ALIMENTOS

INDICES: POBREZA DE NIÑOS Y JOVENES

03/DIC/2020

Informe de la UCA | El 60% de los niños y jóvenes del país es pobre y el 16%, indigente

Es la cifra más alta de la década. En términos generales, entre 2019 y 2020 la pobreza se incrementó 13,7% y llegó a 44%. Crisis económica y cuarentena, los ejes de análisis

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA elaboró un informe sobre el escenario socioeconómico en el contexto de la pandemia de coronavirus. A la ya agravada crisis económica se sumó la cuarentena y durante el 2020 la pobreza trepó a 44,2%, varios puntos por arriba del 40,8% del año anterior. La indigencia se ubicó en 10,1%.

Sin embargo, un índice preocupante es la pobreza de los niños y jóvenes de hasta 17 años que alcanza al 60,4%. Son 6 de cada 10 chicos. La indigencia llega al 16% en este rango etario. Es la cifra más alta de los últimos 10 años y muy superior al promedio.

“El aumento de la indigencia infantil es algo grave porque es una hipoteca para el futuro de ese chico, su familia y toda la sociedad. Porque si una persona se alimenta mal de chico no se recupera más en el resto de su vida“, aseguró Eduardo Donza, investigador del observatorio de la UCA.

La indigencia general aumenta afectando más a los segmentos marginales (24,8%) e integrado (10,1%) de trabajadores y es transversal a todas las regiones urbanas, aunque con mayor fuerza en el conurbano bonaerense (12%).

A su vez, la pobreza monetaria concentra sus efectos en la población localizada en hogares conducidos por personas que afrontan coyunturas de desocupación o subempleo (80,3%), en los segmentos de trabajadores marginales (77,2%) e integrados (54,6%) y en el conurbano bonaerense (51,1%). Entre estos grupos, la pobreza crece casi ininterrumpidamente desde 2013-2014 y evidencia un nuevo salto en el contexto de pandemia.

El 32% de los hogares urbanos en Argentina no percibía ingresos por empleos registrados, ya sea asalariados o por cuenta propia ni por ingresos provenientes de jubilaciones o pensiones contributivas.

“La marcada pérdida de empleos se combinó con un fuerte desaliento en la búsqueda de nuevos puestos de trabajo, y a esto hay que agregarle las restricciones de movilidad propias de la pandemia que provocaron una disminución en la cantidad de personas que buscó trabajo en forma presencial”, agregó Donza.

Sin embargo, el investigador de la UCA señaló que “paradójicamente el crecimiento del desempleo provocó una mejora en la calidad de los trabajos, ya que se destruyeron muchos puestos de bajo nivel”.

El derrumbe en los ingresos de sus padres también afecta duramente la calidad del habitat de los niños en Argentina. (NA)

Pobreza y Covid

“En términos de población, un 10,3% y un 13,7% de las personas cayeron en situación de indigencia y pobreza, respectivamente entre 2019 y 2020. “Al analizar las posibles trayectorias descendentes de las personas con respecto a su situación ante la pobreza o la indigencia se identificó como cualidades adversas: el residir en el conurbano bonaerense; pertenecer a hogares del estrato trabajador marginal, nivel socio-económico muy bajo, con jefe de hogar subempleado/desempleado. Además, la presencia de niñas/os en el hogar se asocia con factores estructurales que también refuerzan la caída en la pobreza o la indigencia”, señala el reporte de la Universidad Católica Argentina.

“En tanto se mantenga la actual política recesiva, solo cabe esperar un aumento del desempleo, los trabajos de subsistencia y de la precariedad laboral, y por lo tanto, de las desigualdades estructurales que afectan al mercado de trabajo, con efectos directos sobre la pobreza. Un cambio de rumbo estructural no solo necesitará de fuertes inversiones e impulso a las exportaciones, sino también de políticas que reactiven el mercado interno, apoyen a las micros empresas y mejoren su productividad”, agrega el informe del observatorio de la UCA.

Entre 2019 y 2020 la pobreza se incrementó. En este sentido, Donza indicó que “el aumento de la pobreza multidimensional en todo el país registrado en los dos últimos años es otro de los aspectos más preocupantes del informe que realizamos, y se dio como consecuencia de una caída en los ingresos más allá de las ayudas estatales como por ejemplo el IFE, la AUH y el Programa Alimentar. Porque si no el escenario hubiera sido peor”.

Alimentos y educación

La evolución negativa de la inseguridad alimentaria severa en el contexto de fuertes restricciones experimentadas por los hogares de estratos más bajos explicó el incremento del 1% en el déficit para la dimensión educación y salud, profundizando una tendencia negativa que comienza en 2018 alcanzando a casi el 28% de los hogares en 2020.

La inseguridad alimentaria severa afectó en 2020 al 8% de los hogares, en los que reside cerca del 10% de la población urbana de Argentina.

Se observa además un incremento del déficit en la dimensión educación, explicado principalmente por el inicial abandono o pérdida de todo vínculo con las instituciones educativas por parte de niños y adolescentes de los sectores vulnerables.

La pandemia agravó todo

La crisis de 2018 y 2019 y su prolongación durante la pandemia de coronavirus -al igual que en 2008, 2014 y 2016- han sido corrosivas para la demanda de empleo en el sector formal, el sector informal y en la economía social. El principal mecanismo de transmisión de este deterioro es la retracción del mercado interno y de las capacidades productivas del sector informal.

La destrucción de puestos de trabajo que ya se evidenciaba en 2018 se agravó desde el comienzo de la pandemia. (NA)Por: NA

Los importantes esfuerzos materiales puestos en juego a través de las políticas de protección social durante los últimos 10 años, más los que se sumaron durante el período de Covid-19, no fueron ni son suficientes para revertir los niveles de pobreza estructural que atraviesan al sistema social argentino.

En este sentido las brechas en el bienestar económico de los hogares no sólo no disminuyeron, sino que se presentan como estructurales y asociadas a la falta de demanda de empleo productivo de calidad y de políticas de inversión y desarrollo más agresivas en materia de vivienda, hábitat, salud y educación.

Sin embargo, al momento de este estudio la situación económico-ocupacional es menos grave que en el pico de mayor confinamiento por la pandemia, registrado entre abril y junio, aunque no hay evidencias claras de una recuperación importante y la reactivación no parece ser un sendero factible en el corto plazo.

Fuente: TN