desde familiares hasta famosos, quiénes están en la larga lista de estafados

desde familiares hasta famosos, quiénes están en la larga lista de estafados


Tallado en la dureza de su padre «Quique» y amoldado a la dulzura de su madre «Mecha», esa ambivalencia que para los negocios le cerraba por todos los lados. Ser así lo hacía «feliz». El propio Martín Santiago Del Río (47) lo reconoció en su declaración indagatoria, cuando para la justicia dejó de ser testigo (declaró tres veces en esa condición) y pasó a ser el único sospechoso de «doble homicidio calificado por la alevosía, por el vínculo, por el uso de arma de fuego y por ser criminis causae» (matar para lograr la impunidad), delito que tiene una única pena, la prisión perpetua.

¿Las víctimas? Su papá, Enrique Del Río (74), y su mamá, María Mercedes Alonso (72).

Un «niño rico» que en los últimos dos años entró en una «espiral descendente hacia su infierno». Los investigadores del doble parricidio de Vicente López ya lo tienen perfilado. Mientras esperan resultados de pericias referidas al hecho, como por ejemplo cuál de las dos pistolas secuestradas fue la que disparó, trabajan en rehacer el pasado del sospechoso y es tanto el contenido que lo que estimaban ordenar en una semana, se extenderá algo en el tiempo.

Las víctimas financieras de Martín Del Río son muchas. «Las mataba en vida, con sus maniobras hostiles y vaciándoles el patrimonio», le cuenta una fuente de la causa a Clarín. Y cuando repasan la lista, impacta: su suegro, su hermano, su amante, un ex jugador profesional de fútbol, el escribano de toda la vida de la familia, un vendedor de autos super deportivos, hay de todo. Lotes, campos, vehículos, departamentos, salones. Una máquina de estafar. ¿Por qué mató?

Martín Del Río, filmado por una cámara del edificio donde vive su suegro. Creen que allí se cambió y descartó evidencias.

Iba a perder todo, lo sabía. Las mentiras, esta vez, ya no corrían más y enfrente estaban sus padres, su familia, el único flujo de dinero real que le permitía vivir en una mansión en Nordelta (su pareja le pidió el divorcio tras 30 años de relación y dos hijos adolescentes), darse todos los gustos, tener una Ferrari, una cupé Mercedes-Benz, ostentar un patrimonio de 25 millones de dólares. Ser, para amigos y conocidos, un potencial socio en buenos negocios. Así fueron las últimas tres décadas de «Pato» Del Río, que el 24 de agosto vio que esa vida que había tenido desde los 17 ya no iba a ser. Algo en su mente le disparó matar y su perfil de psicópata se terminó de sellar.

Entrador, llegador, el típico «chamuyero» (así lo definió su único hermano, Diego), incluso hasta generoso para compartir buenas oportunidades de inversión. En la otra cara de la moneda, frío, calculador, implacable para modificar las condiciones de un trato, falsificar un documento, cambiar la cercanía por la distancia de un día para el otro y dar la estocada final: estafar. Cuando ese modus operandi tuvo a sus padres del otro lado, no encontró otra salida y los mató. Una mudanza inconclusa fue el detonante. «Quique» y «Mecha» se querían ir a vivir al departamento «B» con vista al río del piso 31 del exclusivo edificio Chateau, en Avenida Del Libertador 7.050, en CABA.

Uno de los registros fílmicos que complica a Martín Del Río, en el recorrido de ida y vuelta desde Núñez hasta la casa de sus padres en Vicente López.

Uno de los registros fílmicos que complica a Martín Del Río, en el recorrido de ida y vuelta desde Núñez hasta la casa de sus padres en Vicente López.

Martín se había encargado de la «negociación». Había pagado solo cuatro cuotas de 10.000 dólares y para tomar posesión faltaban 36 cuotas mensuales (tres años) y la suma de 1.700.000 dólares. Ese tiempo, los tres años, fue lo que no pudo justificarle a sus padres, que el domingo previo al doble crimen ya le habían dicho que se querían mudar, que el miércoles era el día. Pero el miércoles Martín los mató. Ya no podía explicar que todo era una mentira, una estafa a la familia misma. Toda esa plata no iba a ir a ese piso, era para sostener su nivel de vida. Él no generaba nada, para su padre, duro y bravo para los negocios, era un «che pibe», «un mantenido».

