Un país del primer mundo da beneficios para emigrar: cómo aprovecharlos

Un país del primer mundo da beneficios para emigrar: cómo aprovecharlos


Se ve en las fotos y en las stories de los que deciden decir «Chau Argentina» y lo muestran en las redes sociales. En el trabajo o en el círculo más íntimo, siempre hay alguien que se acaba de ir o que está en eso. Pero incluso con nuestros profundos problemas sociales y económicos, no todo argentino nació para emigrar. No es fácil.

En el medio de ese tironeo, existe un destino que está más pujante y receptivo que nunca para la comunidad judía local: Israel.

Con planes diseñados casi a medida y las ventajas que ofrece el Estado israelí. Desde la Agencia Judía, el ente autárquico encargado de brindar apoyo para emprender el cambio de tierra, confirman a Clarín la cifra in crescendo de migrantes de nuestro país.

Despegó en los últimos dos años y este 2022, aún más. Las historias en esta nota cuentan con pasión argentina todo lo que se siente cuando el pasaje sólo es de ida y hacia una patria ancestral. Sin lugar para pensar en conflictos bélicos.

Destino Israel

Javier tiene 43 años y emigró hacia Israel hace una semana y media. Se fue con su mujer, Verónica Bialoskurnik, de 40, y Janice y Tobías, sus hijos de 9 y 2 años.

Él era gerente comercial en una empresa multinacional de origen Italiano (para la que seguirá trabajando de forma remota) y ella enseñaba en el nivel inicial. Se fueron por la crisis y por el regreso añorado. Pero hubo algo más desde la pandemia.


Javier, Verónica y sus dos hijos emigraron el 30 de agosto. La última foto en el Aeropuerto de Ezeiza.

«Fue la inestabilidad económica, la falta de proyección y la inseguridad diaria que se vive en la Argentina. Aceleró la decisión. Consideramos que es la mejor opción para el crecimiento de nuestros hijos», dice Javier. Vivían en Chacarita y ahora están en Or Akiva. La ropa todavía sigue en las valijas y hablan con sus vecinos en inglés.

Javier pone la respuesta a lo que piensan el resto de los argentinos que emigran a Israel cuando se les pregunta por los misiles: «No tenemos temores. Israel cuenta con excelentes sistemas de seguridad y prioriza la integridad de sus ciudadanos».

Ellos formaron parte de un proyecto llamado Israela, que proporciona a familias de Latinoamérica dinero, recursos sociales y contención para que la integración sea más rápida. Ese fue el «colchón» de aterrizaje.

«La gente del grupo y parte de nuestra familia que vive acá estuvieron atentos en todos los detalles. Nos brindaron asistencia para la búsqueda de vivienda y hasta los muebles. Se ocuparon de que contáramos con todas las comodidades para nuestra llegada», describe él, que ya se siente «instaladísimo».

Si la foto de la despedida en Ezeiza y la del recibimiento en Israel hubiesen sido con una Polaroid, todavía estarían frescas. Pero «Vero» ya trabaja en un desarrollo educativo en su nuevo país.

En 2020 se fueron 560 miembros de la comunidad judía local (que abarca a unas 180.000 personas) y en 2021 otros 959. En lo que va de este año ya emigraron 800 y se espera cerrar 2022 con 1.200. Toda una ola si se tiene en cuenta que en 2015 emigraron 315 y en 2017 se fueron apenas 286.

El proceso de emigración siempre arranca desde la Sojnut, como se llama a la Agencia Judía. Se puede contactar telefónicamente a su Global Center para obtener información: 0800-666-2093. La Embajada de Israel o el consulado sólo interviene por argentinos que tengan en su familia historial de haber obtenido la ciudadanía israelí. También al final del proceso, cuando se otorga las visas. Pero nunca tiene trato directo con los migrantes. Después existen los grupos de asesoramiento y ayuda para subirse al avión, tener dónde quedarse cuando se baja y estar acompañados allá durante los primeros meses.

