Este jueves se conocerá la cifra de actividad de junio. Por fuera del número mensual que para las consultoras mostrará un repunte leve, el primer semestre reflejará una fuerte desaceleración de la economía. Básicamente, la actividad pasó de crecer cerca de 6% anual en los primeros seis meses del año pasado a alrededor de 1,5% en este primer semestre se verá mañana en las estadísticas del Indec. Quiere decir que la actividad creció un cuarto de lo que crecía el año pasado más allá de la base de comparación.
Esto explica a su vez otro dato pero que publicó este martes el Ministerio de Economía: el superávit primario descontando el impacto de la inflación cayó 17,6% en el acumulado hasta julio. Este retroceso es consecuencia de la caída de los ingresos tributarios por la menor actividad.
En el FMI las miradas están puestas más sobre esto último y no tanto sobre el dólar. “Con esto te vamos a pagar”, le dijo una fuente importante a Kristalina Georgieva mientras caminaban por Vaca Muerta, durante la visita de la 1 del FMI semanas atrás. La Argentina el año que viene, créase o no, llevará gas desde allí a los hogares alemanes y abastecerá su demanda interna de combustible con la mitad de los barriles de producción petrolera pudiendo exportar el resto. “Los dólares no me preocupan”, respondió Georgieva mirando el horizonte.
El FMI lo sabe bien: si la actividad sigue desacelerándose, el cumplimiento de la meta fiscal descansará en mayor medida en el control del gasto dada la ausencia del Gobierno para subir impuestos. Y en ese caso el apoyo político y social del plan podría correr riesgos. Una cuenta que hace el FMI es la siguiente: sin los ingresos de las privatizaciones el superávit fiscal hasta julio es 26,6% real menor al de 2026, calculó el economista Nadín Argañaraz.
Los datos de actividad de junio de mañana son papel viejo. Pero los de julio no ofrecieron un panorama mucho más alentador. Como positivo, la recaudación ligada a la actividad rebotó por segundo mes seguido, las importaciones de Brasil crecieron, también las ventas de la CAME y los patentamientos de motos. Como negativo, los despachos de cemento retrocedieron, el índice de la construcción lo mismo, la producción y patentamiento de autos bajaron y las exportaciones a Brasil y el crédito al consumo también. Para agosto muchos están proyectando una mayor desaceleración de la industria por el incremento de los costos energéticos.
Los privados anticipan un crecimiento de entre 1,9% y 3% de la actividad para este año. De ahí que Santiago Bausili mostrara su preocupación la semana pasada: la actividad crece menos de lo que desearía el Gobierno.
“Estamos delante de un panorama muy exigente”, puso ayer Outlier sobre el cumplimiento de la meta fiscal con el FMI. El mismo Luis Caputo admitió no haber casi margen para recortar más el gasto.
Para dilucidar cómo transcurrirán los próximos meses de la política y la economía convenga quizás tener en mente los siguientes dos parámetros en el proceso de toma de decisiones de Javier Milei: primero, la prioridad del Presidente es estabilizar la economía (festejó ayer la caída de la inflación mayorista) y, segundo, evitar decisiones que puedan venir de buenas intenciones pero que retroalimenten una mayor dolarización de portafolio de los argentinos: llámese Plan Platita, baja de encajes o colocación de deuda que deje pesos sueltos por ahí.
Foco y paciencia podrían ser los dos ejes que resuman la estrategia del Gobierno y que encaja en lo que suele decir Ernesto Talvi. El economista-asesor de Caputo no hace declaraciones, pero días atrás participó de un almuerzo cerrado entre economistas del mercado y académicos, entre ellos ex funcionarios del gobierno macrista, que pidieron reserva de sus nombres. Todos ellos elogiaron y rescataron la actitud del uruguayo, de escuchar y ser escuchados. Talvi ratificó lo que viene diciendo desde hace tiempo, junto a Guillermo Calvo un par de años atrás, en un seminario en el participaron juntos: la estabilización argentina se parece a la de Uruguay en los 90, economías bimonetarias, con un bajo nivel de reservas y que partieron de un alto déficit fiscal. Uruguay todo eso ya lo superó. Talvi habló en público de la importancia de blindar estos procesos de estabilización con una malla política que contenga las transiciones políticas entre un gobierno y otro de supuestos vaivenes, ya sea mediante coaliciones o consensos. Una forma de disminuir el riesgo de reversión. En un empresa de primera línea del sector energético con planes de exportación para los próximos años admiten que la principal pregunta que reciben de los inversores es la posibilidad de que Argentina gire de 180° en 2027.
La preocupación de estos se traduce en un riesgo país otra vez arriba de 500 puntos. Pero ello no pasa por las suspicacias que despierta una supuesta ausencia del Presidente de sus actividades, su salud, si su hermana maneja el Gobierno o ni siquiera el impacto macroeconómico del aumento de la mora -9% del stock del crédito según un cálculo de Fernando Marull, nucleada básicamente en billeteras virtuales que tienen casi 2 millones de personas adeudando un millón de pesos promedio y la mitad menos de $ 500.000-. El gran interrogante es cómo hará la economía para crecer con un modelo que, como dijo el economista Carlos Melconian en una entrevista con Radio Rivadavia, “encontró un límite dados los recaudos defensivos para evitar una crisis financiera que ha tomado el Gobierno”.
En el mercado falta liquidez y, se sabe, será el crédito la variable clave para reactivar y que el crecimiento vuelva a ser como aquel ‘pedo de buzo’ que se produjo tras la devaluación de 2023. Será la economía, estúpido.
