Prioridad nacional: “Primero los franceses”. Y después, vivienda, acceso a los hogares y lucha contra el “declive”; las presidenciales como una “batalla que no se puede perder para salvar nuestra cultura, nuestra civilización, nuestra forma de vida”. La líder de extrema derecha, Marine Le Pen, ha vuelto al terreno de juego y ha comenzado su larga carrera hacia las elecciones presidenciales de abril y mayo.

En un mitin celebrado en sus feudos electorales del Pas-de-Calais, en el profundo norte de Francia, en Hénin-Beaumont, Le Pen dejó de lado las polémicas por sus divergencias, reales o supuestas, con Jordan Bardella y apareció decidida a aprovechar al máximo la ventaja que ha conseguido sobre sus adversarios: en la primera vuelta supera el 34%, con más de 10-15 puntos de ventaja sobre cualquiera de sus rivales.

En la segunda vuelta se impondría a todos; su adversario más temible sería el ex primer ministro de centroderecha Edouard Philippe, que aun así quedaría unos diez puntos por debajo.

Con este capital acumulado mes tras mes, después de haber estado a punto de tener que abandonar la carrera debido a su condena penal en el proceso por irregularidades en la gestión de los asistentes del Parlamento Europeo, Marine Le Pen quiere llegar hasta el último tramo de la campaña, cuando —probablemente— tendrá que afrontar parte de ella con un brazalete electrónico.

Ante unos 2.000 seguidores, no fue un mitin centrado en atacar a sus adversarios, demasiado alejados de ella en las encuestas, sino que prefirió abordar cuestiones más técnicas que políticas.

La bandera que desplegó durante todo el discurso fue uno de los grandes clásicos del partido, desde que su padre, Jean-Marie, fundador del Frente Nacional, antecesor de la Agrupación Nacional (RN), gritaba en las plazas “La France aux Fran‡ais”, Francia para los franceses.

Y así, en el punto número uno de su programa aparece la “prioridad nacional”, definida como un “derecho natural y justo”, un “privilegio” y una “medida social”.

El principio fundamental, el credo básico del partido, es que los franceses deben “tener prioridad en su propia casa” y, por tanto —en contra de quienes consideran esto una aberración jurídica—, “tener en Francia más derechos que los demás”.

En la construcción argumental elegida para este inicio de campaña, de la precedencia obligatoria para quienes son franceses —”independientemente del color de piel, la religión o el origen”— se deriva inmediatamente el tema de la vivienda, que “será uno de los grandes proyectos de mi quinquenio”, anunció, convencida de que ganará las elecciones del 18 de abril y el 2 de mayo próximos.

El programa contempla viviendas sociales “con acceso prioritario para los franceses”, a quienes también se reservarán las ayudas estatales para la vivienda.

Propone además abolir la ley que impone cuotas de viviendas sociales a los municipios, establecer la obligación de vender “un determinado número de viviendas sociales a los franceses” y proceder a la “expulsión de las familias delincuentes” de las viviendas públicas.

Al insistir en el tema de la vivienda y en un clásico como la prioridad para los franceses, Marine Le Pen evitó cuidadosamente cualquier referencia a las polémicas que marcaron el verano y a los desacuerdos, más o menos evidentes, con el joven presidente Jordan Bardella, quien la aplaudía desde la primera fila, pero que ha tenido que asumir nuevamente el papel de “candidato a primer ministro”, después de haber ejercido durante meses como posible candidato presidencial.

Ambos han mostrado divergencias evidentes sobre la edad de jubilación, la prohibición del velo islámico y otros asuntos.

Pero hoy no hubo ninguna referencia a esos tropiezos. Por el contrario, al comienzo de su discurso, Le Pen recordó que era “el cumpleaños de Jordan”, quien cumplió 31 años entre los aplausos de los asistentes.

“El proyecto de recuperación” del país “queremos llevarlo adelante con Jordan Bardella”, añadió media hora después durante su discurso.

Las elecciones presidenciales serán “una batalla contra las fuerzas del declive”.

“Si no triunfamos, nos llevarán del declive a la caída. Es hora de detener el desplome”, afirmó Le Pen en su primer mitin, breve y centrado en cuestiones técnicas, antes del esperado baño de masas, los selfies y los apretones de manos.



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