sufrió la discriminación y ahora es una de las caras de una campaña contra los haters

sufrió la discriminación y ahora es una de las caras de una campaña contra los haters


Es invierno en Tierra del Fuego y David Gudiño mira el individual que le pusieron sobre la mesa como si la calefacción del restaurante hubiera subido a cuarenta grados. Dos niños casi desnudos lo miran con ojos tiesos debajo de los cubiertos. Reconoce que pertenecen a la comunidad indígena Selk’nam (tehuelche), pero los rostros son casi un espejo. Es como verse a sí mismo o a su hermana, ambos con ascendente wichí-guaraní.

“No es turístico”, explicará unos días más tarde a Clarín desde Buenos Aires, tras de volver de la visita a su familia en la provincia austral. “Yo entiendo que cuando llegaron los colonizadores, no se pensaba en clave de derechos, pero hoy es distinto. Las infancias indígenas no son algo ‘pintoresco’. Están vivas y también tienen derechos. Y no está bien pensar al sujeto indígena como si fuera una identidad estanca del pasado”, agrega.

Nacido en Tartagal y criado en la Patagonia, el actor es uno de los referentes del colectivo «Identidad Marrón» (en Instagram, @identidadmarron), que visibiliza el racismo en la Argentina contra las personas de indígenas y villeras. Escritor y director de teatro, llevó a las tablas algunas de estas historias, vinculadas a la discriminación y al gatillo fácil. Mientras, trabajó hasta principios de 2022 como profesor de Biología en escuelas secundarias.

La pandemia frenó la actividad cultural presencial y lo obligó a reconvertirse. Comenzó a hacer humor en redes sociales sobre la televisión, los presentadores y periodistas, y la rompió. Hoy, con 35 años, sus videos en Tik Tok, su red favorita, tienen millones de reproducciones. 

Los contenidos no perdieron el horizonte que lo guía: la lucha antirracista. El video “Argentina no es Blanca”, que creó en 2022, fue seleccionado en una categoría de cortos audiovisuales del Festival de Cannes, en el que quedó posicionado entre los 50 más vistos, con más de 10 millones de plays en las redes sociales. 

Ponerse los lentes marrones para entender la realidad, dirá Gudiño, no implica solamente desnaturalizar las construcciones de sentido hegemónicas -el incidente del mantelito de papel con niños indígenas escaló pronto hasta la Secretaría de Turismo local-, sino enfrentar los mensajes de racismo explícitos.

“En la Argentina, hay un poco de positividad tóxica hacia el hateo”, sostiene el artista y empieza a enumerar en voz alta frases como “no dejes que te afecte lo que digan los demás, vos tenés que ser fuerte” o “si te afecta, es porque vos los dejás”, entre otras.

“Yo digo que no es así, porque a todos nos afecta diferente y necesitamos herramientas para lidiar con eso y dar lugar a la empatía y decir, ‘sí, está bien que te afecte esto, porque esto que está pasando no está bien’”, opinó.

Unicef lo eligió como embajador en la campaña #AlHaterNiCabida, que lanzó hace unos meses y que propone distintas formas de responder -desde el bloqueo a denunciar las agresiones o pedir ayuda- para gestionar esas situaciones. Como parte de la campaña, Gudiño grabó -en colaboración con Telefé- un podcast vinculado a racismo en la Argentina


Gudiño advierte sobre la «positividad tóxica» al hateo. Foto: Lucía Merle

“Yo siento que si invisibilizo el hateo, lo estoy poniendo debajo de la alfombra, y permito que pase, que después se piense que no existe el racismo en la Argentina. Lo he escuchado muchas veces que en este país estamos todos mezclados, somos todos mestizos e iguales. Pero a mí como humorista, ¿por qué se me echa del país para que sea gracioso? ¿Por qué se hace hincapié sobre el color de mi piel? Bueno, eso es racismo”, destacó.

Según un sondeo realizado por Unicef, solo el 13% de los adolescentes dice haber experimentado situaciones de violencia. Sin embargo, 9 de cada 10 aseguraron haber sido testigo de un ataque hacia una persona o grupo en redes sociales y 3 de cada 10 reconocieron haber tenido alguna actitud de odio ya sea por haber publicado, respondido o amplificado contenidos.

​La campaña de Unicef contó también con el apoyo de deportistas y artistas como Lali Espósito, Benjamín Vicuña, Rocío Gómez, Natalia Oreiro y Ángel Di María, además de otros jóvenes que vienen enfrentando la discriminación en áreas como discapacidad, violencia de género, la diversidad corporal y sexual, y en el deporte.

“Decime alto marrón”

“Yo no me puedo hacer más el boludo, yo tengo que decir algo. Y, a veces sí me duele. Me duele cuando comparto una foto y le dicen cosas horribles a mis hermanas y por eso a veces no comparto a mi familia porque es muy doloroso”.

Y siguió: “Entonces yo me siento responsable de mostrarlo y escarbar en por qué ocurre. Visibilizarlo es la forma que yo encontré de decir que no está bien. Ese pensamiento de extranjerizar a las personas indígenas, no aceptar, no abrazar a los indígenas en Argentina, nuestros rostros, a nuestra piel, eso, eso es racismo. Y yo intento compartir eso y mostrarlo”.

