La argentina detenida en Japón con 100 cápsulas de cocaína en su estómago tendría antecedentes por querer mandar droga al Mundial de Qatar


Entre agosto de 2021 y abril de 2022 una banda intentó mandar tres encomiendas con cocaína al sudeste asiático. Dos tenían como destino el Reino de Malasia y otra Bangkok, Tailandia. ¿Casualidad? No. Las organizaciones narco internacionales habían comenzado el acopio para proveer la demanda durante el Mundial de Qatar de 2022.

Los envíos fracasaron porque la droga fue detectada por lo escáneres de Fedex y DHL, los correos privados que habían recibido los paquetes. En total se secuestró casi un kilo y medio de cocaína (exactamente 1.360,94 gramos).

Por el caso hubo una detenida, una argentina que vivía en la villa 1-11-14 del Bajo Flores y que el 18 de noviembre de 2022 fue condenada a tres años de prisión en suspenso por el Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 1.

La mujer firmó un acuerdo de “juicio abreviado” con el fiscal y aceptó su responsabilidad en el intento de contrabando, a cambio de una pena menor.

La historia parece una más, pero un detalle le da actualidad: esa mujer condenada en 2022, llamada Rosa Micaela Quipildor (30), sería la misma que este fin de semana cayó en el aeropuerto Haneda, de Tokio, Japón, donde se se descubrió que llevaba sus intestinos llenos de capsulas de cocaína: 101 capsulas por valor de mas de 150 mil dólares.

Al ser detenida Rosa Micaela Quipildor -madre de tres hijos- dijo que alguien que había conocido de casualidad le había propuesto hacer de mula por 7.000 dólares. A Japón llegó desde el aeropuerto de Heathrow, en Londres.

Las cápsulas las habría ingerido en Brasil, donde recibió los paquetes, según ella misma dijo a la Policía Metropolitana de Tokio, que la derivó a un hospital donde le hicieron una placa de rayos X y descubrieron el cargamento en su cuerpo.

“Una mujer que conocí en un festival en Argentina me propuso un plan para ganar dinero mediante el contrabando y me presentó a un hombre”, habría sostenido la mujer durante la conversación con los agentes policiales que la detuvieron.

Sin embargo, ahora se investigan sus antecedentes por causas de drogas.

El fenómeno de las mulas que reparten droga por el mundo

En febrero de 2025 un caso conmocionó tanto como ahora el de Quipildor: el peruano Diego Edson Morales García -detenido en Ezeiza- había salido de Lima (Perú) para encarar un viaje de un día y medio (pasando por cuatro aeropuertos) con sus entrañas llenas de cocaína. Eso, sin comer y lleno de pastillas de carbón para no expulsar la droga antes de tiempo.

El hombre fue descubierto porque su recorrido llamó la atención de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), al igual que su flamante pasaporte y su inocultable nerviosismo cuando lo apartaron para revisarle el equipaje. Tras las reveladoras imágenes del escáner, quedó detenido y fue internado en el Hospital de Ezeiza.

Morales García permaneció cuatro días en terapia intensiva, de manera preventiva. En ese tiempo expulsó 90 cápsulas que pesaron 698 gramos de cocaína. Durante esos cuatro días, un policía permaneció a su lado acompañándolo al baño y haciendo un acta por cada deposición.

Hace una década, los ingestados fueron un boom. Las organizaciones narco no sólo las usaban para sacar cocaína a Europa o destinos más exóticos, sino también para entrarla a Argentina desde Bolivia o Perú.

La modalidad dio paso luego al contrabando a través de correos privados pero, según los especialistas consultados por Clarín, en los últimos años el número de capsuleros detectados en Ezeiza se viene incrementando nuevamente.

Las cápsulas que le sacaron del cuerpo.

En su momento, fueron muy impactantes las escuchas a la banda del peruano Marco Antonio Estrada Gonzáles -alias “Marcos”, capo de la villa 1-11-14 del Bajo Flores-, en las que dos cuidadores relataban con desesperación cómo se les estaba muriendo una “mula” que acababa de llegar de Lima.

Esos eran tiempos en los que en la Ciudad de Buenos Aires aparecían cuerpos eviscerados: “mulas” que habían muerto por la rotura de alguna cápsula. Eran vaciadas y sus cuerpos descartados en algún basural.

El COVID-19 anuló por completo el tráfico a través de “mulas” y más aun las ingestadas, debido a los controles sanitarios. Tanto fue así que en los números de Aduana no hay registros de “capsuleros” en 2020 y 2021.

La primera “ingestada” post pandemia fue una mujer paraguaya en 2022: llevaba 10 kilos de cocaína en el doble fondo de una valija y 484 gramos en sus intestinos.

Hace una década, los casos de “mulas” en Ezeiza llegaron a ser tantos -hasta tres por día detectados por Aduana- que las autoridades sanitarias de la Provincia de Buenos Aires crearon un equipo especial en el hospital provincial Alberto Eurnekian, de Ezeiza.

Detalle: hay que tener en cuenta que el kilo de cocaína máxima pureza se puede cotizar en Europa a unos 55 mil euros y en Australia o Nueva Zelanda se llega a pagar 300 mil euros y un numero similar en oriente donde algunos países tienen pena de muerte para el trafico de drogas.

Para los narcos, pagarle entre 5 y 10 mil dólares a una persona para que arriesgue su vida tragando cocaína sigue siendo un negocio redondo. Ante todo, la ganancia.



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