La cosecha de soja avanza a paso firme en buena parte del área agrícola nacional tras las demoras ocasionadas por las lluvias y el paro de transportistas, que afectaron su recolección durante dos semanas generando atrasos históricos en regiones productivas claves, como la zona núcleo.

Pero más allá de estos contratiempos, el ingreso de las cosechadoras a los lotes está trayendo consigo buenos resultados, con rindes por encima de lo esperado en varias áreas del país, pero también con una fuerte disparidad según la región y el planteo productivo adoptado por los productores.

A esto se sumó un aluvión de camiones a los puertos del Gran Rosario, que comienzan a darle forma a una campaña comercial que promete dejar más de US$ 21.250 millones en exportaciones.

Según la última estimación realizada por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdeC), se espera una producción total de 48,6 millones de toneladas, mientras que la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyectó un volumen a obtener es de 48 millones. En ambos casos, las previsiones se encuentran entre 500.000 y casi 2 millones de toneladas por debajo de lo registrado el año pasado, respectivamente.

La recolección en los últimos siete días mostró un progreso de 8 puntos porcentuales a nivel nacional y se ubicó en el 18,3% de las 17,2 millones de hectáreas implantadas, con un rinde promedio nacional de 37 quintales por hectárea (qq/ha).

“Si bien las labores de recolección cobran impulso y se ubican casi 4 puntos por delante de la campaña previa, aún se mantiene una demora de 11 puntos. respecto al promedio de las últimas cinco campañas”, informó la BdeC.

En cuanto a la soja de primera, la cosecha avanzó con fluidez sobre ambos núcleos, registrando rindes que promedian los 39,6 qq/ha en el Núcleo Norte y 40,5 qq/ha en el Núcleo Sur, valores superiores a los históricos. En cuanto al norte de La Pampa – oeste de Buenos Aires, “si bien se registran demoras en la recolección por falta de piso, los rindes al momento promedian los 41,4 qq/ha, superando los valores medios históricos, favorecidos por las precipitaciones acumuladas a lo largo del ciclo”.

En paralelo, la soja de segunda registró un avance del 1,3% del área apta, con el 84% de la superficie aún en pie presentando una condición de cultivo normal a excelente, indicó la entidad bursátil.

Por su parte, en la zona núcleo – región que mostraba una de las mayores demoras en la cosecha – las labores de recolección se dispararon durante la semana. Según la BCR, se cosecharon un millón de hectáreas en 7 días con un rinde promedio de 39,9 qq/ha, por lo que la producción de la región ahora se estima en 17 millones de toneladas, aunque con algunos problemas de calidad por la exposición del grano a la humedad.

El avance de la cosecha se tradujo casi automáticamente en un aluvión de camiones cargados con la oleaginosa a los puertos de Rosario. Según registros de la empresa AgroEntregas, entre el lunes y el jueves de esta semana ingresaron a las terminales rosarinas y aledañas 23.056 camiones, de los cuales 16.026 corresponden a soja.

Este salto es de consideración, ya que se pasó de un promedio de entre 3.000 y 4.000 camiones diarios cargados en su mayoría con maíz en las semanas anteriores a más de 6.000 por jornada, llenos de soja.

Los ingresos a los puertos, las playas de espera y descarga de las terminales y la ruta 11 se encuentra atiborradas de camiones con colas kilométricas, dando un paisaje que suele repetirse en esta época del año.

Una cosecha de más US$ 21.250 millones

Teniendo en cuenta una estimación de producción de 48,6 millones de toneladas, la BdeC proyecta que las exportaciones en la presente campaña comercial podrían alcanzar los US$ 21.258 millones, augurio que de concretrarse representaría un incremento respecto al ciclo anterior del 2,86%, equivalente a unos US$ 591 millones más.

Los principales incrementos se darían a partir de los despachos de subproductos, como la harina y el aceite en detrimento del poroto sin procesar. En este sentido, se esperan exportaciones de harina por US$ 9.941 millones (+ US$ 1.667 millones); de aceite por US$ 7.670 millones (+ US$ 652 millones); y de biodiésel por US$ 448 millones (+ US$ 5 millones).

En contraposición, se espera una fuerte retracción en los envíos de poroto, con una caída del 35% respecto a la campaña anterior. En total, se estiman ingresos por US$ 3.199 millones, lo que implica una merma de US$ 1.733 millones.

Según explicó a Clarín Rural el gerente general de la BdeC, Ramiro Costa, se da por un cambio en la composición del complejo sojero.

Las exportaciones del complejo sojero superarían los US$ 21.250 millones.

“Por un lado, se observa una mayor industrialización doméstica, reflejada en el fuerte aumento proyectado de exportaciones de harina y aceite. Esto sugiere que una mayor proporción de la producción se destina al crushing local, reduciendo el saldo exportable de poroto sin procesar. En paralelo, factores de mercado externo específicamente condicionados por China, que en el último año ha priorizado proveedores como Argentina y Brasil vs Estados Unidos, debido a la conocida guerra comercial: en contextos de normalización del comercio global, Argentina tiende a replegarse hacia su rol histórico de exportador de subproductos, donde posee ventajas competitivas claras”, detalló.

