el desolador testimonio de una productora a la que se le quemó todo el campo

el desolador testimonio de una productora a la que se le quemó todo el campo


La quema de campos para el control de montes es una práctica habitual en muchas zonas de La Pampa, y para eso hay una dependencia especial del gobierno provincial que extiende los permisos pertinentes, pero en el departamento de Utracán, en el centro este de la provincia, hacía varios días que esos permisos estaban restringidos por el pronóstico de vientos que regía para la zona.

Desde comienzos de la semana pasada se venían viendo fuegos en la zona de Quehué. Habían sido originados por un productor en la localidad de Naico, y el viento -llegó a los 80 kilómetros por hora- hizo el resto.

“Yo llegué el jueves al campo y ya desde seis kilómetros antes se veía que las llamas estaban cerca, y cuando llegamos nos subimos a la torre del molino y en tres minutos decidimos que no nos podíamos quedar, el fuego estaba en lo del vecino y con el viento que había no necesitábamos mucha explicación sobre lo que iba a pasar. Les abrimos la puerta a las yeguas para que se fueran a los cuadros más alejados del monte, y llegamos a cargar algunos perros. Había que salir, era cuestión de vida o muerte. Cuando volvimos, la destrucción era total”, contó en diálogo con Clarín Rural Graciela Arillo, propietaria del campo.

Su establecimiento, la cabaña San Francisco de Asís, cuenta con 203 hectáreas en las que cría caballos criollos de pedigree, bovinos Angus, perros Border Collie de trabajo y burros. Además hacen apicultura y tienen pasturas de pasto llorón para la producción de semillas, una actividad que se realiza una vez al año y para la cual utilizaban una cosechadora que se quemó por completo.

“Tratamos de hacer rendir la tierra al máximo, somos productores que cuidan mucho del ambiente, hace más de 15 años que hacemos manejo holístico, preservando la tierra y tratando de que sea lo más productiva posible, y esto nos provoca la destrucción del trabajo de 15 años», dijo la productora.

Entre las pérdidas, además del forraje, los alambrados, la cosechadora y otras herramientas de trabajo, se cuentan dos yeguas de pedigree que quedaron totalmente carbonizadas, cien colmenas y las maderas que tenían preparadas para empezar a construir la primera cabaña del campo.

El fuego arrasó con buena parte de las 200 hectáreas del establecimiento.

“Vamos a seguir, hay que ponerle el cuerpo, rehacer todos los alambrados y rehabilitar a los animales afectados. Tenemos once yeguas que terminaron muy quemadas y reciben tratamiento permanente”, detalló Arillo, todavía conmocionada por ver la velocidad con la que la naturaleza puede destruir las ilusiones.



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Actualidad | Diario Digital

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