La reina Isabel II ya descansa para la eternidad en el castillo de Windsor

La reina Isabel II ya descansa para la eternidad en el castillo de Windsor


El reina Isabel descansa para la eternidad en Windsor. Marcialidad militar, 75 pasos cada minuto, el cortejo fúnebre de soberana salió de la Abadía de Westminster y continuó en las calles de Londres.

La procesión con la Familia Real detrás del ataúd para su ultimo viaje, en un día de sol en Londres. Los militares de todos los regimientos y el Commonwealth la acompañaban. La multitud gritaba “God save the Queen” y “God save the King”. El símbolo de la continuidad de la Casa de Windsor en todo su esplendor luego que el país reflexionara tras dos minutos de silencio.

Se dirigieron hacia Wellington Arch, donde el ataúd fue recogido por un coche fúnebre, para iniciar la larga ruta al palacio de Windsor.


Soldados trasladan el ataúd de la reina a Windsor. Foto: AP

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Aplausos, lágrimas y «God save the queen» 

En The Mall, esa larga avenida que une Trafalgar Square con el palacio de Buckingham, que la reina la atravesaba en carruajes con los jefes de estado invitados, miles de personas en completo silencio habían esperado horas y dormido para ver la procesión.

Aplausos y lágrimas cuando pasaba el ataúd en The Mall. El personal del palacio de Buckingham salió a rendirle honores.

La coreografía era impresionante, perfecta, marcial. Solo los británicos pueden organizar esta pompa y circunstancia en pleno siglo XXI.

Los 146 Royal Marines acarrean la coruña a mano. Foto: Reuters
Los 146 Royal Marines acarrean la coruña a mano. Foto: Reuters

Los 146 Royal Marines acarreaban la coruña a mano porque en el funeral de la reina Victoria, los caballos se asustaron ante la gente y casi hacen caer el ataúd. La Marina consiguió contenerlos y desde entonces, esta es su misión, a pie, y con sogas, como en un barco.

Hay un silencio respetuoso, pero no la pasión que se vivió en el funeral de Diana, donde la gente salió a la calle con devoción y bronca. Hoy hubo aplausos, enorme respeto, agradecimiento y “God save the queen”. El reconocimiento a 70 años de servicio, de misterio y de respeto a la única reina, que tres generaciones de británicos conocieron.

En la procesión, los miembros de la Familia Real vestían todos uniforme militar menos el príncipe Harry y el príncipe Andrew, dos veteranos de guerra, pero que no pueden usarlo bajo la nueva categoría de miembros no trabajadores de la Familia real. Las mujeres Royal iban en auto.

Pero a ellas se sumó una delegación del servicio de salud británico (NHS). Entre ellas estaba especialmente May Parsons, que aplicó la vacuna anti COVID a Maggie Kennan, en el lanzamiento del plan en plena epidemia. Son una de las siete organizaciones que estuvieron en la procesión de la ceremonia.

Un itinerario simbólico

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El itinerario marcó los lugares simbólicos para la reina: Parliament Square, Parliament St, House Gards Arch , la arena donde se celebra Trooping the colours, The Mall, Queen Gardens, Constitution Hill y Apsley Away.

La procesión pasó por el palacio de Buckingham Palace, donde vivió hasta el 2022, cuando comenzaron los grandes trabajos de modernización, que continúan.

En el Wellington Arch, las tropas del Commonwealth le rindieron homenaje.

La gente aguarda para ver pasar a la reina por última vez. Foto: AP
La gente aguarda para ver pasar a la reina por última vez. Foto: AP

El ataúd fue montado en el coche fúnebre transparente que lo llevó a Windsor. Un ultimo saludo real a Elizabeth Regina. Emotivo y solemne. La Familia Real la saludó militarmente, excepto Harry, que no lo tenía permitido.

Una vez más, la princesa Anne la acompañó, junto a su marido Sir Tim Laurence, hasta su castillo. Las campanas de la abadía de Westminster comenzaron a tocar mientras la multitud cantaba «God save the Queen”.

En Hyde Park la gente se apilaba y aplaudía. Miles de personas despedían a la soberana. Le tiraban flores y filmaban el cortejo con sus celulares, encabezado por cuatro motos de la policía.

Los hijos de la reina marchan detrás del coche fúnebre. Foto: AP
Los hijos de la reina marchan detrás del coche fúnebre. Foto: AP

En el regimiento de Hyde Park, los soldados desplegados le rendían homenaje. Allí era donde se habían decidido reunir mayoritariamente los británicos para rendir este final tributo, a lo largo del parque .

Adiós

A lo largo de la ruta A4, que circunvala el oeste de Londres, la carroza fúnebre marchaba despacio. Miles de personas la despedían. En el aeropuerto de Heathrow, los aviones no podían aterrizar ni despegar. Silencio para homenajear a la soberana.

Lord Norfolk, que estuvo a cargo de la organización del entierro y lo ensayó durante 30 años, debió mover el recorrido para que lo viera más gente. La A4 estaba sólida de gente.

Este entierro no tiene antecedentes y es un drama logístico. Con 500 dignatarios extranjeros, 2 millones de personas en la calle y una Familia Real en procesión descubierta, el país jamás ha conocido tal desafío de seguridad desde la segunda guerra mundial.

