Aunque aún falta que algunas compañías presenten sus resultados del segundo trimestre, la última tanda de balances corporativos de empresas locales que cotizan en la bolsa, dejó una foto nítida de cómo marcha la economía en la era Milei.

La recuperación es a dos velocidades. Por un carril rápido corren las compañías dolarizadas, las exportadoras y las energéticas apalancadas en Vaca Muerta, que lograron traducir la desregulación de precios y la mayor escala operativa en ganancias extraordinarias. Por el carril lento transitan aquellas firmas atadas al bolsillo del consumidor local, a las estructuras tarifarias que todavía lidian con costos al alza o a un crédito bancario en pesos que todavía no termina de traccionar.

El ganador indiscutido de la temporada de balances fue YPF. La petrolera estatal ratificó su papel de estrella del panel líder y reportó un EBITDA ( ganancias netas antes de pagos de impuestos) ajustado récord de US$ 2.800 millones ( lo que presenta un crecimiento de casi 150% interanual) y una ganancia neta de US$ 1.200 millones, con una generación de caja libre por US$ 824 millones.

Vaca Muerta ya explica el 80% de su producción total, con un costo de extracción (lifting cost) ultra competitivo de apenas USD 4 por barril. Analistas de Adcap Grupo Financiero destacaron que se trató de un “trimestre récord que superó holgadamente las estimaciones de mercado, traccionado por la aceleración en Vaca Muerta, precios internacionales y márgenes extraordinarios en Downstream”.

Esa misma solidez operativa se trasladó al resto de los gigantes energéticos. Pampa Energía anotó un EBITDA histórico de US$ 415 millones (+73% interanual), apalancada en el despegue de su bloque no convencional Rincón de Aranda y en los mejores precios del mercado eléctrico mayorista desregulado.

Por su parte, Central Puerto registró un salto del 136,2% interanual en su EBITDA ajustado gracias a los precios spot invernales y a la dolarización total de sus contratos de venta de energía. Según remarcó el equipo de Delphos Investment, la generadora coronó un “excelente desempeño operativo gracias a precios spot invernales, márgenes de autoabastecimiento de combustibles e ingresos 100% dolarizados”.

El campo también aportó lo suyo con una cosecha que derramó directo sobre la agroindustria. Molinos Agro capitalizó la molienda a capacidad plena y márgenes extraordinarios en soja y girasol, con ventas que treparon a $1,08 billones (el 88% orientado a la exportación) y una ganancia neta de $45.961 millones.

En el terreno de los servicios públicos y las telecomunicaciones, las fórmulas de actualización y la disciplina financiera jugaron su papel. Edenor exhibió una suba del 94% interanual en su EBITDA semestral de la mano del ajuste mensual en términos reales del Valor Agregado de Distribución (VAD) y la compra del 70% de MetroGAS.

Economistas de la consultora Grit subrayó la “consolidación de la normalización regulatoria con fórmulas de ajuste real por encima de la inflación, indicadores de calidad en mínimos históricos de cortes y la compra transformacional del 70% de MetroGAS”.

En paralelo, Telecom Argentina ganó $182.557 millones y revirtió las pérdidas de 2025 tras aplicar una poda profunda sobre sus costos de mantenimiento y personal, una maniobra que en Portfolio Personal Inversiones (PPI) definieron como una “reversión completa de pérdidas tras un severo ajuste de costos y eficiencia en gastos laborales y de mantenimiento”.

En la otra mitad del panel, los balances reflejan las tensiones propias de la microeconomía doméstica. El caso de Morixe es el espejo más claro del freno en el consumo masivo. Si bien la empresa expandió sus ingresos consolidados a partir de compras estratégicas el negocio local cerró el semestre con pérdida operativa (-$374,5 millones).

La suba de fletes, los mayores gastos comerciales y el peso de las deudas financieras derivaron en un rojo neto consolidado de $2.357,6 millones y una quema de caja operativa superior a los $5.445 millones.

La intermediación financiera tampoco logró despegar. Grupo Supervielle reportó una rentabilidad sobre el patrimonio (ROE) de apenas 4,4%, todavía condicionada por los desembolsos de su plan de retiros voluntarios y achique de sucursales (-17,2% en dotación), a lo que se sumó una retracción del 3,6% trimestral en las colocaciones de crédito en pesos.

El pelotón de rezagadas lo completaron las transportistas. En TGN, la caída del 9,6% en despachos y los mayores costos de mantenimiento recortaron un 8% su EBITDA trimestral. Transener vio caer su margen EBITDA al 63% por un desvío del 18% en costos operativos, mientras que TGS cerró un trimestre mixto: la solidez del transporte amortiguó la baja del 16% en su ganancia neta frente al encarecimiento del gas para su negocio de líquidos.



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