La personalidad de su padre era muy fuerte, había sido policía federal y llegó a ser custodio del ministerio del Interior en tiempos de gobiernos militares. Cuando se retiró, compró la casona de calle Melo al 1.100, donde ocurrió el doble crimen, y una casa en un country.

El derrumbe ocurrió en los últimos dos años. A Enrique le detectaron un tumor cerebral, su salud se complicó y a Martín «le levantaron la barrera». Con la enfermedad, y tras una mala praxis, su padre había quedado casi inválido. Vio que era su momento para manejar todo. Pero a mediados de 2021, un médico halló una solución parcial al estado del padre y !Quique» mejoró.

"Pato" Del Río está detenido en la DDI de San Isidro. Su hermano lo visitó una vez.

«Pato» Del Río está detenido en la DDI de San Isidro. Su hermano lo visitó una vez.

En cuestión de días, volvió a tener el control y a pedirle explicaciones a Martín cuando notó el nivel de desmanejos en los que ya había incurrido. El tema de la mudanza para dejar la casona de Vicente López ya estaba sobre la mesa.

En el reporte financiero de «Pato» Del Río figura que su actividad está relacionada al transporte y almacenamiento (servicios de playas de estacionamiento y garajes). Y es evidente cómo se acelera su debacle en agosto de 2021, donde su condición de pagos pasa de «riesgo bajo» (2) a «alto riesgo de insolvencia/riesgo alto (5) en mayo de este 2022. Es que en ese tiempo, el desmanejo y el nivel de estafas y problemas judiciales fue imparable.

Ex jugador, también ex amigo

Fabricio Fuentes fue marcador central de Newell’s y Vélez, entre otros equipos, incluso jugó en México y en España. Tras retirarse, se fue a vivir a Nordelta. Su casa estaba en el lote vecino a la de Diego, Martín vivía cerca. Hicieron amistad, compartieron vacaciones, sus hijos iban juntos al colegio. Fuentes tenía un campo en Córdoba, su provincia natal. «Pato» tenía esa fama de buen inversor. «El campo no me es productivo, quiero invertir en algo con vos», le dijo a Del Río, quien lo convence de comprar un inmueble en CABA y el ex defensor paga US$ 1.300.000 por una vieja imprenta en Varela al 200, en Flores.

Fuentes, con la camiseta del Villarreal de España. También pasó por Newell's y Vélez. Era muy amigo de Del Río, terminó en juicio.

Fuentes, con la camiseta del Villarreal de España. También pasó por Newell’s y Vélez. Era muy amigo de Del Río, terminó en juicio.

Al poco tiempo, mientras se terminaban de hacer los papeles, Fuentes le pide a Del Río que lo asesore para generar alguna ganancia con esa locación. Y allí Martín activa su modus operandi: le ofrece compararle el lugar. «Vos lo pagaste 1.3 millones, yo te lo pago 4 palos verdes pero te lo pago en diez años. Eso sí, con posesión inmediata», le dijo. Fuentes consideró que ese interés en dólares era aceptable, aunque ya no le estaba gustando la cuestión porque había chequeado que en aquel millón trescientos, «Pato» se había quedado con US$ 220.000 de comisión. Arregló la venta. A los pocos días, Del Río ya había alquilado el lugar al Colegio Limerick, bilingüe y de origen irlandés, por 20 años. Con el canon le pagaba la cuota a su ya casi ex amigo y le sobraba.

«Vos ya tenías todo planeado y ahora me estás pagando con la mía», le recriminó el ex jugador. Del Río le pagó siete cuotas y luego dejó de pagarle, o lo hacía en pequeñas cantidades, o en pesos y no en dólares. Van a juicio. Del Río no cede en sus irregularidades y presenta una serie de recibos truchos, en donde los pagos que le hizo en pesos los hace figurar en dólares. El pago mensual del colegio quedó bloqueado por la instancia judicial.

Unos de los investigadores hace hincapié ahí: «Una de las maniobras habituales en los últimos años fue esa, la de truchar los recibos, de modo muy burdo. Tuvo mucha suerte con la justicia, evidentemente».

Una Glock .9mm fue hallada en un departamento que alquilaba el acusado del parricidio. Aún no se sabe con qué arma los mató, pero sí que fue una de ese calibre.

Una Glock .9mm fue hallada en un departamento que alquilaba el acusado del parricidio. Aún no se sabe con qué arma los mató, pero sí que fue una de ese calibre.

