Matías Jurado (38) tiene la panza llena de cicatrices, recuerdos de su vida: un ir y venir entre el instituto de menores, la cárcel de mayores, la pobreza, las palizas de un padre -que nunca le dio su apellido- y el consumo de pegamento o pasta base. Habla poco y no admite haber hecho nada malo. Pero desde el 1 de agosto de 2025 -un día después de su detención en su casa de Alto Comedero, Jujuy- vive en el pabellón de máxima peligrosidad del penal de Gorriti.
En unos meses, febrero o marzo de 2027 Jurado enfrentará un juicio oral como principal protagonista de uno de los casos más extraños de la última década, no suficientemente difundido porque tanto las víctimas como el supuesto victimario -bautizado “El asesino serial de Alto Comedero”– vivían en la marginalidad, en los barrios y calles más humildes de las afueras de la ciudad de Jujuy.
Jurado llegará ante los jueces del tribunal colegiado Felisa Barrios, Roberto Assef y Ana Carolina Pérez Rojas acusado de matar a cinco hombres en su casa (prácticamente un rancho) por placer y con alevosía. Rastros de ADN y una filmación, en la que se lo ve subir a un remís a una de sus víctimas, serán las principales pruebas de cargo de la fiscal Daiana Susana Antar.
Video
El video que muestra a Matías Jurado subiendo a un taxi con un indigente desaparecido
Por su parte los defensores oficiales Roberto Savio y Juan Pablo Cametti tienen algunas cartas a su favor: pese a los numerosos rastrillajes y al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) no fue encontrado ningún cuerpo. Además, existen antecedentes de exámenes psiquiátricos a Jurado que lo muestran como psicótico. De hecho en la cárcel si de algo habla Jurado cuando se le pregunta por su historia de vida es de lo mucho que lo molestaron siempre los duendes que se le aparecen y le esconden cosas. Los que lo escucharon juran que habla en serio. “No se está haciendo el loco”, aclaran.
En un principio Jurado estuvo aislado porque su evaluación psicológica lo caracterizó como alguien “con fata de control de los impulsos con riesgos para sí y para terceros”. Ahora se junta con el resto de la población del pabellón aunque cada vez que los trasladan le ponen casco, chaleco antibalas, esposas y lo tratan como si fuera Hannibal Lecter.
En su legajo consta que en 2016 fue ingresado en un hospital psiquiátrico, lo medicaron con clonazepan y risperidona. Esta última droga se usa para una variada cantidad de casos. Entre ellos: esquizofrenia (modera alucinaciones, delirios, pensamiento desorganizado y suspicacia extrema); trastorno bipolar (controlar los episodios de manía) y trastornos de conducta (niños mayores y adolescentes con un bajo coeficiente intelectual que manifiestan conductas agresivas o impulsivas).
Se le había ordenado un tratamiento psiquiátrico en 2019 pero nunca lo hizo. En enero de 2020 se dejó asentado que padecía “un cuadro psicótico, careciendo de conciencia de la enfermedad”
En esta causa en particular, investigada por el fiscal Guillermo Beller, además de evaluarlo como imputable (“comprende la criminalidad de un hecho”), lo definieron como un sociópata: “Alguien que se caracteriza por marcada falta de empatía hacia los demás, un fuerte egocentrismo y el desprecio por las normas sociales. Tiende a actuar impulsivamente, con baja tolerancia a la frustración, lo que puede derivar en conductas agresivas o violentas”.
Pero la historia de Matías Jurado con la Justicia lleva décadas.
Único hijo varón de Ana María Jurado, ya fallecida, tiene una hermana de sangre y dos hermanastras, de distinto padre. Ellas lo describieron como rebelde desde chico y con problemas de consumo de drogas y alcohol. A todas les pegaba, como su padre le había pegado a él.
Tres veces había estado preso: la primera siendo menor de edad -con tan solo 17 años fue condenado a 10 años por el homicidio de Víctor Hugo Gutiérrez, de 18-, en 2017 lo volvieron a detener por robo agravado y la tercera vez, en 2018, cayó por amenazas con arma en ocasión de robo. Había salido en libertad, con la condena cumplida, en febrero de 2020, poco antes de que estallara la pandemia de Covid.
