Un palacio en un silencio de misa, un príncipe William “enfurecido” y un Harry callado, un día después de las revelaciones del Conde Spencer sobre el divorcio, la muerte y la organización del funeral de Diana, su hermana y frustrada reina británica, tras su muerte en Paris.
El hermano de Diana aseguró que él dice “absolutamente la verdad” de su intercambio con el actual rey Carlos, donde el actual soberano aseguró que su ex mujer pronto sería olvidada.
Una segunda parte fue publicada este viernes en el Daily Mail. Allí, el conde Spencer relata cómo la reina Isabel ofreció devolverle el titulo de Su Allteza Real a Diana tras su muerte y él lo rechazó.
Antes la reacción había sido otra. “Cuando la reina recibió las primeras noticias de que Diana había sufrido un accidente de tráfico, preguntó con irritación: ‘¿Qué estará tramando ahora?’. Esto ocurrió antes de que se hiciera evidente la gravedad de la situación”, dijo el conde.
El duque de Sussex, recién llegado al Reino Unido con su esposa Meghan y sus dos hijos, es “consciente” de la existencia del libro, pero no lo ha leído, según han informado fuentes al Mail. El jueves ignoró las preguntas de los periodistas al respecto mientras asistía a la ceremonia inaugural de los premios Invictus Spirit, en el histórico Old Royal Naval College de Greenwich. La publicación de “Swan Song: Diana, My Sister” está prevista para el martes próximo.
Palabras exactas
El conde Spencer ha insistido en que está “diciendo la verdad” sobre una llamada telefónica con el entonces príncipe Carlos, tras la muerte de su hermana, en agosto de 1997.
Charles Spencer afirma en su nueva autobiografía -publicada por entregas en exclusiva en el Daily Mail– que el entonces príncipe se refirió a su ex mujer diciendo: “Pronto nos olvidaremos de ella”, en medio de una discusión sobre la participación de William y Harry en el funeral, detrás del féretro.
El Palacio de Buckingham reaccionó con un comunicado público inusualmente contundente, señalando que el ahora rey era “consciente de que el dolor de la pérdida de un hermano puede nublar la razón, afectar al juicio y alterar los recuerdos de formas que otros no perciben, incluso muchos años después de tal pérdida”.
Sin embargo, el conde ha insistido en la veracidad de su relato, detallado en su libro de memorias.
“Puedo decirles aquí y ahora: esas fueron exactamente las palabras que pronunció”, dijo.
En declaraciones a Laura Kuenssberg, de la BBC, desde su palacio de Althorp en Northamptonshire, el conde Spencer afirmó que en aquel momento ya había comentado a amigos y familiares las supuestas palabras de Carlos, calificándolas de “monstruosas”.
“Solo he hablado por teléfono con el príncipe Charles en dos ocasiones, a lo largo de toda mi vida”, declaró. “Estaba sumamente atento a lo que decía. Esas son precisamente las palabras que pronunció, y se lo aseguro ahora mismo”.
Un libro que divide
El primer extracto sorprendente del libro acaparó titulares en todo el mundo. Está dividiendo a la sociedad, con bandos enfrentados que apoyan a una u otra parte. Muchos se preguntan por qué lo escribió ahora, 29 años después.
Es ridículo decir que lo hizo por dinero. El noble, que pertenece junto con los Westminster a la más vieja nobleza del país, vive en un palacio de 9.000 hectáreas que heredó solo él, con millonarias obras de arte y una nutrida cuenta bancaria e inversiones. Es escritor, historiador y ex periodista de la NBC.
Cuando se divorcio de Carlos, la princesa Diana perdió su título de Su Alteza Real, una profunda humillación para ella. En el extracto publicado este viernes, el conde afirma que la reina Isabel II se ofreció dramáticamente a restituir el título real de Su Alteza Real a Diana el día de su funeral. Él le dijo que no era necesario porque estaba muerta.
Charles Spencer, en una imagen de archivo. EFE/Balazs MohaiAl anunciar el libro el mes pasado, el conde Spencer declaró que, de cara al 30º aniversario de la muerte de Diana el próximo año, quería poner por escrito sus propios pensamientos y recuerdos “en lugar de pasar por el mal trago de volver a leer las opiniones de los demás”.
El cortejo fúnebre y los hijos de Lady Di
Los príncipes Harry y Wiliam, que entonces tenían 12 y 15 años, caminaron finalmente tras el féretro de Diana en el cortejo fúnebre de septiembre de 1997, junto a Carlos, el príncipe Felipe y el conde Spencer.
El conde Spencer también describe los momentos previos al cortejo fúnebre en el extracto de sus memorias.
Afirmó que Carlos “intentó tomar el mando” y sugirió que él debía caminar en el centro, con sus hijos a su derecha y a su izquierda.
Sin embargo, el príncipe Felipe -cuya “habitual brusquedad” había dado paso a la “amabilidad”- intervino, según recuerda Spencer.
El esposo de la reina Isabel le dijo a Carlos que Spencer caminaría en el medio, ya que representaba a su hermana y a la familia de ella, con William y Harry a su lado. Spencer contó que Carlos “parecía dolido, pero cedió”.
Anteriormente, según relató Spencer, se había encontrado con el príncipe de Gales por primera vez desde aquella llamada en la que Charles supuestamente especuló con que Diana “caería en el olvido” . Ambos actuaron como si aquello nunca hubiera sucedido.
Los príncipes Felipe, William, Harry y Carlos, y el conde Carlos Spencer, en el funeral de Diana, en septiembre de 1997. Foto: APMás tarde, Harry comentaría a la revista Newsweek sobre aquella decisión: “Mi madre acababa de morir y tuve que recorrer un largo camino detrás de su féretro, rodeado de miles de personas que me observaban, mientras millones más lo hacían por televisión”.