En la extensa indagatoria (duró unas ocho horas), el acusado del doble homicidio dijo sobre su conflicto con Fuentes. «Él no entiende que vendió. Y me niega todos los pagos que yo le hice. Hoy le debemos 1.200.000 dólares que hay que empezar a pagar a partir del 2024 por cinco años más y ahí debería escriturar», dijo, como si nada de todo lo demás estuviese pasando.

Al hermano, al suegro y siguen las firmas

Diego, el hermano mayor de Martín, con el que se lleva menos de un año, fue otra de sus víctimas. «Trabajé un año en la familia, pero no me gustó la dinámica», contó en su testimonial. En una oportunidad, Martín le pidió US$ 110.000 y le dijo que se los devolvía en 12 cuotas. Le pagó una sola. Cuando los fiscales que llevan el caso le preguntaron a Diego por Martín, respondió que era un «chamuyero» y que vivía «endeudado». Cuando le mostraron los videos donde su hermano camina de ida y de vuelta a la casa de sus padres en la ventana horaria del doble crimen, dijo que podía reconocerlo en un «90%».

A su suegro, el padre de Cecilia, la madre de sus dos hijos adolescentes, Martín también le pidió plata y nunca se la devolvió. Al escribano de confianza de su padre también lo envolvió en una de sus maniobras. Como estaba cerca del papelerío de la familia, un día le dijo a Martín que quería invertir con él, que veía que hacía muchos negocios. Lo hizo parte de la compra de un galpón, el escribano puso US$ 200.000. Y nunca más. Están en juicio.

En una cochera del barrio de Belgrano, donde Martín Del Río alquilaba un departamento, secuestraron una Ferrari.

En una cochera del barrio de Belgrano, donde Martín Del Río alquilaba un departamento, secuestraron una Ferrari.

Otro que la pasó mal con el más chico de los Del Río fue el empresario Malek Fara, importador oficial de Maserati en Argentina y uno de los accionistas del Gruppo Modena, que hasta hace unos años era el representante oficial de Ferrari en nuestro país. Martín le compra una Ferrari Ferrari 308 GTSi, la misma que manejaba Tom Selleck en «Magnum». Cuando la van a transferir, detectan que tenía una prenda de la dueña anterior. El vendedor le ofrece otra Ferrari, una 456 modelo 2003. «Bueno, dale, pero te la pago en cuotas. Diez de US$ 10.000 y los otros 100.000 al contado al final», le dice Del Río. Fara le da el ok, pero le dice que le va a poner una prenda, pero sin inscribirla, por las dudas.

«Pato» paga una cuota, paga otra y deja de pagar. Fara le inscribe la prenda pero en ese momento Del Río hace negocio con otra persona, le cambia la Ferrari por un Mercedes Benz E400 y dinero en efectivo… Y saltó el escándalo.

Del Río ahora tiene la Ferrari (fue secuestrada en un departamento que alquilaba en el barrio de Belgrano), el Mercedes Benz y la plata que nunca le pagó al del Mercedes. Están todos en juicio. En una martingala estafó a dos.

Doble crimen en Vicente López: así quedó la casa tras los asesinatos de Del Río y su mujer.

Doble crimen en Vicente López: así quedó la casa tras los asesinatos de Del Río y su mujer.

«El padre era bravo pero hacía otro juego. ‘Vos entrá y después vemos’, era su dicho, su lema. Hacía compras hostiles, dejaba de pagar, sí, pero no siempre. Jugaba con esa variable, también con las crisis financieras del país, iba a juicios para pagar en pesos lo que había acordado en dólares. Lo de Martín no era así, activó una modus operandi diferente, entraba como le había dicho su padre pero dejaba de pagar», lo retrata un investigador.

Los fiscales Martín Gómez, Alejandro Musso y Marcela Semería tienen a Del Río como principal y único sospechoso, aún deben determinar con qué arma se cometieron los crímenes (hay dos pistolas .9mm secuestradas) y definir detalles de la imputación. Tienen unas tres semanas más para pedir la preventiva.

Ya no se sorprenden con la información que siguen sumando. Saben que el derrumbe financiero de Martín Del Río se inició con la invalidez de Enrique, un hecho que le hizo creer que podía manejar todo y nunca supo hacerlo de otra manera que no fuera la suya (estafando), y que empezó a terminar justamente con el revivir de su padre y cuando ese médico fue a la casona de Melo, ajustó esa mal regulada válvula de drenaje cerebral y «Quique» revivió.

GL



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