendió su esperanza de vida aún en uno de los peores momentos políticos y económicos de su historia. En eso, al menos, está a tono con el mundo. En las naciones prósperas surgen los “nuevos problemas” de la vejez. Se apela cada vez más a la gerontología para pensar desde ciudades hasta nuevas rutinas de vida. Ya no existen tabúes ni siquiera sobre el sexo en la tercera edad.

El auge de la vida sana no es puro presente. También subyace en esa búsqueda de bienestar, el proyecto de abonar a tiempo para una vida futura con menos penurias, con menos condicionantes y trabas. La moda de las carreras urbanas no solo es puro marketing. Hace 20 años hacemos notas periodísticas en las que cuestionamos el concepto de tercera edad. No por invento, sino por lo que llega y se ve: los 50 son los nuevos 40, los 60 los nuevos 50, los 70 los nuevos 60, los 80…. No hay decrepitud (o hay cada vez menos o es posible darle pelea), sino nuevas existencias.

Cuando Sabina amplifica su lamento, invisibiliza que más allá del tiempo esperan otras intensidades, desafíos y también placeres. Que hay agilidades posibles y, aunque suene un poco cursi, felicidad como destino. Me cuesta repudiar a Sabina. Preferiría cumplir el sueño de entrevistarlo en Tirso de Molina. Pero el tema no es Sabina, sino que hay vida más allá de la vida. Y que viejos son los trapos.

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