«Ser heredero de Sontag es un privilegio y una carga»

"Ser heredero de Sontag es un privilegio y una carga"


«Cuando los escritores mueren se convierten en libros, lo que, al fin y al cabo, no es una encarnación tan mala», pensó Jorge Luis Borges. El escritor argentino compartía con su admirada Susan Sontag (EEUU, 1933-2004) la secreta ilusión de que la obra pudiera salvarlo del olvido. Aspiraban ambos a la vida eterna por vías que desconoce la teología, lo que parece explicar el denodado -por momentos desesperado- esfuerzo que hicieron para ser recordados y leídos por las generaciones que los sobrevendrían.

Aunque David Rieff (Boston, 1952), único hijo de Sontag, plantea un matiz entre ambos en el prólogo de Obra imprescindible (Random House), que presenta por estos días en Buenos Aires: mientras esa preocupación se presentaba en el caso de Borges matizada por un carácter conciliador, la pensadora estadounidense se mostraba “electrizada por el terror a la extinción”.

-Mi madre tenía un temor muy profundo por la muerte, una suerte de obsesión ante la mera idea de la propia desaparición física y la esperanza de cualquier artista que supone que su arte perdurá por cierto tiempo, aunque yo sea más pesimista -explica él en el marco de la entrevista que concede a Clarín acompañando la aparición del libro-. O quizás debería decir que mi madre era mucho más optimista que yo, que tiendo a pensar que 20 ó 30 años después de la muerte de un artista, los que perduran resultan excepcionales. Ella tenia esa ambición y ese deseo, el de permanecer a través de su obra.

En su libro, Rieff reúne nada menos que los que considera los textos más representativos y sobresalientes de Susan Sontag.

En su libro, Rieff reúne nada menos que los que considera los textos más representativos y sobresalientes de Susan Sontag, su madre. / Foto Lucía Merle

Romper los moldes

Escritora y ensayista -fue también guionista y dirigió obras de teatro y películas- Sontag no le esquivó el cuerpo a las causas políticas, sociales y humanitarias que marcaron su tiempo: reformuló, primero, las bases de la crítica cultural de su país para luego ganar repercusión mundial, a partir de sus apariciones públicas.

Después de que la revista Time publicara en 1964 una reseña titulada “Gusto camp” -en referencia a su célebre ensayo “Notas sobre el camp”-, la escritora se convirtió en una celebridad.

Peculiar intelectual neoyorquina, judía de izquierda, bohemia y radical, pasó el cedazo crítico a temas tan dispares como las guerras de Vietnam y de los Balcanes, la no-neutralidad de la fotografía, la violencia que establecen las interpretaciones, las metáforas y simbolismos que acompañan a enfermedades como el cáncer y el sida o las implicancias de la pornografía.

Formulaba, a su manera, una estética de la resistencia a las barbaridades de la política y la cultura, los juegos de aniquilación de nuestros líderes y el conformismo de la imaginación y de la vida, y a esa empresa consagró la suya.

Sontag formulaba, a su manera, una estética de la resistencia a las barbaridades de la política y la cultura, los juegos de aniquilación de nuestros líderes y el conformismo de la imaginación y de la vida, y a esa empresa consagró la suya.

-Ella es la gran intelectual europea en los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX, y efectivamente, creo que la obra va a perdurar. Fue una moralista en el mundo de los estetas y una esteta en el mundo de los moralistas, y esa me parece una contradicción interesante -piensa el hijo, trazando la que a su vez es una de las líneas posibles de entrada a su antología, que suma casi 800 páginas y cobra, por la misma autoridad de su autor, relevancia histórica.

Rieff asume ese ejercicio de curaduría sin renegar de la subjetividad, que jugó un papel en el proceso, así como de la intuición que le sirvió para evaluar qué de este corpus llega a tener eco entre los lectores del siglo XXI. Así, compone una secuencia que su madre “pudo haber superado, aunque no repudiado”, según él mismo juzga.

La “revolución ideológica” de Sontag

En Contra la interpretación (1966), su obra más famosa y el primer libro de ensayos reunidos que publica, Sontag esbozaba una suerte de gran teoría para entender tanto las vanguardias neoyorquinas y europeas como sus antecedentes, combinando con sutileza el gusto personal con la configuración de un nuevo canon.

La auténtica revolución ideológica que significó su incursión como crítica cultural debe parte de su importancia al hecho de que le haya dado rango académico a las nuevas manifestaciones artísticas, en un tiempo en que la crítica tradicional consideraba a las llamadas “bellas artes” como deber excluyente: en sus libros, éstas merecen un tratamiento tan serio como las expresiones de vanguardia, los grandes escritores pueden compararse con los “malditos” y hasta los fenómenos más escurridizos a la teoría permiten reflexiones históricas.

