Sicarios en Palermo: inexpertos, mala puntería y un auto que no arrancó en la huida

Mientras el juez Damián Kirszenbaum, el fiscal Anselmo Castelli y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) investigan quién mandó a matar al narco uruguayo Carlos Andrés Migales Viera (31), la Policía está sorprendida por la poca profesionalidad de los sicarios.

Al menos de los dos que pudieron ser detenidos por la Policía de la Ciudad cuando, el domingo a la madrugada, intentaban escapar de Palermo corriendo.

Aunque lograron su objetivo, su ataque fue bastante torpe. Migales murió al recibir un balazo en el abdomen, pero los atacantes dispararon nueve veces más, sin dar en el blanco. En su intento de huida, descartaron el arma, que pudo ser secuestrada.

Otro detalle insólito: escaparon corriendo porque no les arrancó el auto en el que habían llegado. Para colmo de males ese auto -un Peugeot 2008- había sido robado a mano armada el 12 de mayo pasado y tenía pedido de secuestro de la Policía Federal Argentina (PFA).

Identificados como Cristian Nahuel Paiva (21) y Ulises Aladro (22), los dos detenidos (habría dos sospechosos más, prófugos) son del sur del conurbano bonaerense: Longchamps, partido de Almirante Brown.

Uno no tiene antecedentes penales y otro solo dos, muy menores, por “encubrimiento de delito“. Por lo pronto, se negaron a declarar.

El grupo entró al departamento de Migales en Costa Rica al 2600 usando la clave electrónica de la propiedad, que era alquilada a turistas. Ese sistema le permite al dueño manejar la seguridad aunque la rotación de inquilinos sea alta.

El narco estaba con su mujer, a la que no le hicieron nada. Ella no pudo describir a los asesinos porque estaban con capuchas. Sí dijo que eran menudos.

Carlos Andrés Migales Viera había llegado en septiembre a Buenos Aires desde Montevideo. La Policía uruguaya, que está colaborando en la investigación del homicidio, sostiene que estaba amenazado y que por eso decidió huir a la Argentina con su esposa y sus dos pequeñas hijas.

Las nenas no vieron lo que le pasó a su padre porque estaban en el departamento lindero. La pareja había alquilado dos, uno al lado del otro para no estar en la misma habitación.

Con tantos antecedentes por droga como por robos, las teorías sobre su violenta muerte apuntan, sin lugar a dudas, a un ajuste de cuentas. Pero nada es tan lineal: la balanza oscila entre una venganza por un cargamento de drogas perdido, una pelea entre clanes de las afueras de Montevideo. La víctima era de Villa Española y reportaba al clan Puglia.

El dato de la clave electrónica de la puerta es importante porque introduce la variante del entregador. En este punto es central el testimonio de su mujer, María Mercedes (27, uruguaya), que ya declaró en la causa.

En el departamento que alquilaba la víctima se encontró una pistola suya, más 30 balas y tres cargadores. Guardados había algunos dólares y tirados precintos plásticos usados en el delito para inmovilizar a las personas.

“La Policía uruguaya lo detuvo mil veces: por robo, por vender droga. Lo consideran un narco menor, pero que en los últimos tiempos estaba levantando cabeza”, confió a Clarín una fuente de la investigación, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Nº 26.

El prontuario del uruguayo asesinado es nutrido. Arranca en junio de 2009 cuando apenas tenía 15 años. De ahí no paró: rapiña en el 2010, fuga de comisaria, desorden, incautación de drogas.

En 2016 sus detenciones se concentran en la venta de drogas y en 2024 cayó por homicidio agravado. Casi sin descanso aparecen causas por drogas, disparo de arma de fuego, otro homicidio, lesiones, delitos contra la propiedad.

Todos los antecedentes son de Montevideo. A Migales casi no hay comisaría que no lo conozca. Y a eso hay que sumarle la Brigada Nacional Antidrogas, la División Investigaciones y la Policía Caminera.

La Policía uruguaya lo identifica como integrante de uno de los tantos clanes de la periferia que comenzaron una guerra por el control del narcomenudeo, un fenómeno parecido al que hizo de Rosario un infierno.

Al parecer, en los últimos meses venía levantando cabeza y eso lo puso en riesgo. Vivía con miedo. Y tenía razón.



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