Es fisicoculturista, un accidente lo dejó en silla de ruedas, se enamoró de su cuidadora y volvió a competir: «Se puede salir»

Es fisicoculturista, un accidente lo dejó en silla de ruedas, se enamoró de su cuidadora y volvió a competir: "Se puede salir"


Leonel Martín Rodríguez Pardini tiene 42 años, es de La Plata y su vida siempre estuvo ligada al deporte. Se está preparando para competir el domingo 25 de septiembre en Excalibur, un torneo regional de fisicoculturismo y fitness.

Su voz suena fuerte y decidida del otro lado del teléfono. La constancia, el trabajo y el deseo de ser siempre el número uno lo llevaron a destacar en todos los deportes en los que incursionó. Pero su historia de vida, y el mensaje que trata de difundir, es quizá mucho más importante que cualquier podio al que un deportista aspire.

“Sin límites. Sin excusas”, son las leyendas que lleva grabado su logo, además de su nombre y un dibujo de él en silla de ruedas mostrando sus músculos en la parte central. El logotipo define su esencia.

En diálogo con Clarín, el fisicoculturista platense cuenta las sensaciones de su “puesta a punto” en la última etapa de su entrenamiento para presentarse al Excalibur, en la categoría wheelchair. Leonel debe gastar más calorías de las que ingiere antes de subirse al escenario y, como no puede utilizar una bicicleta, se preparó una pera de boxeo que le permite realizar ejercicios cardiovasculares.

Leonel realizando la puesta a punto para competir en Excalibur. Foto: Mauricio Nievas.

“Yo desde los cuatro años que hago deporte al extremo. Siempre arañé la puerta del éxito, en varios deportes«, dice. Y rememora sobre sus comienzos: «De muy chico hice destreza física, ahora se llama gimnasia artística. Yo era el único varón que hacía destreza en toda La Plata. Imaginate lo que pasé, lo que me gritaban todos cuando iba a entrenar. A los dos o tres años vino un entrenador que me entrenó dos meses y me llevó a competir. Yo le puse el 120 por ciento de mí, como todo lo que hago. Después de salir campeón provincial decidimos apuntar a los nacionales”.

Un accidente en una competencia lo dejó inconsciente, pero sin secuelas graves. Leonel tenía once años y tuvo que dejar la gimnasia por recomendación médica. Entonces decidió interiorizarse en las artes marciales y comenzó a estudiar Wushu (artes marciales tradicionales de China) en la escuela tradicional Wu Hsing Chuan de La Plata.

“Arranqué y empecé a dar el ciento veinte por ciento y en tres o cuatro años ya sabía todas las formas, los estilos, las armas. Y quedé rankeado tercero en América a nivel combate y formas. Para ese entonces estudiaba el Profesorado de Educación Física y cuando surgió la posibilidad de viajar a China tuve que hablarlo con mi viejo porque era muy difícil a nivel económico. Yo vivía trabajando y estudiando”, reflexiona.

“Yo hice el secundario industrial de doble turno, me recibí de técnico en electromecánica. Hacía toda la mañana, me iba a comer a mi casa y estudiaba toda la tarde también. Después hacía un curso de electromecánica y salía a entrenar a las doce de la noche con métodos tradicionales. Todo eso con quince años”, agrega detallando su rutina con total claridad.

-¿Llegaste a viajar a China para representar al país?

-No. Mirá… Mi maestro le pidió al decano que me autorice a faltar casi un mes a la facultad para representar al país en el mundial. Y de paso aprovechábamos y nos traíamos un montón de conocimiento de nuestra sede central de China. Una oportunidad única. Hasta que un mes antes del viaje organizamos una exhibición y un combate. Cuando arrancamos a pelear el otro instructor arrancó como para matarme. Me sacó de mi eje, hice una doble patada, caí mal y me rompí los dos meniscos y me corté el ligamento. Y en mi lugar viajó a China este muchacho y yo me quedé acá. Por eso te digo que siempre rasguñé la puerta del éxito.

