Está claro y a esta altura probado que los datos duros y concretos cuentan el estado y la marcha de la economía de un modo más cercano a la realidad y a la percepción de la gente. Esto es, una descripción si se quiere más precisa que aquellas generadas por un montón de palabras y que no siempre coincide con la de algunos analistas y prefiere el Gobierno.

Para empezar, la situación de tres sectores que representan entre el 36 y el 37% del del PBI, o sea, la tercera parte de la economía productiva y que, por lo mismo, son considerados piezas fuertes en la creación de empleos en blanco, generalmente bien pagos y con aportes jubilatorios: de los buenos, en un sistema acosado por la informalidad y la precariedad.

De mayor a menor, en ese cuadro aparecen la industria manufacturera que aporta cerca del 16% al PBI; el comercio, con el 15,5% y la construcción, sacudida por el parate ajustador de la obra pública, con algo más del 4%.

Según estadísticas del INDEC de estos días, pese al leve repunte en la medición contra diciembre de 2025 el índice industrial promedio aún está 5,5% por debajo de mayo del 2025, con caídas interanuales todavía más profundas que tocan a textiles, automotores y maquinaria y equipos: del 17,7%; 9,6% y 13,5% respectivamente.

Siempre datos duros aunque fatiguen, lo que sigue plantea que el uso de la capacidad de producción de la industria manufacturera se ha achicado al 53,6% o, si se prefiere, que la capacidad de producción ociosa, sin utilizar, anda por el 40%, el peor registro desde marzo del 2020. Algo semejante ocurre con la construcción, también embretada en un sube y baja con más bajas que subas y sin salida a la vista.

Previsible por donde se mire, tratándose de sectores definitivamente productivos, el saldo canta una fuerte pérdida de empleos. En cálculos de la consultora LCG, suman 41.000 registrados, en blanco, desde marzo 2025, o sea, en poco más de un año, y nada menos que 216.000 contra noviembre del 2023, es decir, respecto de la estructura laboral previa al desembarco de la llamada revolución libertaria en la Casa Rosada.

Sin contar el comercio, ahí ya tenemos 78.200 bajas en la actividad industrial y 60.000 en la construcción. Y agregada, una demanda de políticas que apuntalen un ciclo de crecimiento económico sostenido capaz de torcer el rumbo de las cosas.

Nada que se diga distinto ocurre en actividades que son generadoras de divisas, beneficiadas por la baja del riesgo país y poco demandantes de empleo, supuestamente favorecidas o preservadas, además, por políticas oficiales. En cualquier caso, entre la intermediación financiera, la agricultura y ganadería y la minería y los hidrocarburos informes privados con fuente en la Secretaría de Trabajo cifran en 13.400 los puestos que desaparecieron de ese mapa.

Más del mismo panorama, las ventas en supermercados de cadena cayeron 6,4% en junio según la consultora especializada Scentia y el consumo de carnes, incluida la carne vacuna, descendió al nivel más bajo en una década de acuerdo con relevamiento de las cámaras sectoriales.

Conclusión: cuesta encontrar de dónde sacan los funcionarios eso de que la economía argentina ya se subió al tren de la reactivación y del crecimiento y que va camino de “los mejores años”. O aquellos que estos días pregonan que “todos los números dan bien”, cuando los del propio INDEC cuentan lo que cuentan.

Finalmente, la bendita desinflación que el mileísmo también da por descontada a partir del retroceso que implicó el 2,1% de mayo respecto del 2,6% de abril, aunque la baja relativa ocurrió después de 8 meses de subas consecutivas y sin salir de la zona del 2% que no es precisamente una zona de confort. Además, mayo 2026 contra mayo 2025 canta 33,2 % interanual.

Sólo para ver por donde andamos, los mismos indicadores que aquí marcan 2,1 y 33,2% en Brasil anotan 0,58 y 4,72% respectivamente; 0,2-3,9% en Chile; 0,26-3,53% para Perú y 0,21-3,94% en el México mundialista. Nada de otro mundo ni obviamente del Primer Mundo; todo de acá cerca, del vecindario y por cierto bien distinto de nuestra performance.

Tal cual aconseja el propio presidente Milei, hay que poner el foco en los datos para ver lo que pasa en vez de guiarse por lo que dicen los economistas; se entiende, los economistas críticos. Pregunta: ¿aconseja o aconsejaba, viendo el paquete completo, las internas y ciertas maniobras con olor a corrupción que salpican al universo libertario?



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