Hace unos meses, decidió contestarle a uno de los haters que lo insultaba constantemente en Tik Tok. Esta vez el mensaje lo tildaba de “alto grone”. “Le dije: yo no soy negro, yo soy marrón, decime alto marrón. Y entonces me pone ´jajaja sos un alto marrón’. Y sí, me pone contento que me diga alto marrón, porque es nombrarme, porque ya tenemos muy en claro de que si no se nombra no existe”.

De las villas porteñas a George Floyd 

El recorrido para nombrarse «marrón» no fue sencillo. “En 2012, cuando llegué a Buenos Aires, me di en cuenta de que en principio era ‘morocho’ y que por mi color no recibía el mismo trato”, explica a este diario. Lo confundían con un verdulero cuando estaba haciendo las compras, le preguntaban si era boliviano o se cruzaban de vereda por la noche.

El video "Argentina no es blanca" tiene más de 10 millones de reproducciones en redes sociales. Foto: Lucía Merle
El video «Argentina no es blanca» tiene más de 10 millones de reproducciones en redes sociales. Foto: Lucía Merle

Con los años, comenzó a tomar conciencia de la intersección entre su color de piel y las condiciones de pobreza, y en 2018 estrenó “Olvidados en la orilla” una obra que escribió y montó en el Museo de la Cárcova, junto a la Universidad Nacional de las Artes, donde se recibió de licenciado en Actuación. La historia cuenta la vida de Gastón Arispe Huamán que falleció en 2015, con 13 años, tras caer a un pozo cloacal en el barrio precario Rodrigo Bueno, de la Ciudad.

“El gobierno de la Ciudad impedía el ingreso de materiales de construcción y el pozo nunca se pudo tapar. Arispe Huamán estaba jugando con su gatita y se cayó”, cuenta Gudiño y traga saliva: “En ese momento, yo no conocía el concepto marrón, pero sí sabía que yo era como él, que también tuve un pozo. Entendí que necesitaba hablar de esa historia, de cómo se convirtió en un mártir marrón en un barrio que solo recién después de eso logra la urbanización”.

El asesinato del afroamericano George Floyd lo inspiró a hacer "Marrón". Foto: Lucía Merle
El asesinato del afroamericano George Floyd lo inspiró a hacer «Marrón». Foto: Lucía Merle

En mayo de 2020, la noticia de la muerte del afroamericano George Floyd, víctima de la violencia policial en Estados Unidos lo conmovió de nuevo. “Veía a todos los medios escandalizados por ese asesinato racista tan tremendo y me cruzo con un collage del colectivo Identidad Marrón, en donde estaban todos los rostros de los chicos asesinados por la policía, y yo me acordé de la vez que a mí me paró la policía”.

Estaba en la esquina porteña de Pueyrredón y Moreno, cerca del barrio de Once, cuando se acercaron a él dos policías. Era casi el mediodía. Le sacaron toda la ropa de la mochila, le preguntaron que hacía ahí, sacaron también su computadora y le preguntaron si era suya y le pidieron los documentos, relata.

“Ese es el perfil racial. Eso es racismo. Me dejaron ir, pero hay chicos que no tuvieron la misma suerte que yo, como Lucas González (17 años, cuando fue asesinado a balazos por policías de la Ciudad en 2021), Luis Espinoza (un peón rural víctima también de gatillo fácil en Tucumán en 2020) o Camila Arjona (asesinada en 2005, a los 14, por un policía en la Villa 20). Todos estos chicos que sufrieron el racismo institucional”.

Proyectar un futuro antirracista

«Argentina no es blanca», el video que produjo este año junto con «Identidad Marrón» es un cierre de ciclo, en el que toma entre el humor, la incredulidad y el dolor los mensajes racistas que suele recibir en la vida cotidiana. Pero expresa también la posibilidad de unirse bajo una lucha colectiva.

Se trata de un colectivo que reúne a «hijos e hijas de campesinos, de migrantes, que algunos somos la primera generación universitaria, nuestras madres fueron precarizadas toda su vida, jamás le pagaron los aportes a nuestros padres, albañiles, trabajadores, y nosotros reconocemos nuestra ancestralidad indígena«.

También, concluye Gudiño, «es una propuesta para debatir derechos civiles y comenzar a preguntarnos ¿de qué color es la pobreza en Argentina? ¿Qué colores habitan en las cárceles en Argentina? ¿Quiénes son? ¿De qué color son las personas que sufren el gatillo fácil? ¿Qué lugares ocupamos los marrones en las empresas, en las sociedades, en los organismos de derechos humanos? ¿Dónde estamos ahí para hablar? ¿Cuál es el reconocimiento del genocidio indígena en este país?».

«Hacemos preguntas -destaca el actor- para tratar de encontrar respuestas, porque de ahí parte el respeto. La palabra respeto viene del latín volver a mirar, y me parece que nosotros nos estamos dando esa posibilidad de volver a mirar cómo se esforzaron nuestros padres y cómo desde este presente podemos proyectar un futuro antirracista«.

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