Siete autoras para lo siniestro

Siete autoras para lo siniestro


Son una generación literaria. Nacieron en distintos países latinoamericanos (Uruguay, Bolivia, Venezuela y Argentina) y muchas luego se fueron, por diseño o por azar, a otros lugares, a otras lenguas (Colanzi a Estados Unidos, Rodríguez a España, Schweblin a Alemania, Trias a Colombia), pero decimos generación porque leyeron los mismos libros, tuvieron experiencias comunes y bailaron las mismas canciones. La edad también atañe a la cultura; ellas se formaron en un mundo globalizado.

Mariana Enriquez retratada en 2020.

Quizás hayan empezado a escribir en un campo literario distinto al actual, pero muy pronto (entrado el siglo XXI, digamos) se hizo visible una red que enhebraba a muchos de sus libros y, sobre todo, quedó claro que había miles de lectores buscando una literatura así.

Los libros de terror y de relatos inquietantes -incluso las historias “raras”- ocuparon el centro de las mesas de novedades y detentan posiciones destacadas en los rankings de los más leídos. Que todos o casi todos esos libros estén siendo escritos por mujeres no es una casualidad. El género también aumentó las preferencias.

Algunos de los libros que ellas escribieron trabajan sobre un terror de temas más tradicionales, siempre efectivos –fantasmas, espectros, apariciones–;otras despliegan el miedo de la sordidez urbana e incluso las desapariciones.

También las enfermedades son un eje que está en algunos de estos libros y que la pandemia volvió actual;la violencia y la locura son otras cartas de esta baraja que nunca se agota, porque los miedos cambian y siempre se renuevan pero mantienen su raíz.

Para entender un poco más las influencias, obsesiones y problemas con los que lidian estas autoras, les pedimos a siete narradoras (hay muchas más) que desglosaran sus lecturas e intereses. Mapear es una manera de recorrer la literatura, una forma de capturar el presente siempre escurridizo y que parece cambiar antes de que se lo pueda pensar.

Tenemos la impresión de que esta es una época literaria de baja intensidad en materia de disputas estéticas. En los años 60, los realistas se cruzaban a duelo con los vanguardistas; los bares y revistas literarias eran arenas de ese duelo de cuchillos verbales afilados. Hoy la conversación pasó a la redes sociales, los festivales y entrevistas.

Contrapuntos de hoy

Con otros recursos que los del siglo XX, sin embargo, se fueron instalando al menos dos grandes líneas en la narrativa contemporánea: la autobiográfica y la de la imaginación. Dos líneas que no son nuevas, por supuesto; tienen una enorme tradición, pero han encontrado en estos días una renovación.

Del “giro autobiográfico” ya se habló demasiado, y está ligado a una vuelta de la no ficción y también a cierta expansión regional de la crónica, pero también a las películas basadas “en hechos reales” e incluso a los Reality Shows o los biodramas teatrales.

De las novelas de imaginación se habló un poco menos pero, si repasamos los gustos de los lectores en los últimos, digamos, diez años, los libros de construcción ficcional pura siguen ocupando el lugar central que siempre ocuparon, y los géneros, a veces invisibilizados por la crítica, son lo que los lectores se llevan de manera masiva.

Algunas de las autoras de esta nota escriben ficción pura (Samanta Schweblin, Liliana Colanzi o Agustina Bazterrica, por caso), otras han pasado por una literatura más autobiográfica y luego fueron llegando a una ficción más nítida (Fernanda Trías o Marina Yuczuck) y otras escriben tanto ficción como no ficción, como en el caso de Mariana Enriquez y sus contrabandos de temas y de recursos.

Las etiquetas se despegan muy rápido, asi que no les busquemos ninguna a estas narradoras. No hablemos de modas, de tendencias, de nueva ola. Ahí están los libros, que multiplican y procesan algunos de los miedos que todos tenemos como individuos y como sociedad, y a los que no hace falta reducir con un adjetivo o un título.

Mariana Enriquez

La escritora argentina Mariana Enríquez. EFE/ Alfredo Oliveros

La escritora argentina Mariana Enríquez. EFE/ Alfredo Oliveros

Buenos Aires, 1973. Es autora de libros como “Alguien camina sobre tu tumba” y “Las cosas que perdimos en el fuego”.

En cuentos, novelas y crónicas, ensayó muchas de las variantes de lo oscuro:el terror puro, el fantasy, el gótico. Nuestra parte de noche ganó el Premio Herralde y se tradujo a más de 20 idiomas.

*** El gótico de la Brönte, el simbolismo y decadentismo francés, Stephen King, el gótico sureño, el new weird, Robert Aickman y descendencia, Borges, Cortázar, Ocampo, Donoso, Onetti, Arlt.

