la vendedora de la calle que se ganó un millón de pesos

la vendedora de la calle que se ganó un millón de pesos


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Vende cartones de un juego de la lotería provincial, en una esquina de Sarmiento, en Chubut. Le quedó uno y no lo devolvió. Y fue el ganador.

Todos los días, durante 8 horas, la esquina de España y Uruguay la puede ver ofrecer cartones de Telebingo, un juego local de la Lotería de Chubut. Albertina está siempre. Nunca falla. Algunas veces, la acompaña su hijo Leonardo, después de estar horas en una panadería de la ciudad de Sarmiento, en el sur de la provincia. Albertina compra un cartón cuando puede. Según como vaya la venta.

Pero el domingo 11 tuvo un presentimiento. “Siempre soñé con que alguna vez me tocaría un premio importante. Lo soné de verdad. Una vez gané 2.000 pesos, hace algunos años, en esos premios que se dan por tener cero aciertos”, le cuenta a Clarín. La mujer tal vez nunca imaginó que años después su nombre recorrería el país porque ese sueño que siempre tuvo se había hecho realidad.

Ese domingo, el último billete que le quedaba tenía el número 21.356. Las dos últimas cifras coincidían con el año de su nacimiento. Cuando fue a la agencia de Ramón Alvarado a rendir cuentas, no le devolvió el último cartón. Se lo quedó para ella. Y acertó.

El sorteo del mismo domingo le fue cantando todos los números y Albertina Colinecul, la vendedora de la esquina de España y Uruguay, justo enfrente de un banco, ganó un millón de pesos. “No es para volverse millonaria, pero ayuda. Vamos a agrandar la casita para vivir más cómodos. Y nos daremos algunos gustitos”, dice.

La historia de vida de Albertina no es demasiado grata, aunque ahora puede sonreír un poco. Cobra la pensión de su primer marido, unos 18 mil pesos. Ahora vive con Francisco, padre de Leonardo, de 23 años, que también habita en la casa del barrio Progreso de Sarmiento.


Albertina Colinecul junto a Francisco y su hijo Leonardo.

Pero además tiene otros cuatro hijos: Fabián, Matías, Martín y Tony. Y hay dos que ya no están: María del Carmen murió en un accidente en la transitada ruta 26. Era trasladada desde Sarmiento a Comodoro Rivadavia en una ambulancia para seguir con un tratamiento. Chocaron y María del Carmen fue una de las dos víctimas fatales. También perdió a Evaristo de manera trágica. No pudo con su adicción al alcohol y un día se largó a caminar a campo traviesa y se perdió. A los dos días lo encontraron muerto.

“Fueron golpes fuertes, pero hay que seguir”, dice Albertina. Hasta no hace mucho, su esposo Francisco estaba desocupado. Con él, salía a limpiar patios y jardines en las casas de Sarmiento para poder sobrevivir. “Arrancábamos yuyos y la gente nos pagaba”, relata la mujer.

Apenas se mudaron al barrio Progreso, a Leonardo una “patota” le dio una paliza. “Casi no la cuento, estuve internado y pude zafar”, le dice el joven a este diario.

Las cosas cambiaron un poco en los últimos tiempos. Leonardo consiguió trabajo en una panadería y Francisco es portero de una escuela. 

A pesar de todas las angustias, Albertina nunca bajó los brazos. Siempre quiso traer un peso más a la casa para vivir con mayor dignidad. “No llevo bien la cuenta, pero debe hacer 10 años que vendo cartones. Y no me para nada. Ni la lluvia, el frío, la nieve o el calor. La gente ya me conoce y me compra. Vendo hasta 30 cartones por día. Bueno, la última vez vendí 29 y me quedé con uno, por fortuna”, dice y sonríe.

Albertina repite: “Me quedé con ese cartón porque le miré el número y terminaba en 56. Es mi año de nacimiento y pensé que podía darme suerte. Cuando fui a la agencia después del sorteo a buscar cartones para volver a vender, me fijé en la pizarra y había dos ganadores. Uno era el mío. No podía creerlo aunque como les dije, siempre soñé que alguna vez me iba a tocar un premio importante. Y esta vez se dio”.

Albertina Colinecul y su hijo Leonardo en una foto de 2015. Ni la nieve del riguroso invierno patagónico la detiene.
Albertina Colinecul y su hijo Leonardo en una foto de 2015. Ni la nieve del riguroso invierno patagónico la detiene.

La rutina de una mujer luchadora

Todos los días, Albertina llega a la esquina donde se encuentra la sucursal de un banco alrededor de las 8, una hora donde la gente transita mucho porque se dirige a su trabajo. Hace un breve paréntesis al mediodía y después continúa por la tarde hasta las 20. “Hay que estar para poder ganar algún peso extra, esa es la única receta”, asegura la mujer.

Su hijo Leonardo no se queda atrás. En las horas libres que tiene después de salir de la panadería, se para en la esquina junto a su madre para ayudarla a vender cartones. “Yo también la pasé mal. Estuve sin trabajo. Vivía de algunas changas. Repartía revistas de un negocio de venta de electrodomésticos, descargaba camiones. El tema era ayudar”, afirma.

Albertina Colinecul detrás de su hijo Leonardo, vendiendo cartones en una esquina de la ciudad de Sarmiento, en Chubut.
Albertina Colinecul detrás de su hijo Leonardo, vendiendo cartones en una esquina de la ciudad de Sarmiento, en Chubut.

“Todo el mundo me conoce en Sarmiento -cuenta Albertina-. Soy nacida y criada acá, igual que todos mis hijos. Por eso, me dio mucha felicidad cuando toda la gente se alegró y me mandaba mensajes. Enseguida se enteraron de que había ganado, porque acá nos conocemos todos. Esta vez me tocó a mí. Y espero que se repita aunque con un premio mayor”, dice la mujer desde su casa de Sarmiento, a pocos minutos de regresar de la esquina que usa de “oficina”.

Puede pasar que vuelva a ganar. Porque Albertina seguirá soñando con que la suerte vuelve a estar de su lado. Esta vez, un millón de pesos servirán para vivir en una casa más amplia y acomodar la economía. Después de casi una década parada en una esquina, merecía un premio que le haga más digna la vida

“No es mucho por estos tiempos, pero nos va a ayudar”, expresa la mujer. Albertina volvió a la esquina de siempre como si nada hubiera pasado. Le regalan sonrisas, saludos y felicitaciones. Todos en Sarmiento saben que ganó. Que después de tanto pelearla, de tantos hechos angustiosos un día la vida la hizo sonreír.

Chubut. Corresponsal. 

NS

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