Sobre Sontag. "Hay una tensión, efectivamente, entre esas dos facetas de Sontag: una moralista que se pronuncianba sobre las cuestiones de su tiempo y una esteta que abordaba las cuestiones más diversas." / Foto Lucía Merle

Sobre Sontag. «Hay una tensión, efectivamente, entre esas dos facetas de Sontag: una moralista que se pronuncianba sobre las cuestiones de su tiempo y una esteta que abordaba las cuestiones más diversas.» / Foto Lucía Merle

El valor de su aporte fue reconocido en 2003 España, cuando recibió el premio Principe de Asturias de las Letras.

Ahora, el hijo, analista político y autor –El oprobio del hambre, Contra la memoria, Elogio del olvido y Un mar de muerte, sobre los últimos días de Sontag, entre otros títulos-, además de colaborador en The New York Magazine y Los Angeles Times Book Review, se ha propuesto volver sobre la figura y los escritos de su madre para darle forma a la que define como una “antología definitiva”.

Obra imprescindible reúne una serie de estudios, ensayos, artículos, relatos y fragmentos de novelas y de diarios que ofrecen un retrato orgánico de Sontag y terminan siendo prueba inapelable de la originalidad de una autora única en su clase.

Entre sus textos célebres, encontramos “Contra la interpretación” y “Notas sobre el camp”, los ensayos con que inauguraba aquella “Biblia” de la crítica cultural que operó como bisagra en los 60, expandiendo no solo los límites del género sino el mismo concepto de cultura. Así como también otros textos emblemáticos, entre ellos “Sobre la fotografía” o “La enfermedad y sus metáforas”.

Incluso, un relato de la visita que Sontag hizo en 1947 a Thomas Mann, un discurso que pronunció Frankfurt en 2003 -cuando plantea que la misión de la literatura “es formular preguntas y elaborar afirmaciones contrarias a la beatería imperante”- y otro de corte feminista y que aparece por primera vez editado en un libro, ”El tercer mundo de las mujeres”, de 1972.

En este último texto, la escritora celebra las conquistas de género no solo en términos de equidad sino de conquista de poder: “Si la mujer cambia, el hombre se verá obligado a cambiar. Pero estos cambios del hombre no acaecerán sin considerable resistencia. Ninguna clase dominante ha renunciado jamás a sus verdaderos privilegios sin oponerse a ellos”, advierte.

Rieff explica, a su vez, que debe la idea original del libro a Claudio López Lamadrid, editor español de Sontag: -Me propuso la idea en una edición del Hay Festival de Cartagena -comenta-. A ese impulso se sumó luegoAurelio Mayor, traductor y quien resguardará el legado de Sontag una vez que yo no esté para hacerlo -anticipa-.

Cuenta también que una editorial estadounidense publicará un libro de ensayos que en principio se titulará “Sontag and Women” y reunirá sus ensayos de la autora sobre las mujeres.

-En el prólogo de Obra imprescindible hace mención a la biografía que firma el estadounidense Benjamin Moser, a la que usted califica como “banal”. En su libro Moser refiere que, así como Sontag tenía una faceta pública que la mostraba como una intelectual erudita, discordante y combativa, sufría íntimamente una marcada falta de confianza. ¿Coincide con esa observación?

-Dije “banal” por no decir “horrible”, en parte por ese análisis psicológico de mi madre que hace Moser: es evidente que todos tenemos inseguridades y contradicciones, y en ese sentido su mirada no aporta nada nuevo en relación a Sontag y su obra. Tampoco puede juzgarse el comportamiento de alguien nacido en 1933 como si fuera contemporáneo, y creo que en ese sentido su biografía recae en la simplificación.

-Reconoce que la idea original pertenece a Lopez Lamadrid, con quien llegó a esbozar un primer índice en una servilleta. ¿Cuál fue el criterio que lo orientó a usted después, a la hora de hacer la selección final del material?

-Ambos nos preguntamos en ese primer momento cómo abordar una obra tan amplia e interesante y concluimos en que yo lo hiciera en base a mi mirada, personal, por supuesto: el que hice es un esfuerzo para representar la obra en toda su complejidad. Luego, cada lector puede hacer la suya, su propia interpretación, su propia lectura.

Idea. "Un rasgo de este tiempo es que en la lógica propia del capitalismo está la idea del presente permanente, y el pasado es menospreciado", piensa. / Foto Lucía Merle

Idea. «Un rasgo de este tiempo es que en la lógica propia del capitalismo está la idea del presente permanente, y el pasado es menospreciado», piensa. / Foto Lucía Merle

-Compiten en Sontag la moralista y la esteta, esa tensión es otro de los ejes de lectura posibles de este libro.