*** Para mí no tiene que ver con ser mujeres. Por un lado, las mujeres siempre escribieron terror o estuvieron cerca del terror y el ocultismo (Mary Shelley, las escritoras del gótico, Flannery O Connor, algo de Silvina Ocampo, las contadoras de cuentos de fantasmas, las médiums, las brujas, las tiradoras de Tarot, Madame Blavatsky, Rosaleen Norton, Amparo Dávila, etc.). Para mí hoy se debe más a una cuestión generacional: las nacidas en los 70 para acá nos criamos con slashers, de Freddy a Scream, Tiburón, Twin Peaks, Stephen King y sus películas, y desde ahí todo un universo de cultura pop masiva fantástica que va desde el El señor de lo anillos a Stranger Things. En realidad, es bastante normal, lo raro es que no ocurriera.

*** Me dan miedo la enfermedad y la muerte. Me da risa Atlanta, Ru Paul, el programa Corazón de Television Española y algunos amigos míos muy graciosos. Conjugo terror y humor con humor negro. Claro que es posible, casi todo el terror de los 80 es gracioso.

*** De muy chica leí los diarios de Baudelaire y encontré este definición que transcribo y sigue siendo así para mi: “Es algo ardiente y triste, una cosa un poco vaga… Yo no pretendo que la Alegría no pueda asociarse con la Belleza, pero digo que la Alegría es uno de sus adornos más vulgares, mientras que la Melancolía es, por decirlo así, su ilustre compañera, llegando hasta el extremo de no concebir (¿será mi cerebro un espejo embrujado?) un tipo de Belleza donde no haya Dolor. Apoyado sobre —otros dirían obsesionado por— estas ideas, se piensa que me sería difícil no llegar a la conclusión de que el tipo más perfecto de Belleza viril es Satanás, —a la manera de Milton”.

Marina Yuszczuk

Marina Yuszczuk. Foto: Luciano Thieberger.

Marina Yuszczuk. Foto: Luciano Thieberger.

Buenos Aires, 1978. Además de escritora, es editora del sello independiente Rosa Iceberg.

Exponente del gótico rioplatense, incursionó en el género con La sed. Se internó en territorio de fantasmas y cuentos de hadas con Para que sepan que vinimos, su libro más reciente.

*** La literatura no es “contraria” a nada, contrario es Twitter. La literatura muestra el costado potencialmente terrorífico de absolutamente todo, y la maternidad por supuesto lo tiene, si no mirá Alien. Yo soy escritora y soy madre, como Shirley Jackson o Mary Shelley, y pienso que todo lo que escribo está permeado por esa condición, como lo estaba en esas escritoras: cierta relación con el propio cuerpo y con el cuerpo del hijo, con la infancia y la muerte, con los umbrales. La maternidad es ambigua y filosa, y por eso mismo, rica para la literatura.

*** Para mí en este momento, el libro que compendia todo lo deseable es Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Se la cataloga siempre como una escritora de terror, pero es mucho más variado lo que hace y en este libro hay un estado de infancia, de vida detenida y fuera de la sociedad de estas dos hermanas que se quedan solas en una casa donde todos los demás miembros de la familia murieron. Y por lo tanto no crecen; hay algo de jugar a la casita y una felicidad que, por supuesto, es macabra, porque tiene que ver con la locura y el crimen. Es un libro que, entre otras cosas, trata del crimen por el cual una chica accede a su propio mundo.En Vírgenes suicidas se dirige contra las propias chicas y acá, contra todos los demás. Algo de esto escribí en mi primera novela, La inocencia.

*** Podría decirte más bien que no encuentro ninguna belleza en el bien. Lo oscuro es esa gota que contrapesa la vulgaridad de lo demasiado luminoso. La belleza en sí misma no tiene ningún interés salvo cuando es frágil, cuando está amenazada. Para el arte, por lo menos. Y es la belleza de lo oculto; en un mundo como el actual, de una visualidad aparentemente tan plena y donde todo se pone a la vista, lo siniestro mantiene vivo un modo más activo de la mirada, que se basa en la imposibilidad de ver, en experimentar ese recorte, ese límite, y todo lo que despliega a nivel de lo imaginario.

Samanta Schweblin

Samanta Schweblin (Foto: Carlos Furman/Subsecretaria de Cultura de San Isidro/Handout via REUTERS)

Samanta Schweblin (Foto: Carlos Furman/Subsecretaria de Cultura de San Isidro/Handout via REUTERS)

Buenos Aires, 1978. Es autora de libros de cuentos como “Pájaros en la boca” y la novela “Kentukis”.

Multipremiada, empezó como cuentista. Su literatura gira entre lo distópico, lo inquietante y lo fantástico, y aún´n de una ciencia ficción muy sui generis. Distancia de rescate fue llevada al cine por Claudia Llosa.

