Transformaciones metropolitanas

Transformaciones metropolitanas

 La Ciudad de Buenos Aires necesita dar nuevos saltos de modernidad para el bienestar y prosperidad de los vecinos. Un mejor despliegue territorial a partir de redes y criterios de gestión descentralizada, puede contribuir a que la vida de los vecinos porteños sea mucho más ágil, dinámica y amigable.

Mencionemos dos gestiones recientes que han sido un muy interesante primer paso: la iniciativa de descentralización política por comunas y el cambio de la sede de la administración central a Uspallata; o del Ministerio de Educación a la Villa 31. Estas decisiones tuvieron, entre otros objetivos, lograr la revalorización social de otras zonas de la Ciudad. No obstante, todavía se requiere de un impulso político que permita un despliegue territorial que garantice mejores condiciones de conectividad. Es decir, que facilite la actividad social y la circulación fluida de personas y bienes.

Las aglomeraciones físicas de centros financieros, culturales y políticos, como una gama diversa de actividades sociales y de protesta política, sugieren el desafío de repensar ejes de centralidad urbana. Hay lógicas que aún hoy dominan ciertos circuitos de nuestra Ciudad y merecen nuestro análisis.

También ese despliegue territorial atrae bondades económicas y comerciales, en particular para las PyMEs, al ampliar polos de desarrollo y actividad económica. En muchos casos, incluso, con la posibilidad de considerar bajas impositivas como las presentes en la ley 6508, que otorga beneficios tributarios a quienes inviertan en proyectos de reconversión de inmuebles en el Área Céntrica .

La renovación de la conectividad de la CABA, una mejor división territorial y nuevos planes urbanos, deben ser materia de debate en función de las nuevas exigencias y necesidades de la sociedad. No debe haber simbologías políticas que detengan la renovación y evolución de políticas urbanas.

Lo vemos en metrópolis del continente como San Pablo, la ciudad de México; pero también en Tokio, Londres o Berlín, con historias de guerras y profundos enfrentamientos políticos. Ninguna ha paralizado las transformaciones urbanas, en esos términos. Tampoco en lo que hace a polarizaciones sociales.

El proyecto de Ley que presentamos en la legislatura porteña, que propone la demolición del edificio del Ministerio de Desarrollo Social o su reubicación de la avenida 9 de Julio, es un ejemplo. Y es importante remarcar que no se trata de una idea nueva.

Ambas acciones se han planteado en diversas oportunidades, tanto por administraciones del Partido Justicialista como por no peronistas, en una clara admisión de que no se trata de un tema de naturaleza sacrosanta, de un tótem inamovible que, en definitiva, atenta contra el normal funcionamiento de una ciudad que quiere progresar.

La propuesta de Republicanos Unidos -que simplemente reintroduce la idea- apunta a una mejor planificación urbana, que articule competitividad de despliegue territorial con equidad social. Y responde a una idea particular: que los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires se merecen transformaciones estructurales que mejoren su calidad de vida. No hay que tenerle miedo a discutir visiones de transformaciones metropolitanas. Es hora de encarar estas iniciativas con determinación y valentía.

Roberto García Moritán es Legislador de la Ciudad de Buenos Aires por Republicanos Unidos.



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Actualidad | Diario Digital

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