Temporada alta para la Herrero

Temporada alta para la Herrero


Cuando los signos trascienden lo meramente simbólico y se vuelven objeto y hecho artístico, las posibilidades de interpretación son infinitas, plurales y abundantes. La célebre frase de Matisse en la que afirma solo pintar las diferencias entre las cosas y no las cosas mismas, es una excelente síntesis en clave estética de la relación que existe entre el signo y lo real.

La cantidad de información que Alicia Herrero reúne en Supersignos y la performatividad de la materia, su muestra recién inaugurada en el Museo Sívori, es tal que solo el gran trabajo curatorial de Teresa Riccardi pudo evitar que la congestión y el desorden se apoderen del espacio. Por el contrario, la ilación es didáctica y eficaz. Sin que la obra pierda ni un poco de contemporaneidad –la exposición lleva de subtítulo Obras y procesos (1996-2011)–, el guión planteado por la curadora cumple con los requisitos museísticos básicos y hace que la muestra sea disfrutable para audiencias diversas y amplias.

Herrero tiene algunas obsesiones. Las estadísticas, el orden simbólico del mundo, los roles asignados, los enseres de cocina y una idea del arte relacionado con las personas son abordados en esta expo que funciona como una retrospectiva de su obra. Con esas pocas letras logra construir un alfabeto sutil y sofisticado, que necesita del despliegue de casi todos los registros posibles para alcanzar su voz definitiva.

Supersignos/supermercado, 1996-1999. Un collage de fotocopias sobre 56 módulos de papel.

Herrero participa ahora mismo de la exposición colectiva Mercados Financieros, en Museo del Banco Nacional de México; en la muestra curada por Francisco Lemus sobre el arte de los 90 en Buenos Aires El arte es un misterio, en Colección Fortabat; y en Giro Gráfico, en el madrileño museo Reina Sofía. Estará, además, en la expo colectiva que Herlitzka + Faria llevará a arteba 2022, a comienzos de octubre.

La exposición se abre con la obra Supersignos/Supermercados, un collage de grandes dimensiones formado por 56 módulos de papel de 35 x 50 centímetros. La pieza fue realizada entre 1996 y 1999 y nunca había sido mostrada en Argentina. Esta obra es, al mismo tiempo, resumen y expansión. Por un lado, todo lo que sucederá de allí en más en la muestra está contenido en Supersignos, pero al mismo tiempo, el collage, apoyado también en su metodología, instala un ejercicio de deconstrucción que ramifica el alcance conceptual de la artista y la hace dialogar con los grandes e irresueltos dilemas del arte contemporáneo. Las imágenes de enciclopedias, el simulcop, las láminas de manuales escolares, palabras sueltas y leyendas infantiles puestas de cabeza, alternando sus roles establecidos y formulando preguntas irresueltas convierten a esta obra en un ícono interpretativo de su temporalidad y, al mismo tiempo, en un escalón sobre el cuál pararse para mirar hacia adelante.

Vista de la instalación “Consideraciones sobre lo público/ Un simposio en tres actos” (2010).

Vista de la instalación “Consideraciones sobre lo público/ Un simposio en tres actos” (2010).

En ese porvenir, o al menos en la biografía de Herrero, aparece la obra CHAT. Este trabajo, concebido entre 2000 y 2001, fue comisionado por el Museo Boijmans van Beuningen, de Rotterdam, Países Bajos, y enlaza algunas de las ideas más fuertes de Herrero con su gran capacidad de experimentación. La pieza toma la forma, finalmente, de una instalación en donde se distribuyen una serie de objetos parlantes. La acción performática de Herrero fue la siguiente: mediante unos volantes y un website, pidió a los habitantes de la ciudad de Rotterdam que dibujaran algún utensilio o cacharro de cocina y que cuenten una historia relacionada. El resultado, incluso para su sorpresa, fue imponente y logró reunir un corpus de material muy grande, que se trajo a Buenos Aires. Las historias contadas se grabaron en inglés, español y holandés en alta calidad y se diseñó una instalación en la que los objetos dibujados por las personas, ya materializados, establecían conversaciones entre sí. CHAT fue presentado en el museo desde el 12 de diciembre de 2001 hasta el 24 de febrero de 2002 –momento álgido para la Argentina– y formó parte del proyecto Meeting Places en el marco de la exposición Unpacking Europe. Aquí en el Sívori dos vitrinas dispuestas con material, documentación, fotografías, textos a mano, CD´s y otras referencias al proyecto presentan al espectador una crónica de ese proceso creativo. Junto a éstas, un video, el primero de Herrero, acompaña la performance con un lenguaje indiscutiblemente pictórico, estallado de un color naranja intenso y con planos muy cortos de un trabajo de danza.