Desde la embajada en la Argentina aclararon que además de este programa, existen permisos de residencia, independientemente de pertenecer o no a la comunidad judía. Son las visas de estudiantes aprobadas por el Instituto de Educación Superior de Israel o las visas de trabajo en puestos requeridos. 

Valentina Boullhesen tiene 22 años y (hoy) vive en Yerba Buena, Tucumán. En 10 días va a estar viviendo en Israel. «No sé a qué unidad del ejército voy a poder entrar, pero me gustaría enlistarme en la de Relaciones Exteriores», dice a Clarín

ValentinaBoullhesen tiene 22 años y se va sola a vivir a Israel
ValentinaBoullhesen tiene 22 años y se va sola a vivir a Israel

Hace unos años decidió irse y su papá fue quien más la apoyó. Esperó hasta terminar Ciencias Políticas y la pandemia atrasó más sus planes. Cuando se normalizó la situación, retomó el proceso. Es docente universitaria y trabaja en la empresa familiar.

«Sinceramente, la crisis estructural que se vive en el país influyó en mi salida. Aquí se vive en una constante incertidumbre y de alguna manera sentí que eso limitaría mi crecimiento profesional y personal», sentencia. Tampoco duda cuando dice: «A Israel me voy sola».

El primer mes será en Tel Aviv, en un departamento que ella alquiló, y en noviembre arrancan sus estudios en hebreo. Quiere especializarse en política. 

Eyal y su familia se irán el 18 de septiembre.
Eyal y su familia se irán el 18 de septiembre.

Sin conocerse entre sí, en el mismo vuelo que Valentina va a viajar Eyal Frydman. Él vive en Buenos Aires y tiene una empresa de comunicación y marketing. ¿Por qué se va? «Por más que viví 35 años en Argentina, siempre tuve la nostalgia de volver (él nació allá y vino a los 5). Pero, primero que nada, nos vamos porque nos puede dar un futuro mejor para nuestros hijos«, responde.

«También pensé en Canadá como opción de vida. Pero Israel ofrece mucho más. Al ser una startup nation (un concepto económico ligado al progreso israelí), estaba dentro de mi ADN de ser emprendedor. Era muy factible para mí y mis hijos», sigue. El empujoncito final no fue por la crisis del coronavirus y su coletazo adquisitivo. Para explicarlo, aunque siga acá, ya habla en pasado.

«Fue por cómo se maneja todo en este país. A nivel político, a nivel seguridad, a nivel educación. Cada vez que teníamos que tomar una decisión lo pensábamos ocho veces. Todo tenía una implicancia en la que te veías perjudicado. La ecuación era: algo que puede salir bien o mucho que puede salir mal«.

Tiene 41 recién cumplidos y hace un año se mudó de Villa Crespo a Paternal en busca de «más seguridad». Y no la encontró. Se va a Gedera, al norte israelí. «La ciudad es súper completa, con su parte moderna y antigua, al lado del mar. Soñábamos con mi esposa alguna vez vivir cerca del mar. Y que los chicos puedan ser libres, andar tranquilos por la calle sin que los tengamos que estar mirando con 80 ojos», cierra.

Se despide con «enojo», con la sensación de que fue «echado» de una Argentina que considera «hermosa y llena de talento», por tanta falta de oportunidades. Su hermano, que emigró hace seis meses, lo espera. Allá todavía no tiene un trabajo asegurado.

Estos dos pasajeros desconocidos emigrarán a través de Keren Leyedidut, una ONG que ayuda a nuevos inmigrantes, a los argentinos que «fueron y volvieron» porque, por ejemplo, en la crisis del 2001 su emigración fue muy vertiginosa y quieren una segunda oportunidad, a sobrevivientes del Holocausto y a minorías en Israel.

«A principio de año imaginamos que iba a haber un descenso de migrantes en el segundo semestre. Eso no ocurrió», dice Leo Naidorf, representante de la fundación.

Si bien tienen una antigüedad de 40 años, es la primera vez que participaron de la Expo Atid en Buenos Aires. El mega evento en la AMIA que hace unos días, con toda la variedad de conferencias y stands, asesoró sobre la aliá a 700 asistentes.