*** En el cuerpo y en la reacción inmediata, me da miedo todo lo que podría lastimarme a mí o a la gente que quiero; me da mucho miedo el dolor. En la cabeza y en la reflexión de lo que nos pasa, me da miedo hasta qué punto perdemos el control como individuos y como sociedad cuando algo nos amenaza o nos asusta, y cómo existe toda una maquinaria alimentándose de esto. Me gusta el humor que juega con eso, que descomprime, y creo que a veces es tan necesario para atravesar zonas oscuras, que solo hace falta una chispa o un guiño para que el humor se encienda en el lector.

*** Sobre los huesos de los muertos, de Olga Tokarczuk. Es oscura, muy oscura –pero es una oscuridad casi existencial, delicada en sus maneras–, y a la vez tiene algunos toques de humor que usa casi como costuras, hilos bien finos para cerrar disimuladamente todas esas heridas que va abriendo. También tiene otro tema del que está hablando mucho literatura contemporánea, la de una fuerte denuncia ecologista. Y como los libros que más me gustan, camina sobre esa delicada línea entre lo real y lo casi fantástico con una elegancia envidiable.

*** Bueno, serían tres tipos de belleza muy distintos. No sé si encuentro belleza en el mal –lo que no significa que no me interese, y mucho–. Lo siniestro y lo oscuro podría reflejar algo de la atención absoluta que ponemos cuando estamos frente a algo indescifrable, insólito, o incluso sublime. Es en esa atención del lector, en mi propia atención cuando leo, que encuentro belleza. Hay algo hermoso en la distancia que pueden generar estas situaciones, en ver lo que ya conocemos pero como si lo viéramos por primera vez.

Michelle Roche Rodríguez

Michelle Roche Rodríguez.

Michelle Roche Rodríguez.

Caracas, 1979. Es autora de libros como “Gente decente” y “Mala sangre”.

Autora venezolana afincada en Madrid, repensó el género del miedo con un vampirismo tropical, donde el terror ocurre en espacios tórridos y festivos.

*** Encuentro belleza en el lenguaje. Me interesa la literatura no mimética —es decir, aquella que no retrata la realidad, sino que crea una propia— porque permite confrontar los mitos contemporáneos. A veces es necesario quebrar el lenguaje que estructura nuestra realidad para comprender las mentiras y distorsiones que encubre.

*** Mi referente histórico ineludible es Mary Shelley, autora de Frankenstein, un libro al que vuelvo con regularidad, porque es mucho más que una novela de terror. Para empezar, ni siquiera creo que sea de terror: puede interpretarse también como ciencia ficción. Además, Shelley lo escribió a partir de una relectura del poema “El paraíso perdido”, en donde John Milton crea una narración épica de los mitos de Satanás y la Caída de Adán y Eva; es decir: sobre la naturaleza del mal y la libertad. En ninguno de los dos casos se trata del monstruo –la criatura del Dr. Frankenstein, Satanás– por el monstruo mismo o el miedo que inspira, sino de aquello que el terror nos dice sobre la naturaleza humana.

*** Sí, es posible hacer convivir los registros de comedia y terror, aunque no estoy segura de que en mi obra lo hagan. No me considero una persona graciosa, en lo personal; pero ciertas pinceladas de comicidad aparecen en mis obras. Creo que vienen del retrato de la realidad que pretendo hacer. Verás, no se trata de renunciar completamente al realismo, porque eso sería renunciar a la verosimilitud. Se trata de reorganizar la realidad para retratar aquello que se encuentra debajo de nuestro mundo y que no percibimos a simple vista.

Fernanda Trías

La escritora uruguaya Fernanda Trías. Foto Twitter @trias_fernanda

La escritora uruguaya Fernanda Trías. Foto Twitter @trias_fernanda

Montevideo, 1976. Autora de libros como “La azotea” y “La ciudad invencible”, donde cuenta sus años en Buenos Aires. .

Desde libros más realistas, salta al estilo más oscuro con Mugre rosa: una novela que narra una ciudad asolada por una peste misteriosa, y que le valió el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

*** El terror clásico no me da miedo. Los fantasmas, sé que existen; los muertos, sé que se comunican, y me siento bastante cómoda en ese misterio. No lo entiendo, pero no necesito entenderlo. Una vez íbamos con Levrero caminando por 18 de Julio, una noche neblinosa muy montevideana, y él se puso pálido y aceleró el paso. “¿No viste quién acaba de pasar?”, dijo. “Era Gérard de Nerval”. Gérard de Nerval se había ahorcado en 1855. Levrero veía espíritus, algunos estaban presentes siempre en su casa, y él intentaba ignorarlos. Tal vez por la naturalidad con las que hablaba de ellos, a mí no me asustaba. Lo que realmente me da miedo es la deshumanización de la violencia gratuita. Puede haber humor, pero un humor muy negro, difícil de tragar. Flannery O´Connor lo hace a la perfección en sus cuentos. En “Un hombre bueno es difícil de encontrar”, cuando una familia que está de viaje tiene la mala suerte de toparse con el asesino “El Desquiciao”.