En cuanto a la dinámica de ventas, tanto interna como externa, Costa observó que “la comercialización por parte de los productores muestra un comportamiento más cauteloso en comparación con ciclos previos, algo esperable en las primeras etapas de una nueva cosecha. A esto se suma la incertidumbre generada por modificaciones recientes en el esquema de derechos de exportación, que aceleraron y desacelerar el ritmo de fijación de precios”.

Según los datos de la Secretaría de Agricultura y las proyecciones de la entidad bursátil, el total de compras anticipadas por parte de la industria y la exportación asciende a 12,18 millones de toneladas al 22 de abril de 2026. Al contrastar esta cifra con la producción proyectada para este ciclo, estimada en 48,60 millones de toneladas, el porcentaje vendido de forma anticipada se sitúa en un 25,1%.

“Los datos muestran un ritmo de ventas que, si bien viene algo más lento en términos relativos al inicio de la campaña, se acelera con fuerza a partir de la cosecha y converge hacia los promedios históricos. En términos absolutos, las ventas del productor para la campaña 2025/26 incluso se ubican por encima del ciclo previo en esta altura del año, lo que indica una oferta que comienza a volcarse al mercado con mayor intensidad”, marcó y finalizó: “a su vez, el ingreso de divisas mantiene una dinámica alineada e incluso en algunos meses por encima de campañas anteriores, lo que sugiere que no hay restricciones significativas en la capacidad de comercialización ni retención marcada de mercadería”.

En el lote

Pero más allá de lo que está sucediendo en los puertos y los dólares que puedan ingresar, lo más importante es la realidad dentro del lote. Es por eso que Clarín Rural decidió hacer un relevamiento con productores, contratistas y asesores de diferentes puntos del país para saber cómo avanza la cosecha y cuáles son los resultados que se están obteniendo.

Santiago Lorenzatti es asesor y productor agropecuaria que se desempeña en el centro-este de Córdoba (zona de Monte Buey) y centro-sur de Santa Fe (Monje y Barrancas).

En Monte Buey, la soja de primera ya se cosechó, con rindes disímiles entre sí, dependiendo la calidad del lote y la afectación que tuvo durante la falta de lluvias y altas temperaturas que se registraron durante el comienzo del año.

“Tuvimos un estrés hídrico y térmico muy marcado en enero, lo que hizo que la soja que se sembró temprano, que venía desarrollándose muy bien, sufriera en un momento crítico. Su impacto difiere a la calidad de ambiente en la cual se sembró la soja: en ambientes inferiores o de menor calidad, los cultivos sufrieron los mayores recortes en el rendimiento, con productividades de 3500 kilos por hectárea”, detalló Lorenzatti.

No obstante, “el grueso de los lotes estaban en mejores ambientes, que si bien también tuvieron un recorte, pudieron estar en torno a los 4000 o 4500 kilos por hectárea, mientras que en los ambientes superiores, con napa, estuvieron por encima de los 5.000 kilos”, puntualizó.

En cuanto a la soja de segunda, que se sembró detrás del trigo, tuvieron “un desarrollo aceptable con rindes medios a medios bajos, pero que vienen a complementar un trigo que en la mayor parte de la región fueron excelentes”.

“Ese cereal entregó un perfil de suelo totalmente vacío, y la soja que se sembró se hizo con las poca lluvias que hubo. Sin embargo, se lograron rendimientos entre 2.700 y 3.000 kilos, que sumados a los 7.000 kilos de trigo que hubo anteriormente, fue un doble cultivo muy bueno”, sintetizó el especialista.

Soja en Monte Buey. A pesar de algunos recortes en el rinde por la sequía y las altas temperaturas del verano, se obtuvieron buenos rendimientos en la zona.

En cuanto a la zona de Barrancas y Monje, “el panorama fue parecido: sufrimos sequía y calor extremo, pero con peores suelos, por lo que fue mayor la caída de rendimiento. Según la estrategia por la que se optó, en especial el momento en el que se sembró, se pudo tener una campaña aceptable o mala”.

Allí, los rendimientos de los campos familiares que trabaja fueron de 4.000 kilos para la de primera, 3.800 kilos para las tardías y de entre 2.900 y 3.500 kilos para las de segunda, una productividad buena si se toma en cuenta la excelente campaña de trigo.

Adrián Rovea es asesor CREA en la zona de Teodelina y Ascensión, en el sur santafesino. Según comentó a este medio, en estos momentos se está cosechando a “toda máquina” ahora que el clima lo permite. La demora en las labores fue de, por lo menos, dos semanas.

