El argentino Rafael Grossi volvió a quedar entre los candidatos favoritos para ocupar el cargo de secretario general de las Naciones Unidas, luego de una tercera votación en el Consejo de Seguridad del organismo este viernes en Nueva York, en una elección que pone en juego las tensiones geopolíticas globales. Sin embargo, Grossi perdió dos apoyos y sumó dos votos negativos respecto de la ronda anterior.

El actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), de 65 años, recibió en la votación de este viernes 5 “apoyos”, 8 “no apoyos” y 2 “no opinión” de los 15 miembros del Consejo, según pudo saber Clarín de la reunión, que sucedió en secreto y a puertas cerradas.

Una posición más comprometida

En la votación anterior, Grossi había logrado 7 “apoyos”, 6 “no apoyos” y una “no opinión” así que se considera que su posición quedó más comprometida de cara a las rondas finales que sucederán más adelante, antes de fin de año, cuando expire el mandato del actual secretario Antonio Guterres. Grossi sumó entonces dos votos negativos y perdió dos apoyos respecto de la ronda anterior.

Para imponerse al término de este proceso un candidato debe obtener al menos nueve votos y evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes del consejo (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido). El nombre será después sometido a la Asamblea General, que en la práctica suele seguir la nominación del candidato recomendado.

Hay otros diez miembros no permanentes, que no tienen derecho al veto: Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá, Somalia, Bahrein, Colombia, República Democrática del Congo, Letonia y Liberia.

Los rivales de Grossi

Los más estrechos rivales de Grossi hasta ahora son la ex canciller de Guyana, Carolyn Rodrígues-Birkett, de 52 años (que este viernes sacó 9 apoyos, 5 no apoyos y una “no opinión) y la ex vicepresidenta de Costa Rica Rebecca Grynspan (8, 6 y 1). En la anterior votación Rodrigues-Birkett había obtenido (8,3 y 4) y Grynspan 7,4 y 4.

Rebeca Grynspan. Foto: EFE

El resto de los postulantes (la expresidenta chilena Michelle Bachelet; la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa; el diplomático ugandés Olara Otunnu; el expresidente senegalés Macky Sall y la exministra de Comercio de Ecuador Ivonne A-Bak) marchan bastante más lejos.

Como es indispensable que el candidato tenga el voto de los 5 miembros permanentes hay siempre un tironeo político global que muchas veces excede a la capacidad real de los candidatos al cargo. El presidente Donald Trump avala la postulación de Grossi porque entre varios aspectos tiene un perfil más técnico y pragmático para una organización muy burocrática y que el estadounidense considera como ineficiente.

Si bien las votaciones son secretas, Grossi podría haber sido vetado este viernes por China y Rusia, como habría sucedido en la segunda ronda, más allá de alguno otro miembro no permanente. Y, aunque no ha trascendido información, no sería de extrañar que Gran Bretaña haya cambiado de posición por toda la controversia generada con el tema Malvinas.

Carolyn Rodrigues Birkett. Foto: Reuters

Pero fuentes que conocen de cerca estas elecciones señalaron a Clarín que es habitual que en esta instancia algunas potencias veten candidatos como arma de presión para negociar en las votaciones subsiguientes y definitivas.

Entre bambalinas podría haber conversaciones para titularidades en otros organismos, presupuestos o cargos, pero también cuestiones globales candentes como Oriente Medio, la guerra en Ucrania o la controversia por la Inteligencia Artificial.

En una entrevista con Clarín semanas atrás, Grossi se mostró confiado en que su candidatura era “fuerte, sólida y muy competitiva”. Y que podía tener “el apoyo de todos”. Sin embargo, en los últimos días surgieron algunas complicaciones inesperadas para Grossi.

La primera fue la fuerte irrupción de la agenda internacional del tema Malvinas, luego de que el presidente Donald Trump presionara públicamente a Gran Bretaña con abandonar la neutralidad sobre la disputa por la soberanía. En la entrevista con este diario Grossi dijo confiar en tener el voto británico, pero ahora podría estar en duda.

Otra novedad sumó una señal de alerta para el argentino. En uno de los puntos de la resolución final de una reciente cumbre del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se deslizó una frase inquietante para la candidatura del argentino.

¿Hora de una mujer para el cargo?

“A la luz del proceso de selección en curso del próximo Secretario General de las Naciones Unidas y teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes de la Carta de las Naciones Unidas, señalamos que ninguna mujer ha sido elegida jamás para el cargo de Secretario General, y solo una persona nacional de América Latina y el Caribe, y solo dos personas nacionales de África”.

El hecho de resaltar la ausencia histórica de una líder femenina en la ONU pareció una señal de aval de Rusia y China para Grynspan. Aunque podría ser apenas un gesto para Lula, que apoya la candidatura de Bachelet, que tiene pocas esperanzas de lograr un triunfo.

Argentina presentó formalmente la candidatura de Grossi a secretario general de la ONU en noviembre de 2025. El argentino es un experimentado diplomático especializado en seguridad internacional y asuntos nucleares. Fue embajador argentino en Austria y ante los organismos internacionales de Viena. Desde 2019 dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica, el primer latinoamericano al frente de la agencia.

Su principal carta de presentación para conducir la ONU es su experiencia al frente de un organismo multilateral en algunas de las crisis geopolíticas más sensibles de los últimos años, particularmente las vinculadas con los programas nucleares y la guerra en Ucrania.

También se le suma experiencia negociadora entre potencias con intereses enfrentados. “Trato temas muy sensibles y muy delicados con todos ellos, hoy, ahora”, dijo a Clarín. Y afirmó que desde su perfil técnico es “imparcial” y que eso le otorga una capacidad diferente para tener apoyo de todos.

En una presentación ante la ONU, Grossi buscó resaltar su experiencia en gestión para lograr un organismo más ágil y eficiente y a la vez promover el desarrollo profesional de las mujeres. Dijo que durante sus primeros cinco años en la OIEA consiguió elevar del 29% al 50% la proporción de mujeres en puestos profesionales en ese organismo, amplió programas y recursos sin aumentar el presupuesto regular de la agencia y desarrolló nuevas fuentes de financiamiento.

Días antes de esta tercera votación, Grossi publicó una columna de opinión en The Economist: “No soy un idealista que cree que la buena voluntad y las declaraciones pueden resolver los desacuerdos entre Estados. Tampoco soy un tecnócrata en busca del organigrama perfecto para devolverle relevancia a la ONU”. “Soy realista optimista”, afirmó.



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