Democracia y/o populismo

Democracia y/o populismo


Los sucesos políticos de las últimas semanas, y particularmente el impacto producido por el atentado contra la vicepresidenta Cristina Kirchner, actualizan el debate sobre populismo y democracia en la Argentina. Desde lejos, o no tan lejos, el politólogo australiano Benjamin Moffitt nos ofrece un útil y preciso recorrido por las distintas perspectivas sobre el tema y las pone a dialogar entre ellas, en Populismo. Guía para entender la palabra clave de la política contemporánea (Siglo Veintiuno, 2022).

Moffitt define como rasgos característicos del populismo la apelación al “pueblo” como un colectivo homogéneo enfrentado a una elite ajena a sus sentimientos e intereses, la idea de que los conflictos principales se producen por la acción de minorías guiadas por intereses egoístas o espúreos que conspiran contra los intereses nacionales y populares, y, en tercer lugar, un liderazgo personalista que encuentra como fuente un sentimiento colectivo de identificación y lealtad.

El contenido de las políticas -estatistas o liberales, “de derecha” o “de izquierda”- aparece aquí como algo secundario. Unos pueden ver al populismo como una antesala del comunismo; otros, como la nueva cara del fascismo. Viejas caracterizaciones de un mundo en el que han estallado las ideologías, pero en el que siguen pesando sus imágenes, simbologías y fantasmas como significantes flotantes.

¿Pero es el populismo una ideología, una estrategia o una modalidad discursiva de actuación política? ¿Es un peligro y una amenaza para la democracia o se trata de una de las expresiones de ésta, tan legítima como las otras?

¿Qué ocurre cuando oficialismo y oposición dejan de concebirse como parte de un mismo sistema de reglas, para autopercibirse como dos maneras antagónicas de leer la realidad que se desconocen recíprocamente legitimidad?

¿Y qué cuando ese mismo relato maniqueo y excluyente es adoptado desde el propio gobierno, interpretando las investigaciones judiciales sobre casos de corrupción que lo involucran, así como las críticas a su gestión, como parte de planes oscuros y conspiraciones maléficas que llegan a incluir atentados o intentos de magnicidio? ¿Cuando la división de poderes propia del sistema republicano es entendida como un obstáculo y no como una condición de los poderes electivos?

Lo cierto es que se lo tenga como problema o como solución, una causa, un síntoma o una cura para los problemas de las democracias liberales, el populismo es un fenómeno difícil de entender sin comprender su presencia desafiante en la política democrática, un fenómeno que no es exclusivo de nuestro país pero que adquiere aquí modalidades propias.

Quizás se trate de trocar la disyuntiva por la conjuntiva en la relación entre ambas constelaciones que forman parte ineludible del imaginario político actual. Habrá que aprender a convivir con la tensión que se produce naturalmente entre ambos polos gravitantes, populismo y democracia, en estos tiempos de crisis. Sin que se pierda la república y sin que la democracia deje de dar cuenta de sus asignaturas pendientes.

Populismo. Guía para entender la palabra clave de la política contemporánea. Libro de Benjamin Moffitt (Siglo veintiuno editores, 2022)



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Actualidad | Diario Digital

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