Más de 700 personas participaron en la feria informativa para viajar a Israel en la AMIA. Foto AJN
Más de 700 personas participaron en la feria informativa para viajar a Israel en la AMIA. Foto AJN

«Tratamos de que todo sea más planeado, que tengan más herramientas. Que no sea una nueva huída«, cuenta.

Los olim son quienes emigran y aliá es el proceso. Llegar a Israel se llega, con el viaje pago, por supuesto, y el Ulpan (curso de hebreo) desde el inicio. Pero hay distintos beneficios, como el alojamiento más apto para cada caso, según con quién se acompañe la salida. Desde los programas de estudio y los voluntariados, hasta los planes para fomentar el desarrollo profesional o laboral.

«Hay un perfil tradicional, el segmento de estudiantes universitarios o jóvenes de hasta 30, que siempre marcaron un flujo hacia Israel. Por las oportunidades que brinda la Ley del Retorno. También la clase media empobrecida, que sintió más el impacto de la pandemia: autónomos, comerciantes. Pero creció con más fuerza la cantidad de profesionales o familias jóvenes, con hijos en edad escolar, que no están en una mala situación económica. Que buscan nuevas perspectivas, otro clima social», detalla Naidorf.

Esa normativa, vigente desde 1950, establece la opción de obtener la ciudadanía para judíos que viven fuera del Estado de Israel. A diferencia de países de Europa que otorgan ese derecho a distancia, es válida siempre y cuando residan en tierra israelí de forma permanente.

El proceso migratorio dura de 6 meses a un año. Se reconoce como personas judías a quienes nacieron de vientre judío, tengan alguno de sus padres o abuelos con identidad judía certificada, se hayan convertido al judaísmo o se hayan casado con personas judías, algo que tiene sus condiciones particulares.

Una vez que llegan, la ciudadanía es inmediata. Con cobertura en salud pública, derechos previsionales y un paquete de estímulos que se llama período de absorción. ​Justamente, administrado por el Ministerio de Absorción, ese dispositivo que se activa por seis meses para aprender hebreo de manera intensiva (5 horas por día, de domingo a jueves), pasando por ayuda económica e impositiva.

La educación primaria y secundaria es gratuita. Hay facultades públicas y privadas, pero aún las públicas son pagas y caras. Quienes emigran con hasta 27 años tienen cubierto el costo de una carrera universitaria por tres años. Hasta los 29, de un posgrado. Si se emigra entre los 18 y 22, hay un compromiso obligatorio y diario con el Ejército, en distintas áreas y modalidades.

Einav Litvak, de 27 años, es una de esas profesionales que emigran. Se fue hace un año desde Ramos Mejía, zona oeste del conurbano, pero porque vio ventajas en ciencia y tecnología.

Einav Litvak tiene 27 años y emigró hace un año.
Einav Litvak tiene 27 años y emigró hace un año.

«Las posibilidades son infinitas, pero es más un tema económico. En Argentina hay profesionales con capacidades increíbles que no tienen forma de llevarlas adelante. No hay de dónde sacar plata. Acá contamos con más recursos. Desde lo educativo creo que el problema también viene por ahí. Estudié en la UBA y si bien el contenido teórico es excelente, muchas veces no lo podés bajar a un plano práctico. Lo mismo vi estando en el campo de la investigación allá», cuenta.

Elinav está haciendo un máster en Neurociencias en el Instituto Weizmann. Llegó por una beca y cree que al final se quedará a vivir.

 «Los argentinos tenemos buena fama en muchos ámbitos científicos porque trabajamos duro y bien. Muchas veces la falta de recursos hace que seamos más creativos y busquemos formas distintas para llegar al resultado. Es re valorable». Vive en los dormis de ese campus en Rejovot, 40 minutos al sur de Tel Aviv.

Naidorf marca otra característica de la new wave argenta hacia Israel. Una menos masiva pero que llama mucho la atención. «Adultos bastante mayores, que se van en plan de ‘reunión familiar’. Muchas veces, convocados por hijos que están radicados allá y los quieren cerca. Eso también es creciente».

AS

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