-¿Y qué pasó después?

-Me operé y no me quedó bien la rodilla. Me volví a operar por segunda vez y más o menos quedó bien. Cuando quise volver a entrenar fui a la sede y me trataron como si fuese uno que por primera vez veían. Me sentí tan mal, después de haber dado tanto, que salí de la puerta y me prometí a mi mismo no volver nunca más. Me fui muy enojado. Todavía tengo los trajes chinos guardados.

Abandonó las artes marciales y se dedicó al culturismo. Foto: Mauricio Nievas.

Abandonó las artes marciales y se dedicó al culturismo. Foto: Mauricio Nievas.

-¿Cuándo entró el fisicoculturismo a tu vida?

-Porque tuve que comenzar la rehabilitación después de las dos operaciones. Y ahí entrenando yo chusmeaba las máquinas. Entonces aproveché a entrenar un poco de brazos, después piernas… Y de a poco me empezó a gustar el culturismo. Tendría 24 años más o menos.

-¿Y cuándo comenzaste a competir?

-Un día entrenando conocí a Carlos Castro. Eso fue en el Gimnasio Los Cedros. Al poco tiempo que lo conocí, él puso su propio gimnasio y estuve trabajando con él muchísimos años. Yo me considero un atleta del Castro Team. Él es mi gran mentor. Con él arranqué. En mi primera competencia, en el 2003, yo estaba posando y él ya estaba al lado mío.

-¿Cuál fue tu objetivo?

-Yo siempre quise ser el mejor del mundo. Y hacía todo para eso. Porque tenía el gran apoyo de mi amigo que me decía que tenía un físico privilegiado y buena genética y además una gran conducta.

Leonel Rodriguez Pardini participará del "Excalibur Weekend", un torneo de fisicoculturismo y fitness que se realizará entre el sábado 24 y el domingo 25 en el Espacio Darwin, en Palermo. Foto: Mauricio Nievas.

Leonel Rodriguez Pardini participará del «Excalibur Weekend», un torneo de fisicoculturismo y fitness que se realizará entre el sábado 24 y el domingo 25 en el Espacio Darwin, en Palermo. Foto: Mauricio Nievas.

El accidente que lo marcó para siempre

La vida de Leonel se repartía entre su trabajo y su exigente entrenamiento como fisicoculturista de alta competencia. Su pasión siempre fueron los fierros: los del gimnasio y los de los motores.

“Los sábados yo salía a andar en moto, me gusta la adrenalina”, confiesa ante este cronista. En una de las “escapadas” sucedió un evento que cambió su vida para siempre.

Leonel iba a altísima velocidad arriba de su motocicleta Yamaha YZF-R1 junto a su ex pareja, desde La Plata hasta las cercanías de Chascomús. En una curva tuvo un accidente que le pulverizó la columna y lo dejó sin movilidad en las piernas. Su novia no corrió mayores riesgos. “Después de ese momento, mi vida cambió 180 grados para siempre”, dice.

El platense recuerda los difíciles momentos de internación y recuperación: la cirugía, a cargo del neurocirujano Dr. Humberto Perata, duró nueve horas y la rehabilitación fue de siete largos meses. No se enteró que había perdido la movilidad de sus dos piernas de forma definitiva hasta que ingresó al centro de rehabilitación. El neurocirujano se lo confirmó en un encuentro con cuatro palabras: “Hay muy pocas chances”.

El deporte para volver a nacer

Leonel comenzó un proceso de recuperación física y psicológica muy importante que le tomó su tiempo. Se fue a vivir a la casa de su abuela donde encontró amor y contención. “Un día estaba mirando por la televisión el Olympia y se hacía el primer torneo profesional de fisicoculturismo wheelchair (silla de ruedas)”, recuerda del otro lado del teléfono.