-Creo que hay una tensión, efectivamente, entre esas dos facetas de Sontag: una moralista que se pronunciaba sobre las cuestiones de su tiempo y una esteta que abordaba las cuestiones más diversas con conocimiento de causa y a su vez asumiendo riesgos. Tiendo a pensar que la moralista se impondrá en el tiempo.

-Ella anticipa, ya en los 60, que la “alta” cultura y los fenómenos de masas evolucionarían hasta asimilarse en una misma dimensión. ¿Diría que en ese sentido se anticipa a lo que vendría?

– Creo que la cultura popular “borró” la alta cultura y que ella no anticipó ese destino. Salvo en Asia, la “alta” cultura tiene mala prensa: es “el patriarcado”, es “el imperialismo”… Lo que se impone, al fin y al cabo, en este tiempo, es una suerte de representación de la vida. Esa tendencia existía antes de su fallecimiento pero ella no llegó a verla en toda su dimensión.

Otro rasgo de este tiempo es que en la lógica propia del capitalismo está la idea del presente permanente, y el pasado es menospreciado. Creo que eso es algo terrible: no es justo condenar el pasado porque no estemos de acuerdo con lo que pudo haber pasado antes y creo que de algún modo el capitalismo hace eso, nos lleva a creer en un eterno presente. Pienso que el pasado debería ser aliado del presente, no siempre condenado.

-¿Hay escritos inéditos de Sontag?

-Sí, hay un ensayo inconcluso sobre Jean Paul Sartre que incluiré en un volumen que reunirá sus “Ensayos completos”. Ella, evidentemente, dio forma a un borrador, lo es técnicamente, pero seguramente lo vamos a editar, bajo la idea de que no es justo que los especialistas tengan acceso a él y al público en general le este vedado. Y hay artículos, conferencias, vamos a compilar ese material, y también una antología sobre cine.

-Tenía predilección por el cine europeo, iraní, taiwanés…

-Efectivamente, esta clase de cine le gustaba más que el de su país: Hollywood no la seducía.

-¿Cuáles son sus lecturas actuales, las más frecuentes y apasionadas?

-Leo mucha historia y mucha poesía. Y en relación a la obra de mi madre, me gustan sus cuentos y su novela “El amante del volcán”, en la que esboza al final una suerte de autobiografía, esa que nunca escribió, más allá de que pudo haber pedido mucho a cambio y se lo ofrecieron.

-¿Cómo definiría la relación que mantuvieron usted y su madre?

-No me gusta hablar de eso. De hecho, cuando se publiquen los próximos libros no estoy seguro de si volveré a dar entrevistas. Ser su heredero es un privilegio y una carga.

Panorama internacional

Sobre la guerra Rusia-Ucrania

-Es una tentación imaginar qué hubiese dicho Sontag sobre la guerra Rusia-Ucrania.

-Ya he dicho muchas veces que soy hijo, no medium: no puedo anticipar lo que hubiera dicho mi madre, aunque tiendo a pensar que hubiese estado de parte de los ucranianos, considerando hay semejanzas con las guerras de Bosnia o Sarajevo.

Foto Lucía Merle

Foto Lucía Merle

-Usted fue corresponsal de guerra en Yugoslavia, Africa,Irak, Israel y Afganistán, y estuvo en Ucrania recientemente. ¿Qué vió?

-En algunos sentidos recuerda a la primera guerra mundial, porque no es una guerra total, tiene particularidades propias. Como analista político, siento que es la primera vez que asisto a una “guerra justa”, un término sobre el que hay teoría de Michel Walzer (N.deR. uno de los expertos en Filosofía Política más importantes de Estados Unidos en la actualidad). Hay una justicia de la guerra y otra de cómo se hace la guerra, no es lo mismo. Y creo, en términos generales, que Rusia va a salir de esta guerra muy empobrecida, devastada. Y no hablo solo en términos de la pérdida de vidas humanas, sino de daños extraordinarios, con millones de jóvenes que quieren salir del país.

-¿Cómo explica la decisión de Putin al encarar esta guerra?

-Tiendo a pensar que Putin estuvo mal asesorado: sus asesores le mintieron o él se mintió a sí mismo. Creyero que podrían hacer la guerra pero no pudieron hasta acá doblegar a Ucrania, en parte porque subestimaron el poder del nacionalismo. Los rusos van a tener que aprender de sus errores y no creo que vaya a ganar esta guerra, aunque nadie lo sabe, por el poder y la fuerza que manejan ambos bandos. Whashington -Joe Biden- podría tomar revancha contra Putin si él redoblara la apuesta, creo que Estados Unidos podría oponerse, así como otras naciones de la Unión Europea. 

Ficha libro

Título: Obra imprescindible

Autor: David Rieff

Editorial: Random House, septiembre 2022

VA



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