“No creo que se deba pedir a ningún niño que haga algo así, en ninguna circunstancia. No creo que eso sucediera hoy en día”, dijo Harry.
La soledad de Harry
El viernes a la tarde se publicó un segundo extracto en DailyMail.com, en el que el conde afirma que la familia real permitió que un atormentado príncipe Harry “perdiera el control”, tras la muerte de su madre.
La “falta de atención” de la familia real hacia Harry el día del funeral, y después fue denunciado por el conde. Harry creció solo, sin abrazos, muy triste y deprimido, sin nadie que lo vigilar hasta que entró a la academia militar y luego al ejército como piloto de combates Apache. Fue en dos tours a Afganistán.
Al referirse al día del funeral, escribe: “No podía dejar de pensar en lo diminuto, frágil y desolado que se veía Harry. Demasiado pequeño para pasar por aquello, pensé. Me preguntaba cómo demonios aquel niño desconsolado podría soportar el calvario de aquel momento, o cómo cabía esperar que afrontara la angustia que le deparaba la jornada”, reflexionó el conde.
El conde también relata de forma conmovedora cómo un amigo lo llevó en coche hasta la Chapel Royal, un pequeño lugar de culto situado frente al Palacio de St. James, donde se depositó el féretro de Diana los días previos a su funeral.
El pasaje dice así: “Había ido a acompañar a Diana, a solas. La luz del sol, filtrada por los altos vitrales, se proyectaba sobre el féretro, que no solo centraba la atención en la estancia, sino que me mostraba la cruda realidad de la muerte de Diana. Me senté suavemente a su lado y estuve hablando con mi hermana un buen rato. Le expresé mi amor y mi dolor, y le hice promesas en su nombre. Al poco tiempo, recordé que llevaba el discurso fúnebre en el bolsillo y se me ocurrió que debía leérselo”, sostuvo.
“En ese instante, cuando la fantasía seguramente se apoderaba de mis sentidos saturados, sentí que Diana aplaudía mis palabras con suave insistencia. Esa imagen me dio la esperanza de que, llegado el momento, realmente diría lo que ella quería que dijera” contó.
El recuerdo del funeral
En la abadía de Westminster se celebró el funeral de la princesa Diana, con la Familia real en pleno, que había bajado de Balmoral y se ha ia desplegado frente al palacio de Buckimgham para despedirla, enlutados todos.
“Más allá del féretro, en el brazo sur del crucero, se hallaban sentados, en filas compactas, los miembros de la familia real. Pensé en cómo algunos la habían apoyado en vida, mientras que otros se habían regodeado con la pérdida de rango que siguió a su divorcio”, recordó el conde Spencer.
“Vi el rostro de la princesa Michael, a quien Diana consideraba su «vecina de pesadilla”,» en el Palacio de Kensington. Esta había abordado a mi hermana después de que se le retirara el tratamiento de Alteza Real y le había dicho, con fingida amabilidad: “No te preocupes, Diana: ¡solo tienes que hacerme una reverencia cuando estemos en público!” recordó.
“Allí estaba la princesa Margarita, quien había sido una buena aliada de Diana hasta que se emitió la entrevista de *Panorama*. Margarita nunca pudo perdonar lo que consideraba un acto imperdonable de traición contra la familia real, y había decidido no inclinar la cabeza ante el féretro de Diana cuando este pasó frente a ella aquella mañana” contó el hermano de Diana.
El lugar del entierro
La reina quería enterrar a Diana en Frogmore, el cementerio real en Windsor. No era la idea de los Spencer.
“Mi familia estaba decidida a que Diana regresara a casa, a Althorp. Sabíamos que ella habría querido hacerlo. Además, tras habérsele retirado el tratamiento de Alteza Real como parte de la humillación a la que fue sometida durante su divorcio —ocurrido casi exactamente un año antes de su muerte—, Diana ya no tenía derecho a ser enterrada en el recinto real de Frogmore.La retirada de su título le había dolido. Aquella medida pretendía dejarle claro, tanto a ella como al mundo, que sus días en la realeza habían terminado” escribió su hermano en la serialización del Daily Mail.
La princesa Diana con la reina Isabel, en una imagen de 1987. Foto: AP “Ella, a quien todo el mundo reconocía como un activo excepcional para la Familia Real (a excepción de algunos de los miembros más envidiosos de la institución), debía —según ellos— resignarse a haber vuelto a las filas de los ciudadanos comunes.Al menos, aquella mezquindad sirvió para librarla de acabar en una parcela cualquiera de Frogmore” afirmó. .
“¿Dónde depositar a mi tan llorada hermana para protegerla por toda la eternidad? Decidí que el lugar más seguro serían los terrenos protegidos por los muros que, durante siglos, habían preservado la intimidad de Althorp. La isla del lago Round Oval me pareció de inmediato el sitio perfecto. Era el rincón favorito de Diana en la finca, y el agua que la rodeaba formaba un foso natural” escribió el conde Spencer.
“John y Nick, los dos guardabosques del estate , se pusieron manos a la obra y excavaron la tierra con pico y pala para preparar la sepultura. Por su parte, el obispo de Peterborough y su capellán se desplazaron hasta Althorp para oficiar la consagración formal, requisito indispensable para convertir aquel lugar en un espacio de sepultura cristiana” contó.
Llego la hora del entierro. Así lo describió su hermano: “El príncipe Carlos tomó una sola flor de mi ramo destinada a Diana y la dejó caer sobre el ataúd de su exmujer. Qué gran generosidad, pensé -sintiendo ahora indignación en nombre de ella-, mientras Diana comenzaba a desaparecer bajo la tierra”.
