La casa natal de Adolf Hitler en Austria se inauguró oficialmente el miércoles como comisaría de policía, en un intento por acabar con el atractivo del edificio como lugar de peregrinación para quienes glorifican al dictador nazi.

Una piedra conmemorativa permanecerá en el exterior de la vivienda en Braunau am Inn, cerca de la frontera con Alemania, con la inscripción: “Por la libertad y la democracia. Fascismo nunca más. Millones de muertos nos lo recuerdan”.

Hitler nació en el edificio el 20 de abril de 1889. Su familia se mudó a otra residencia en Braunau am Inn apenas unos meses después, antes de establecerse temporalmente en Passau, en el sur de Alemania.

Impulsado por el fanatismo racial, el régimen nazi de Hitler asesinó aproximadamente a 6 millones de judíos y a otras minorías y grupos durante el Holocausto. El dictador desató la Segunda Guerra Mundial, en la que murieron al menos 60 millones de personas. Se suicidó en abril de 1945, poco antes del final de la guerra.

“La República de Austria, el Estado y el distrito afrontan este legado, el terrible legado de aquella época, y se comprometen a abordarlo”, manifestó el ministro austriaco del Interior, Gerhard Karner, durante la ceremonia de inauguración de la comisaría el miércoles. “Esto incluye esta casa y esta dirección”.

La renovación del edificio duró varios años y costó alrededor de 20 millones de euros (22,8 millones de dólares), según la agencia de noticias austriaca APA. Estuvo precedida por años de tira y afloja sobre la propiedad de la casa.

La cuestión de la propiedad se resolvió en 2017, cuando el máximo tribunal del país dictaminó que el gobierno estaba en su derecho de expropiar el edificio después de que su propietario se negara a venderlo. Se descartó una propuesta para demolerlo.

El edificio había sido alquilado por el Ministerio del Interior desde 1972 para evitar su uso indebido y se subarrendó a diversas organizaciones benéficas. La estructura quedó vacía después de que un centro de atención para adultos con discapacidad se mudara en 2011.

El gobierno austriaco señaló que el mejor uso que se le podía dar era como sede de la policía, garante de las libertades civiles. Pero los críticos afirman que el inmueble, tal y como se conserva actualmente, carece de contexto histórico.

Una comisión de expertos se pronunció en contra de convertir el edificio en un museo y, en su lugar, abogó por un rediseño que no fuera fácilmente reconocible.

El ocre amarillento del edificio se cambió por blanco, las ventanas arqueadas fueron sustituidas por formas rectangulares sencillas y la fachada se amplió hacia arriba. Los escombros de la obra se desecharon en un lugar secreto para garantizar que no se convirtieran en una nueva fuente de recuerdos nazis, informó la APA.

En el pasado, extremistas de ultraderecha rindieron homenaje en repetidas ocasiones al “Führer”, fotografiando el edificio, llevándose piedras como recuerdos y depositando flores y coronas. En 2024, cuatro alemanes fueron sorprendidos colocando rosas blancas en los huecos de las ventanas del edificio y posando para fotos, incluida una mujer que hacía el saludo hitleriano con el brazo en alto.



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