*** No es que vea la belleza en lo siniestro o en el mal, sino que el mal queda más desnudo y expuesto cuando el mecanismo que se utiliza para trabajarlo (en este caso el lenguaje) es más estilizado, o tiene una mayor condensación poética. ¿Por qué son tan dolorosamente hermosas las canciones de Nick Cave? Porque la belleza con que reviste esas letras terribles te incomoda, te hace sentir que no deberías hallar un placer estético en esa maldad. Pero lo hallás, y eso es parte de la experiencia que plantea.

Liliana Colanzi

Liliana Colanzi.

Liliana Colanzi.

Santa Cruz, Bolivia, 1981. Es autora de libros como “Nuestro mundo muerto” y “Ustedes brillan en lo oscuro”.

Cuentista inquietante, moderna, trabaja con elementos contemporáneos para jugar entre el horror y la ciencia ficción.

*** Crecí leyendo a Stevenson, Wilde, Horacio Quiroga, las hermanas Brontë, Poe, al Augusto Guzmán de La cruel martina, a Stephen King y Elsa Bornemann. Más adelante descubrí a Conrad, Mary Shelley, Lovecraft. Mis cuentos tienen deudas con Felisberto Hernández, Silvina Ocampo, Brian Evenson, Rubem Fonseca, Flannery O’Connor, Amparo Dávila. Y del horror más contemporáneo me gustan mucho Mariana Enriquez, Carmen Maria Machado, Mónica Ojeda, Clyo Mendoza, Fernanda Trías, Mariano Quirós, Giovanna Rivero y Silvia Moreno-Garcia, por nombrar solo algunos.

*** Muchos monstruos son abyectos y a la vez terriblemente seductores, y amenazan con arrastrarnos a su umbral, que es el umbral de la contaminación. La figura del diablo siempre me pareció mucho más compleja y seductora que la de Dios. Un personaje que transgrede un límite, que cruza una frontera prohibida, es más interesante en la literatura que uno que obedece o que sigue un camino más convencional.

*** Tengo el miedo de los que sufren ataques de pánico, que es el miedo a volverme loca. Los memes me hacen reír. Mis cuentos más oscuros tienen también una dosis de humor, por más que sea humor negro. No solo es posible que convivan ambos registros, sino que es necesario, al menos para mí: un cuento precisa de matices, de contrapuntos, y en especial uno de horror.

Agustina Bazterrica

Agustina Bazterrica

Agustina Bazterrica

Buenos Aires, 1974. Autora de los cuentos “Decinueve garras y un pájaro oscuro”, dicta talleres.

Se dió a conocer masivamente con su distopía caníbal Cadáver exquisito, ganadora del Premio Clarín Novela 2017 y éxito de ventas en muchos países. Actualmente, difundida en Estados Unidos.

*** Muchas escritoras abordan el tema porque, como tantas deconstrucciones y reflexiones en torno a los roles y mandatos impuestos a las mujeres, desde épocas ancestrales se está corriendo el velo sobre la maternidad no deseada y probablemente sea necesario afrontar la otra cara de esta problemática que es la paternidad no asumida. Hay muchas maneras de maternar, y si uno quiere elegir el camino de la maternidad “clásica” es una opción maravillosa que toda la sociedad debería acompañar, pero lo que aparece como cuestión social, que se refleja en lo literario, es la obligación, el juzgamiento, la visión errónea de la vida de la mujer en general, y esta dimensión de que es incompleta si no tiene hijos en particular.

*** Me da miedo volverme loca, y el fanatismo desmedido. Dos dimensiones que veo unidas a lo largo de la historia de la malignidad. Pero no siempre escribo sobre eso, o no únicamente. También te diría que, en teoría, me parece incompatible unir lo cómico con el terror, de la misma manera que me parece incompatible unir lo cómico con lo erótico. Pero, en la práctica muchas veces lo pongo en juego porque si te reís dejás de sentir miedo.

*** El ensayo Calibán y la bruja de Silvia Federici porque habla de la violencia extrema que sufrieron miles de mujeres, del disciplinamiento de los cuerpos y las mentes, y al analizar la quema de brujas, Federici desentraña uno de los episodios más inenarrables de la historia moderna, y examina la dinámica de expropiación social dirigida sobre el cuerpo, los saberes y la reproducción de las mujeres. El ensayo habla de algo que es terrorífico y real y sigue pasando.

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