Jurado viene de lo más marginal de la sociedad jujeña. La única ocupación que se le conoce es la venta ambulante de facturas, generalmente frente al hospital de Alto Comedero. Cuando fue detenido, en agosto de 2025, sólo sabía escribir su nombre y apellido. Hoy participa en los talleres de la cárcel para aprender a leer y escribir. Tiene una hija pequeña y durante la investigación se confirmó lo que él contaba: que usaba la SUBE para tomarse dos colectivos e ir a visitar a la nena, que vive con la mamá.
Los crímenes
En la investigación se dieron por acreditados cinco homicidios, todos cometidos con la misma modalidad. Todos presentan la misma dificultad para los investigadores: Jurado limpió tan bien su casa que solo se encontraron minúsculos rastros de ADN de las víctimas.
Jorge Omar Anachuri (68) Sergio Alejandro Sosa (25) Miguel Ángel Quispe (60) Juan José Ponce (51) Juan Carlos González (60) fueron identificados, aunque sus cuerpos nunca aparecieron. Pero dos patrones quedaron sin dueño y por eso se hizo un llamado a la ciudadanía a acercarse a fiscalía en caso de tener un familiar desaparecido a partir de 2020. Pero no aparecieron nuevos “positivos”.
La casa del horror en Jujuy, donde un presunto asesino serial mataba y descuartizaba a sus víctimas.Jurado parece tener un doble estándar de limpieza. Por un lado, su casa era un desorden total y los antropólogos forenses que trabajaron en el lugar percibieron un fuerte olor a “grasa”. Por otro, costó encontrar rastros porque limpió todo muy bien e, incluso, en una de las entrevistas con las psicólogas se quejó de la suciedad de la cárcel.
Los peritos del Departamento de Criminalística de la Policía jujeña y Gendarmería Nacional revisaron a fondo el domicilio Jurado. Allí recolectaron 56 indicios, de los cuales, 42 fueron enviados al Laboratorio de Genética Forense del NOA. Entre esas muestras había restos óseos, armas blancas, machas parduscas, manchas reveladas por el reactivo Blue Star Forensic, una vaina servida y ropa de vestir y de cama.
Jorge Omar Anchuri (68), una de las víctimas del asesino serial de Jujuy.Un testimonio clave contra el sospechoso fue el de su sobrino Isaías. El chico de 16 años vivía aterrado, tan aterrado que se orinaba en la cama. Su mamá -en situación de calle y adicciones- lo había mandado a vivir con su tío y su abuelo para cuidarlo porque ya estaba muy grande.
El adolescente y su abuelo -que en los últimos tiempos prefirió vivir en la calle- quedaron atrapados en una verdadera casa del horror que fue lo que se encontró la Policía jujeña cuando, el jueves 31 de julio, allanó el lugar siguiendo la pista de Jorge Omar Anachuri (68), desaparecido seis días antes.
La casa del horror en Jujuy, donde un presunto asesino serial mataba y descuartizaba a sus víctimas.Hasta la casa -ubicada en una zona superpoblada de 150 mil habitantes-, el MPA jujeño llegó luego de detectar a la víctima subiendo a un taxi con un hombre, mientras su perro, desesperado, intentaba evitar que se fuera. Ese hombre era Jurado.
El sobrino dijo que los viernes se iba porque sabía que pasaban “cosas malas”. Pero señaló un terreno donde su tío, al parecer, enterraba las partes descuartizadas de sus “invitados”, todas personas vulnerables. Como era menor declaro en Cámara Gesell pero ya cumplió la mayoría de edad y es un misterio qué dirá en el juicio: tiene problemas de adicciones y, de toda su familia su tío era el único que se ocupaba de él.
En su declaración en Cámara Gesell Isaías aseguró que le había advertido a su familia lo que pasaba, pero nadie quiso creerle. Solo un primo accedió a acompañarlo a la casa de Alto Comedero, pero cuando llego al lugar, Jurado le dijo “maté a uno, lo tengo adentro, pasá, ¿querés verlo?” Entonces, el chico salió espantado.
Para buscar rastros fue llamado el Equipo Argentino de Antropología Forese.Los vecinos, por su parte, contaron que Jurado andaba todo el día con un machete en la mano y que quemaba cosas, carne, en el patio delantero de la vivienda.
Además, la fiscalía pidió ayuda al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que viajó a Jujuy y el 19 y 20 de agosto analizó el patio de la entrada con la esperanza de encontrar algún resto para sustentar la acusación. Solo se encontraron dos fragmentos de huesos compatibles con restos humanos. Pero fueron analizados y no eran humanos.
Las opiniones están divididas. Habrá que esperar al juicio.