La ceramista performer Gabriela Beruti puede ser espiada mientras modela en la instalación.

La ceramista performer Gabriela Beruti puede ser espiada mientras modela en la instalación.

En la misma sala, la mirada planificada de la artista se completa con un gran mural de piezas de aluminio calado a mano. Son 13 las piezas de distintas medidas que refieren a utensilios y elementos de cocina. Dispuestas sobre un fondo rosa conforman una alegoría abierta, donde caben las interpretaciones de género pero también las relacionadas con el mundo del trabajo o, incluso, las del cuidado y la intimidad hogareña.

El desdoblamiento entre lo real y lo virtual aparece inmediatamente con Imperio-las cosas, otra instalación, esta vez en la que Herrero proyecta en una sala oscura un video que se materializa un cuantioso catálogo de vajilla de época mientras suena en el ambiente la climática música de Bach. Dándose la vuelta, el visitante puede ver, a través de un orificio en una puerta, el trabajo concreto de una ceramista en su taller. Es la performer Gabriela Beruti quien puede ser espiada mientras modela, estableciendo el carácter dual de la obra, entre lo proyectado y lo real y tangible.

“Instrumental”, 2021. Acrílico sobre tela. 170 x 135 x 4 cm.

“Instrumental”, 2021. Acrílico sobre tela. 170 x 135 x 4 cm.

Una muestra de las modulaciones posibles en los registros de la artista siguen en el itinerario del espectador. En la misma línea visual, dos obras que se igualan en vibración e impacto, se separan en el soporte y la resolución. En Still Life, una obra de 1999, el yeso pulido congela una serie de objetos referenciales del ejercicio académico del bodegón. Las piezas blanquísimas están dispuestas sobre unas tarimas que funcionan al mismo tiempo como una continuidad escultórica. La sombra de los objetos sobre la plataforma reafirma su condición de Vanitas y le confiere al conjunto un aire de frialdad y pureza realmente conmovedora. En el otro extremo emocional, el video Happening, de 2,20 minutos de duración, presenta en tiempo real una imagen inquietante, dura, quieta, que repone el “estar ahí” del happening como expresión artística pero que juega a su vez lingüísticamente con la idea de acontecimiento. La cámara fija frente a una cocina, rodeada del sonido de “Las ruinas de Atenas” de Beethoven genera un clima opresivo, casi fantasmal.

El círculo de Supersignos se completa en la sala 4 con Consideraciones sobre lo público, un simposio en tres actos. En rigor de verdad, Herrero utiliza una serie de videos que grabó entre 2010 y 2011 en diferentes escenarios para convertir el espacio en una nube de referencias a su propia obra. Las columnas transmutan simbólicamente en repasadores y los gráficos estadísticos en forma de tortas se despliegan en el piso unificando visualmente la sala entera.

Supersignos y la performatividad de la materia introduce a los pluriversos posibles de la obra de Alicia Herrero. Quién quiera tener una idea del desarrollo y el destino del arte contemporáneo en la Argentina desde la década del 90 hasta hoy, y desee imaginar lo que vendrá, tiene con esta exposición una cita ineludible.

Supersignos… – Alicia Herrero

Lugar: Museo Sívori, Av. Infanta Isabel 555
Horario: lun a vie de 11 a 19 (martes cerrado); sáb y dom de 11 a 20 Fecha: hasta el 30 noviembre
Entrada: gratuita

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Actualidad | Diario Digital

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