Pero a pesar de esto, “los rendimientos son buenos, por encima del promedio”, destacó Rovea.

En este sentido, graficó que “las sojas de primera están entre los 4.000 y 5.500 kilos por hectárea, dependiendo de la calidad del suelo, mientras que las de segunda, teniendo en cuenta lo poco que se lleva cosechado, están entre 3.000 y 4.000 kilos. La verdad es que son muy buenos resultados, un 15% por encima del promedio histórico”.

“Además, se está avanzando bien en la recolección, porque no tenemos problemas de caminos por las lluvias, más allá de que los caminos están destruidos ya de por sí. Hay que tener en en cuenta que en abril llovió dentro del promedio y en mayo tuvimos una lluvia chica de 30 mm”, concluyó Rovea.

En Bandera, Santiago del Estero, recién comienza la cosecha, demorada por las abundantes lluvias de las últimas semanas.

Pablo López Anido es productor de la zona de Bandera y asesor en Quimilí, ambas localidades en Santiago del Estero, una provincia en la cual las lluvias se hicieron presente en las últimas semanas de manera contundente.

“En la zona de Bandera arrancó la cosecha en algunos campos. Durante abril las precipitaciones dejaron acumulados de hasta 700 mm, por lo cual hay muchos problemas de piso, con zonas muy complicadas. En muy pocos campos se puede cargar soja, porque no hay caminos. Entonces donde se haga, se tiene que hacer sobre los que tienen salida al pavimento”, relató López Anido.

No obstante, destacó que “los rendimientos son los esperables, más o menos, 3000 kilos. En la medida que no llueva durante la semana que viene, no va a haber mayores problemas, pero estamos muy justos en ese tema, hay mucha agua”.

En Quimilí, por el contrario, “hay una buena cosecha y se está haciendo sin problemas porque hay piso en esa zona”, con rindes que van entre 3.400 y 4.200 kilos.

Por su parte, Pierre Courreges, asesor CREA de General Villegas, en la provincia de Buenos Aires, subrayó los buenos rindes que se obtuvieron en la zona, gracias al “excelente año climático que tuvimos”.

“Más allá de que en los últimos días cayeron 300 mm y hay campos complicados para cosechar y parte se está embolsando por falta de caminos, los lotes buenos están 5.500 kilos. Estamos viendo un muy rendimiento en general”, sostuvo.

Sin embargo, advirtió que “recién empieza la recolección, con apenas 5 días de cosecha plena”.

Daniel Barcelonna trabaja 13.000 hectáreas en la zona de Tandil, Olavarría y Azul, y, como a tantos otros, el clima le jugó una mala pasada con la soja.

En Tandil, el cultivo fue golpeado por la falta de agua durante el verano.

“A cualquier cultivo que le haya faltado agua, la posibilidad de tener buenos rendimientos se trunca. Sabemos que la zona no es sojera y nunca vamos a tener rindes como los de Pergamino o el sur de Santa Fe. El histórico nuestro es alrededor de 2800 o 2900 kilos, que es lo que se usa para hacer los márgenes de soja y una soja de segunda entre 1500 o 1800, independientemente si están hecha sobre cebada o trigo”, explicó..

Teniendo en cuenta este panorama, Barcelonna detalló que en soja de primera, “todo lo que fue enero o febrero no hubo registro de lluvias, con un verano muy caluroso y ventoso. Las plantas sacaron agua de las napas, pero lo que vemos es que la seca no perdonó ni grupo de maduración de soja, sea RR o Enlist. Nosotros estamos en 2.200 kilos, perdiendo entre 600 y 700 kilos”.

Pero más allá de la mala productividad en los planteos de primera, la de segunda “está bastante mejor, porque en marzo empezó a llover. En la zona cayeron 400 mm con días muy cálidos, por lo que la soja tuvo su posibilidad de recuperar floración y nos dio una chaucha extra a lo que venía dando otros años. Por eso esperamos que sea mejor a lo que vamos a tener en soja de primera. Los que sembramos en diciembre, podemos esperar hasta 2.000 kilos, pero lo que implantamos en enero, si dan 1.000 kilos, podemos festejar”.

Soja en Pergamino. Los rindes se ubicarán por debajo del promedio.

En la misma línea, Ariel Bianchi, productor de la zona de Pergamino, Ramallo y San Nicolás, aseguró que los resultados obtenidos no han sido buenos debido al impacto que sufrió el cultivo por la falta de agua y las altas temperaturas durante el verano.

“Los primeros lotes que se han cosechado de soja dieron entre 0 – no se cosecharon – y 500 a 1.000 kilos, afectado por la seca. Después, los lotes de primera sembrados un poco más tarde mejoran un poco, con 2.000 a 2.500 kilos y lo que es la de segunda también viene floja, con estimaciones que van de 1.000 a 1.500 kilos. Estamos muy por debajo de lo normal”, indicó.



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