La trilogía del duelo entre Canelo Álvarez y Golovkin llega con cuatro títulos en juego y con la promesa de saldar las polémicas

La trilogía del duelo entre Canelo Álvarez y Golovkin llega con cuatro títulos en juego y con la promesa de saldar las polémicas


Emplazada en el corazón del Desierto de Mojave, Las Vegas es la segunda ciudad más seca de Estados Unidos, con un promedio de precipitaciones de 106 milímetros anuales (solo llueve menos en Yuma), por lo que la analogía del agua que corrió bajo el puente no resulta apropiada. Sin embargo, mucho ha sucedido desde la última vez que se vieron sobre un ring Saúl Álvarez y Gennadiy Golovkin, quienes este sábado se encontrarán por tercera vez en la Ciudad del Pecado para cerrar la historia de un enfrentamiento que ya trascendió las fronteras del ensogado. Esta vez, en la pelea, que comenzará pasada la medianoche (ESPN transmitirá desde las 21), se pondrán en juego los cuatro cinturones de la división supermediano, que pertenecen a Canelo.

Mil ochocientos veintisiete días transcurrieron desde la primera contienda, el 16 de septiembre de 2017 en el T-Mobile Arena, que se saldó con un empate, pese a que la mayoría de los especialistas había visto ganar al kazajo, por entonces amo y señor de los medianos. Y 1463 días pasaron desde la revancha, el 15 de septiembre de 2018 en el mismo recinto, en la que una decisión mayoritaria y también muy discutida le dio al mexicano la victoria y los cinturones de las 160 libras de la Asociación Mundial de Boxeo y el Consejo Mundial de Boxeo, y puso fin al invicto de 12 años y 39 combates de GGG. Desde entonces, sus caminos se separaron, pero nunca terminaron de alejarse, como las calzadas de una autopista.

Convencido de la injusticia de los fallos en ambas peleas, Golovkin tragó bilis y se rehizo: volvió a conseguir una faja en octubre de 2019, derrotando al ucraniano Sergiy Derevyanchenko en Nueva York, y en abril de este año, un día después de cumplir 40 años, sumó la de la AMB, noqueando en el noveno episodio al nipón Ryota Murata en Saitama. Ahora tendrá la chance de vengar la única mancha en un currículum que, salvo por el empate y la derrota ante Canelo, es perfecto: ganó sus otros 42 pleitos profesionales (37 antes del límite), entre ellos 23 por coronas mundiales.

Canelo Álvarez derrotó a Gennadiy Golovkin en septiembre de 2018 y le quitó el invicto. (Foto: Ethan Miller / Getty Images / AFP)

Tras su triunfo ante el kazajo, Álvarez, consolidado ya como la figura más taquillera del mundillo del pugilismo, se lanzó a la caza de nuevos desafíos en categorías superiores. Consiguió un título mediopesado, el de la Organización Mundial de Boxeo, frente al veterano y desgastado ruso Sergey Kovalev, y luego bajó y barrió la división supermediano, de la que aún es campeón indiscutido. Pero cuando intentó trepar nuevamente a las 175 libras, en mayo de este año, recibió una lección del ruso Dmitry Bivol. Fue el segundo revés de su carrera (en la que registra 57 triunfos y 2 empates) y el primero desde que Floyd Mayweather lo batiera en septiembre de 2013. Con esa derrota a cuesta volverá a encontrarse con su némesis.

Canelo y GGG no se quieren. La hostilidad entre ellos fue macerando en este último lustro, con picos particularmente agrios. Ya nada queda del vínculo cordial que estos dos hombres construyeron en 2011, cuando estaban haciendo sus primeros palotes en Estados Unidos y fueron compañeros de entrenamiento durante un mes en un gimnasio de Big Bear Lake (California).

Canelo Álvarez y Gennadiy Golovkin fueron compañeros de entrenamiento durante un mes en 2011.

Canelo Álvarez y Gennadiy Golovkin fueron compañeros de entrenamiento durante un mes en 2011.

El kazajo fue especialmente crítico cuando su adversario, en marzo de 2018, dio positivo en dos controles antidoping por consumo de clembuterol (un fármaco que tiene efectos anabolizantes y permite reducir el contenido graso y aumentar la masa muscular), algo que el mexicano atribuyó al consumo de carne de res contaminada, pero que le valió una suspensión de seis meses y obligó a postergar la revancha entre ambos. “Los expertos determinaron que había sido doping y no carne contaminada. Él tenía marcas de inyecciones en las manos y en los brazos”, lo acusó.