Hijos y nietos de la reina. Foto: AP
Hijos y nietos de la reina. Foto: AP

El convoy llegó a las 3.06 de la tarde, hora británica, a Shaw Farm Gate en Windsor, donde la procesión se rearmó. La reina en casa, con su coche fúnebre cubierto de flores lanzados por sus vecinos, en ese parque donde tanto cabalgó y caminó. La honraban y acompañaban sus soldados, sus guardias, su música. La despedían sus vecinos. El pabellón del nuevo rey sobre el palacio.

Un funeral que no se repetirá

El funeral en su máximo esplendor y emoción. La reina volvía a casa, en su último viaje. Avanzó por la Long Walk hacia el castillo de Windsor, esa larga avenida donde en días más felices, los novios de la realeza saludaban a su pueblo. Era un mar de gente. Un impresionante paisaje con el castillo al fondo.

La seguridad era estricta pero la gente quedó muy cercana al coche fúnebre. Los Green Beret de las fuerzas especiales británicas saludaban a su jefa. Al lado, los Royal Marines. La Fuerza Aérea.

El castillo de Windsor, de fondo. Foto: AP
El castillo de Windsor, de fondo. Foto: AP

Más de 100.000 personas aplaudían su paso, custodiados por los Royals Guards y las marchas fúnebres militares. Repleta, la Long Walk no podía recibir una persona más. Las gaitas escocesas tocaban Speed body Boat. La gente filmaba este escena inolvidable, probablemente irrepetible, y aplaudía.

Emma, su yegua favorita, la esperaba con su groom, que cabalgaba acompañando a la reina cada día, en la entrada del parque. Miles de ramos de flores cubrían la Long Walk hasta el palacio. Dos corgies, sus perritos, movían la cola al ver llegar a su ama, escuchar los caballos.

La procesión fúnebre entró al palacio y allí los esperaban los gobernadores generales y primeros ministros del Commonwealth en la capilla de St George. Era el homenaje de la reina a la institución que más quería,. Su herencia.

Emma, la yegua favorita de la reina, junto a su cuidador. Foto: AP
Emma, la yegua favorita de la reina, junto a su cuidador. Foto: AP

La mayor parte de la familia real no caminó detrás del ataúd y se instaló en la nave. Pero el rey, el príncipe Wiliam en uniforme, los príncipes Andrew y Harry en jacquet los esperaban y se unieron a la procesión a pie , en el cuadrángulo del palacio.

La procesión se detuvo en la escaleras de la capilla de St George. El ataúd descendió del coche fúnebre y se instaló en un catafalco. El saludo final de sus militares antes de su descanso eterno.

Los dos entierros

Comenzó el entierro oficial de la soberana, pero como en su cumpleaños, hubo dos. Uno para la televisión y otra para su familia intima, que recién se inició a las siete y media de la tarde.

Allí estaban George y Charlotte, sus bisnietos, despidiéndola al lado de Harry, el duque de Sussex, y su madre, Kate, la princesa de Gales. El conde Spencer, hermano de la princesa Diana, estaba en la capilla de St George.

El personal de Windsor espera la llegada del cortejo. Foto: AP
El personal de Windsor espera la llegada del cortejo. Foto: AP

Lentamente sacaron la corona del imperio, el ober, el bastón de mando del ataúd de la soberana. Lo entregaron al Deán, que lo colocó en el altar de Dios. Solo quedó la corona de flores.

El servicio televisado estuvo a cargo del Deán de Windsor. Luego por el rector de Sandringham, su otro palacio.

El final del reino se marcó cuando Lord Chamberlain rompió su bastón de mando sobre el trono. Otra era comenzaba.

La corona imperial es removida del cajón. Foto: AP
La corona imperial es removida del cajón. Foto: AP

El ataúd de Isabel II comenzó a bajar lentamente hacia la bóveda, en un ascensor eléctrico. Una gaita la acompañó con su lamento. Allí se encontró con Felipe, su marido, el duque de Edimburgo, que murió el año pasado.

El final del reino se marcó cuando Lord Chamberlain rompió su bastón de mando sobre el trono. Otra era comenzaba. El rey ahora es Carlos III. ”God save the King” cantaba la congregación frente a un soberano emocionado, que no podía disimular sus lágrimas.

Pero cuando todos se fueron, la Familia Real realizó a solas, en la más completa intimidad, su verdadero entierro.

Lord Chamberlain rompe su bastón de mando sobre el trono. Foto: AP
Lord Chamberlain rompe su bastón de mando sobre el trono. Foto: AP

El ascensor volvería a subir de la bóveda real, trayendo el ataúd de plomo de la reina y del príncipe Felipe a la capilla de George VI.

Durante este servicio privado, los ataúdes luego descienden a la cripta, uno arriba de otro, para que la reina Isabel se encuentre nuevamente con sus padres, el rey George VI y Elizabeth, la reina madre y las cenizas de su hermana, la princesa Margarita.

Elizabeth Regina descansará en paz. Para siempre.

París, corresponsal

ap​

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