«Estamos unidas como si hubiera sido así toda nuestra vida»

"Estamos unidas como si hubiera sido así toda nuestra vida"


Las protagonistas de esta historia son dos mujeres, separadas por cientos de kilómetros y con poca diferencia de edad. Dos mujeres que vivieron durante más de 40 años con dudas sobre sus orígenes. Dos mujeres que después de mucho tiempo supieron que son hermanas.

Una de las protagonistas es Carina Rosavik, que tiene 45 años, cuatro hijos y vive en Córdoba. Nacida en 1976, a sus 23 años tuvo la confirmación de que era adoptada, algo que sospechaba desde siempre. En ese momento inició el camino para conocer su verdadero origen.

La otra es Carolina Sangiorgi, que vive en Mar del Plata. En su caso, ella supo desde temprano que creció junto a una pareja que no eran sus padres biológicos. Un matrimonio de la localidad bonaerense de San Cayetano que la adoptó siguiendo los procedimientos legales previstos.

Sin saber una de la otra, y con el firme afán de conocer quiénes habían sido sus padres biológicos, Carina y Carolina se sometieron a análisis de ADN a través de Abuelas de Plaza de Mayo. El banco de datos de la organización arrojó un primer resultado desalentador: la identidad de sus padres no estaba allí.

La buena noticia llegó gracias al convenio que desde 2017 existe entre Abuelas de Plaza de Mayo y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), que permite el cruzamiento de datos entre los bancos genéticos de ambas entidades.

La primera en enterarse fue Carolina, que recibió la noticia con total sorpresa. «Me dijeron que tenían noticias sobre mi legajo y me informan que había una hermandad del 100%. O sea, que tenía una hermana por parte de madre y de padre. ¡Ahí me quería morir, porque no entendía nada, no lo podía creer!», le contó al portal cba24n.

«Cuando la vi era como mirarme en un espejo, porque me vi re parecida en todo, fue increíble. Nos abrazábamos y no dejábamos de hacerlo», contó la marplatense, y agregó que ya están haciendo planes para que Carina viaje a «La Feliz» para pasar más días juntas.

Para Carina la sorpresa también fue mayúscula. En su camino por conocer su identidad y la de sus padres, se acercó hace años a la ONG Nosotros, que se dedica al tema, y conoció de hallazgos como el que ahora protagoniza ella, pero nunca pensó que iba a vivirlo con tanta emoción.

«Con mi hermana aún no entendemos nada. Estamos que no caemos y ya estamos planeando vernos el próximo finde largo. ¡Planeamos los cumples que nos quedan hasta Navidad! Pero ninguna hizo una catarsis para ver qué sentimos con todo esto», relata Carina en diálogo con Clarín.


Carina Rosavik y Carolina Sangiorgi, las dos hermanas que se encontraron tras 44 años gracias a los análisis que se hicieron en Abuelas de Plaza de Mayo y el Conadi. Foto gentileza Carina Rosavik.

Para la mayor de las hermanas todo ocurrió «muy rápido. Lo buenísimo es que desde el minuto cero nosotras estamos unidas como si así hubiera sido toda nuestra vida”.

«Es realmente un milagro porque yo en realidad siempre busqué, desde que me enteré que había sido adoptada empecé a buscar (…) pero esto fue un milagro, fue realmente maravilloso», agrega, emocionada como cada vez que habla sobre el asunto.

Después de las primeras búsquedas en Internet para calmar la ansiedad, de las videollamadas de rigor para contarse la emoción de saberse hermanas, finalmente Carina viajó juntó a su familia a Córdoba para el primer encuentro.

El encuentro después de tantos años llegó para, de alguna manera, cubrir un vacío que quizás ambas presentían pero no terminaban de dimensionar, ante la ignorancia de saber que a cientos de kilómetros existía alguien que era familia.

Y abre un nuevo interrogante: ¿quiénes son los padres de Carina y Carolina? Pero por lo menos para la cordobesa, eso es parte del pasado y su mirada está puesta en el futuro.

«No pensamos en el atrás. Menos ella, que gracias a Dios vivió siempre en la verdad. Sus papás no le mintieron como a mí», dice la mujer, y señala que no tienen datos como para empezar con esa búsqueda. «Lo único que nos queda es la difusión, si alguien nos ve y sabe de nuestra historia y sabe qué puede haber pasado con ellos».

Algo que Carina rescata como una de las aristas más gratas de todo esto es el haber podido contar el hallazgo a otras personas que, como ella, transitan el camino de la búsqueda de sus orígenes. Felicidad y esperanza compartidas.

«Fue bellísimo contarle a mis amigos y conocidos que saben de mi historia. En Córdoba tenemos un grupo que se llama ‘Nosotros’ y todos los que me conocen saben lo que es buscar sin datos. Así que realmente fue un milagro con tinte de ciencia que llegó a mi vida y a la de muchos que estaban como yo esperando a que alguien aparezca», cuenta.

"Yo en realidad siempre busqué, desde que me enteré que había sido adoptada empecé a buscar", cuenta Carina. Foto gentileza Carina Rosavik.
«Yo en realidad siempre busqué, desde que me enteré que había sido adoptada empecé a buscar», cuenta Carina. Foto gentileza Carina Rosavik.

Y como si hiciera falta, porque está claro en todas sus palabras, agrega que el descubrimiento de que tenía una hermana «llenó de felicidad a toda mi familia, y a todos los que me llenaron y llenan de mensajes a diario. Fue realmente fantástico».

Para el final, Carina alienta a todos aquellos que tengan dudas sobre sus orígenes o sobre su identidad que insistan en el camino de la búsqueda.

«Primero que nada, si tienen dudas, no se sientan mal por preguntar a todo su entorno. Por más que haya evasivas, o no les respondan, que insistan porque la identidad es el derecho de todas las personas«, dice la mujer desde Córdoba.

«Busquen ayuda en los diferentes grupos que hay en el país, no transiten solos la búsqueda porque es muy doloroso para algunos y acompañados es más fácil. Vayan a Derechos Humanos de la Nación, a Abuelas de Plaza de Mayo, al Conadi. Dejen su historia y nunca bajen los brazos que realmente se puede».

«Y que las mamás que tuvieron algún hijo y lo tuvieron que dar, por el motivo que fuera, que sepan que somos muchísimos realmente los que las buscan con mucho amor, respeto, y que sólo queremos completar nuestra historia y otros simplemente llegar a su verdad, que es tan necesaria para la vida”, concluye, casi queriendo compartir esa felicidad que todavía tiene por haber descubierto que, apenas a cientos de kilómetros, había una hermana que la estaba esperando.

DD



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