Álvarez, habitualmente moderado en sus expresiones, nunca digirió esos cuestionamientos y alimentó la tirria. Hace menos de tres meses, calificó a su rival de “imbécil” y “doble cara”, y aseguró que el duelo entre ambos se había convertido en “algo personal”. “Esto es solo deporte”, replicó Golovkin, quien desde entonces reforzó el rol de moderado. Esta semana lamentó que la batalla verbal hubiese escalado tanto (“si no podés hablar de boxeo con tu rival y conversar con él sin insultar o usar groserías, no vale la pena comunicarse”, dijo), pero aseguró que el mexicano “no existe como persona”.

Este jueves, en la última conferencia de prensa, la animadversión quedó a un lado y reinaron la calma y el respeto. “Sé que tendré enfrente a un gran rival, un rival muy fuerte y muy inteligente. Será difícil, pero vine a lograr lo complicado”, afirmó el campeón. “Me siento cómodo, fuerte y listo. Creo en mí, en mi equipo, en la gente que me apoya y en mi familia. Somos atletas profesionales y el ring nos enseñará quien es el mejor”, se ilusionó el retador.

Agotado el tiempo de las palabras, llegará el momento de la acción en un fin de semana siempre especial para los mexicanos, puesto que el 16 de septiembre se celebra el aniversario del inicio del proceso de independencia del país, con el llamado Grito de Dolores de Miguel Hidalgo en 1810.

Hasta entonces, pervivirán las dudas sobre el impacto que tuvo (o no) en Álvarez la derrota ante Bivol, después de la cual reverdecieron las críticas (que durante años habían quedado solapadas) por la construcción de su carrera: se lo cuestiona por haber enfrentado a rivales que estaban en el segmento decreciente de sus carreras -su compatriota Julio César Chávez Jr. o el ruso Sergey Kovalev-, que daban ventaja de peso -el británico Amir Khan o el puertorriqueño Miguel Cotto- o que simplemente no estaban al nivel de semejante desafío -el inglés Rocky Fielding o el turco Avni Yildirim-.

Más allá de las objeciones por compromisos remotos, el mayor problema para el pelirrojo nacido hace 32 años en San Agustín, en las afueras de Guadalajara, es la imagen que dejó ante Bivol: fue claramente superado por un boxeador más alto, con mayor alcance y poder, y sumamente veloz, ante el que no pudo acortar distancia y conectar sus golpes de poder. Ahora volverá a las 168 libras, la categoría que parece cuadrarle mejor, pese a que tiene el cuerpo de un superwélter.

Canelo Álvarez expondrá este sábado sus cuatro títulos de la división supermediano. (Foto: John Locher / AP)

Canelo Álvarez expondrá este sábado sus cuatro títulos de la división supermediano. (Foto: John Locher / AP)

Hasta el primer campanazo en el T-Mobile, sobre Golovkin también sobrevolará una gran intriga: cómo se adaptará a una división que le es ajena y en la que combatirá por primera vez por una corona mundial, tras haber reinado entre los medianos durante los últimos 12 años, salvo por el intervalo de 13 meses entre su derrota ante Álvarez y su triunfo ante el ucraniano Derevyanchenko. Y también habrá que ver cómo responde su cuerpo de cuatro décadas ante un adversario ocho años menor.

A priori, las chances del púgil nacido en Karagandá, que parte como punto, pasarán por sostener una presión asfixiante en los primeros asaltos y apostar por una definición categórica. Una contienda de largo aliento favorecería a Canelo. Y si la definición se traslada a las tarjetas, la suerte parece echada. Al menos eso sospecha Golovkin, quien la semana pasada comparó a los jueces de las primeras dos peleas ante el mexicano con pañuelos descartables y aseguró que habían sido utilizados en virtud de los intereses del negocio del boxeo.

A los 40 años, Gennadiy Golovkin buscará su primer título en la división supermediano. (Foto: Twitter @GGGBoxing)

A los 40 años, Gennadiy Golovkin buscará su primer título en la división supermediano. (Foto: Twitter @GGGBoxing)

Algo de razón asiste su razonamiento. Álvarez es, desde hace tiempo, una máquina de generar dinero. En mayo apareció en el octavo puesto del ranking de deportistas mejor pagados del planeta que elaboró la revista Forbes y que encabezó Lionel Messi, con ingresos por 130 millones de dólares. En el último año, el pelirrojo obtuvo ganancias por 90 millones de dólares, con una salvedad: facturó 40 millones más por su pelea ante Bivol, pero esa contienda se realizó apenas seis días días después de que se cerrara el período relevado. Si se hubiera incluido, el multicampeón habría compartido el primer puesto con el capitán del seleccionado argentino de fútbol.

Una victoria convincente del tapatío sería lo óptimo para la industria del boxeo, que ya está fraguando una revancha con Dmitry Bivol. Para ello, el ruso deberá batir al mexicano Gilberto Ramírez el 5 de noviembre en Abu Dabi, en la 12ª defensa de su título mediopesado de la AMB. Y, por supuesto, Álvarez deberá cerrar con éxito la trilogía con Golovkin.



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Actualidad | Diario Digital

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