Leonel y su pareja, Cinthia, que lo acompaña en todas sus presentaciones. Foto: Mauricio Nievas.

Leonel y su pareja, Cinthia, que lo acompaña en todas sus presentaciones. Foto: Mauricio Nievas.

“Yo miré a los ocho que competían y eran la mitad de lo que era yo. Y me dije ‘Tengo que estar ahí, qué hago perdiendo el tiempo acá’”, se confiesa. Ese día en la casa de su abuela Leonel sintió algo dentro suyo que lo motivó a salir adelante siguiendo su pasión. Aquel programa de televisión fue el detonante para volver a hacer lo que amaba pese a los problemas que la vida le presentó en su momento.

-¿Cómo fue tu comienzo en el fisicoculturismo sobre silla de ruedas?

-Hablé con mi preparador Carlos Castro y le dije que quería volver y que toda mi jubilación iba a ir a parar a la dieta y a la suplementación que necesite para entrenar. Después me comuniqué con la federación para que sepan que me iba a presentar a todos los torneos que habían. Y a partir de ahí no paré más. La primera competencia que hice fue acá en La Plata, organizada por Osmar Portilla, en 2019. Después fui campeón bonaerense. Luego por un problema de salud estuve parado por un tiempo y no pude competir.

-¿Quién te acompaña en esta travesía?

-Mi familia. Sobre todo mi mujer, Cinthia Soledad Cardelini, que me acompaña en los torneos y en el día a día. Me saca fotos, me filma, me prepara las comidas. Estoy perdidamente enamorado. Yo antes era narcisista, egocéntrico, perfeccionista, metrosexual. Todo eso. Y tuve muchas mujeres y novias. Pero desde que la conocí a ella todo cambió. Después del accidente y de una relación tóxica pensé en quedarme solo para siempre. Pero luego apareció una cuidadora que me higienizaba, estaba conmigo, me acompañaba. Me empecé a llevar tan bien con ella que un día me di cuenta que me pasaban cosas. Le dije ‘vamos a probar’. Y nos fue muy bien. Ahora soy padre de cuatro chicos, uno de sangre y tres del corazón.

-¿Cuál es tu próximo objetivo?

-Primero apunto a lo que tengo adelante: el Excalibur, que va a ser el fin de semana que viene. Yo compito el domingo 25 de septiembre. Es un torneo regional. Yo me enfoqué en este certamen porque es un torneo que nunca competí. Y siempre me llamó mucho la atención la espada que dan como premio. Soy fanático de la cultura vikinga, por eso. Me lo propuse y me puse a trabajar para llegar. 

-¿Qué le dirías a quienes que están en tu misma situación?

-Yo lo que más quiero cuando sale una nota es que haya un mensaje. Porque hace tiempo que me voy de vacaciones a La Costa, viajo, voy de acá para allá… Y en estos seis años no me crucé una sola persona de mi edad saludable en silla de ruedas. Entonces, ¿dónde están? Están todos en la cama, depresivos. Y yo quiero que esta nota sea un envión anímico para toda esa gente y decirle ‘Dale, ¿qué hacés ahí? ¡Movete!’. Se puede hacer básquet, fútbol, pádel, remo, ping pong. Hay un montón de cosas… En Argentina tenemos un campeón de tenis adaptado (Gustavo Fernández) y una campeona de remo adaptado (Brenda Sardón). El objetivo mío es que llegue por lo menos a una persona. No pretendo cambiar el mundo. Con que uno lea esto y diga ‘Mirá este chabón, pasó las mil y unas. Casi se muere. Y así y todo se levanta a las seis de la mañana para llevar a los chicos al colegio y sigue adelante’. Que quede claro. Hay vida, hay felicidad, después de una lesión medular. No pasa nada. Se puede seguir adelante. Y acá está la prueba. Mi logo es muy claro, dice bien grande ‘Sin límites. Sin excusas’.



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Actualidad | Diario Digital

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