La inteligencia artificial puede usarse en la empresa con tres finalidades distintas automatizar, aumentar y agenciar. Es lo que se conoce como el modelo de las “Tres A“. Todas las empresas están obsesionadas con automatizar. Unas pocas se enfocan en aumentar y casi nadie piensa en agenciar, que es donde está la verdadera transformación empresarial.

Las “Tres A” son una forma bastante útil de entender cómo nos relacionamos con la IA y, sobre todo, cuál es su papel en nuestras decisiones, porque el grado de delegación del humano hacia la máquina es muy diferente entre una y otra.

En la última conferencia que impartí, contratado por una empresa, me di cuenta de que una forma sencilla y práctica de aterrizar qué implica cada A pasaba por asociar cada A con algo tan cotidiano como el matrimonio. Porque cuando aplicas las “Tres A” a una relación de pareja, la película se entiende mejor. Pensemos en la siguiente situación: si salgo con mi grupo de amigos esta noche, ¿qué consecuencias tendrá en mi pareja? ¿Y si lo hago frecuentemente, pongamos dos veces por semana? ¿Y si además bebo mucho y regreso a casa cocido como un percebe, qué tal le sentará a mi pareja?

Empecemos por entender qué implicaría automatizar. En esta fase, la IA no salva la relación ni toma decisiones por ti. Lo que hace es algo más sencillo: introduce orden y eficiencia en el día a día. Por ejemplo, te recuerda que avisar a tu pareja que vas a llegar tarde reduce un 37% la probabilidad de discusión.

También te ofrece una foto objetiva de lo que está pasando. Por ejemplo, resumiendo cuántas veces discutieron en el último mes por salir por la noche. A partir de ahí puede dar un paso más y empezar a anticipar escenarios. Si mantienes ciertos hábitos como salir dos noches por semana, la probabilidad de conflicto aumenta y la palabra divorcio empezará a aparecer en tus conversaciones.

La IA incluso puede entrar en un terreno práctico. Te puede sugerir reservar una mesa el jueves para cenar con tu pareja mano a mano y limar asperezas. Pero hay un límite muy claro: la decisión de reservar e ir a cenar sigue siendo tuya. Puedes hacer caso o ignorarlo. La metedura de pata en esta fase sigue siendo completamente humano.

El siguiente nivel es la A de “aumentar”. Aquí el cacharro ya no se limita a informarte, sino que empieza a colaborar contigo. La IA propone activamente soluciones, recomienda temas de conversación más seguros en momentos delicados y te hace sugerencias que tienen bastante sentido. Por ejemplo, ante determinados temas de conversación con la parienta es prudente hacerse el muerto. Además, empieza a personalizar. Puede proponerte un kit de reconciliación pensado para ustedes, con detalles, momentos o gestos que sabe que funcionan. La IA aquí es como disponer de un terapeuta algorítmico en el bolsillo.

Y finalmente llegamos a la A de “agenciar”, la más avanzada. La IA ya no solo analiza, sugiere o recomienda, sino que actúa. El sistema detecta tensiones en el tono de voz, identifica cambios en los patrones emocionales y a partir de ahí toma decisiones en tiempo real. Puede bloquear automáticamente planes que considera de riesgo. “No salgas con Juan, que es un peligro”. Y activa acciones concretas cuando detecta que la relación entra en fase delicada. Por ejemplo, lanza un protocolo romántico cuando bajan ciertos indicadores emocionales o ajusta dinámicas del día a día para evitar fricciones. Ya no gestionas directamente la relación. Lo que haces es supervisar el sistema que lo está optimizando. Sigues estando ahí, pero en un rol distinto.

En este punto, en la A de “agenciar”, cuando un sistema puede describir lo que ocurre, diagnosticar por qué ocurre y predecir lo que pasa y, sobre todo, actuar en consecuencia por nosotros, ¿qué papel nos queda a los humanos? ¿Seguimos siendo protagonistas de nuestra relación de amor o empezamos a convertirnos en usuarios avanzados de nuestra propia vida sentimental?



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *