“Pónganle la raya al tigre porque hoy vamos a construir la patria milagro”. Con la camiseta amarilla de la selección de fútbol colombiana, como usó en gran parte de su campaña, rodeado por su esposa y sus cuatro hijos, Abelardo De la Espriella amaneció temprano y, antes de ir a votar, envió un mensaje en video por sus redes sociales, ya en postura de ganador.

El líder de la derecha libertaria llega a la presidencia de Colombia tras una carrera meteórica, menos de un año después de su debut en política. Ahora viene lo más difícil: mostrar desde la Casa de Nariño que podrá desplegar la misma destreza y capacidad para gobernar un país de más de 53 millones de habitantes que enfrenta desafíos complejos.

Hace un año, este abogado penalista era conocido por su exitosa carrera profesional y sus excentricidades, lejos de cualquier aspiración política. Pero decidió postularse a la presidencia de Colombia cuando el país estaba en “sus horas más oscuras”, en referencia al gobierno socialdemócrata de Gustavo Petro.

De la Espriella creó en julio de 2025 el movimiento Defensores de la Patria, y lanzó una campaña arrolladora, con tintes de espectáculo, provocadora, con fuerte presencia mediática y sobre todo en las redes sociales.

En apenas once meses arrebató a los partidos tradicionales el liderazgo de la derecha colombiana y sorpresivamente ganó la primera vuelta del 31 de mayo con el 43,78% de los votos, por encima del hasta entonces favorito Iván Cepeda, el candidato oficialista que quedó segundo con el 40,98%.

Admirador de Donald Trump y donante del Partido Republicano, De la Espriella hizo fortuna como abogado defensor de clientes controvertidos, como el empresario venezolano Alex Saab, señalado como testaferro de Nicolás Maduro, ahora detenido en Estados Unidos, o David Murcia Guzmán, protagonista de la mayor estafa piramidal de Colombia. También defendió a deportistas y estrellas del espectáculo.

También tiene gran afinidad con el presidente argentino Javier Milei, con quien habló por teléfono esta semana y a quien ha elogiado por su política de “motosierra” para recortar el gasto del Estado.

Con 47 años y un estilo desfachatado, lenguaraz, promete “poner orden” en el país. Se ha presentado en su campaña como el Tigre feroz que vencerá a sus detractores.

A quienes le critican que nunca ha ocupado cargos públicos, les responde que es una ventaja porque lo libra de compromisos con políticos y grupos económicos, y subraya que su experiencia está “en ser exitoso” como empresario y lo mismo hará en el gobierno.

Imagen y lujos

Puntilloso con su atractivo físico, no oculta su gusto por la ropa elegante y viaja cada año a Italia a comprar trajes de las marcas más exclusivas. Admitió tiempo atrás en una entrevista que se hizo un implante de pelo porque tiene una cabeza “que se ve horrible calva” y suele estar muy pendiente de su imagen.

También es un apasionado por la comida gourmet y puede gastar cientos de dólares en una comida con amigos en restaurantes de lujo.

El éxito en su estudio de abogados, que lo convirtió en millonario, lo llevó a crear la marca “De la Espriella Style”, que define como “un espacio para celebrar la ‘dolce vita’, el buen gusto y las cosas que se hacen con pasión”. Eso incluye marcas propias de ron, vino y una línea de indumentaria masculina para compradores de alto poder adquisitivo. Además tiene propiedades en Bogotá, Barranquilla, Córdoba, Magdalena, Tolima y Miami.

Abelardo de la Espriella fue a votar este domingo junto con su esposa y sus cuatro hijos. Foto: XINHUA

Nacido en Bogotá el 31 de julio de 1978, se crió en Montería, capital del departamento de Córdoba, en el noroeste del país. En su casa se respiraba política. Su padre fue diputado del Partido Liberal, aspiró sin éxito dos veces a la gobernación de Córdoba y una vez al Senado.

Desde muy chico le gustó destacarse. Según contaron algunos de sus maestros al sitio digital La Silla Vacía, Abelardo era a la vez el “niño brillante” y el “niño insoportable”. Desafiaba la autoridad, buscaba protagonismo y parecía incapaz de pasar inadvertido.

En un colegio de Montería cursó el secundario y luego se graduó como abogado en Bogotá.

De la Espriella también tiene ciudadanía italiana y estadounidense, un dato que generó polémica en la campaña y dio pie a una discusión entre juristas sobre si eso era un impedimento para ser presidente de Colombia. Pero la justicia electoral desestimó los cuestionamientos y dio luz verde a su candidatura.

Saludo militar e invocaciones a Dios

En muchos de sus actos políticos apareció detrás de un cristal antibalas y con saludo militar se ha convertido en un fenómeno político con una campaña que adoptó símbolos que aluden a la identidad nacional, como la camiseta de la selección de fútbol y la bandera nacional. Tampoco ahorró invocaciones a Dios, y ha conquistado a buena parte del electorado católico y evangélico, que lo ven como una especie de salvador, con sus posturas contra el aborto y lo que llama “ideología de género”. Criticado por comentarios y actitudes machistas, también promete “combatir con mano de hierro a los delincuentes y a los corruptos”.

En actos políticos que parecían espectáculos ambientados con fuegos artificiales y rugidos de tigre, ha prometido “reconstruir la República”, recuperar la seguridad, defender la democracia “por la razón o por la fuerza” y convertirse en “enemigo acérrimo” de la izquierda.

Está casado desde 2008 con la administradora de negocios Ana Lucía Pineda, con quien tiene cuatro hijos: Lucía, Salvador, Filippo y Francesca.



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