Las exportaciones manufactureras chinas crecieron 14,1% anual en abril, tras haberse expandido sólo 2,5% el mes anterior, todo ésto en términos de dólar como valor constante.

Esto significa, en breve síntesis, que la extraordinaria máquina manufacturera exportadora de la República Popular sigue en su histórica trayectoria de incesante expansión con la que amenaza controlar la totalidad del comercio internacional de la época, después de haber sido creada por una asombrosa inversión de entre 4 y 6 puntos del producto por año en las últimas 2 décadas.

Esto ocurre cuando la semana pasada tuvo lugar en Beijing la reunión crucial entre Donald Trump y Xi Jinping destinada a tratar la cuestión del comercio internacional y de la alta tecnología.

Las importaciones chinas aumentaron 25,3% anual en abril y mostraron una leve disminución respecto a 27,8% experimentado en el mes anterior; que refleja una ligera mejora de la demanda doméstica, que en todos los casos ofreció cifras que estuvieron muy por encima de las estimaciones del mercado (8,5% las exportaciones, y 20% las importaciones).

El resultado es que el superávit comercial trepó en abril a US$ 84.800 millones, similar a los niveles de la etapa post-pandemia pero muy por arriba de las pautas de marzo, en que ascendieron a US$ 51.100 millones. Lo cual implica que el récord de US$ 8,1 billones de este año sería superado en adelante significativamente.

Todo ésto está acompañado por una caída persistente de la demanda doméstica que se encuentra claramente en una situación contractiva, de carácter deflacionario.

Esta combinación de factores – gigantesco superávit comercial de US$ 8,1 billones y honda recesión doméstica deflacionaria – hace que el predominio de China en las cadenas manufactureras globales sea prácticamente completo, con porcentajes de 80% a 90% en la mayor parte de ellas.

Esto abarca ante todo a los sectores de punta de alta tecnología, como la construcción de súper-contenedores, la producción de semiconductores o chips, los automóviles eléctricos e híbridos y todo lo referido a la robótica y a la fase de aplicación de la inteligencia artificial.

Esto no se trata en modo alguno de un “exceso de capacidad”, sino que constituye un rasgo estructural de la imbatible máquina manufacturera exportadora con la que China domina de hecho el comercio internacional del siglo XXI.

La República Popular, sin embargo, es altamente dependiente de las importaciones de petróleo y gas, por lo que la crisis energética no sólo la afecta por los mayores precios ocasionados por la guerra de EE.UU. con Irán sino especialmente por la interrupción del tránsito internacional de crudo y gas ocurrido en el Estrecho de Ormuz, por donde transcurre más de 40% del petróleo que China importa.

Esta es la situación que deben enfrentar en conjunto Trump y Xi en la reunión más trascendente de este año 2026.

El objetivo de EE.UU. es triplicar las exportaciones de alta tecnología a la República Popular, ante todo los productos más avanzados de Inteligencia artificial producidos por Nvidia, la mayor empresa de alta tecnología del mundo. Por eso estuvo representada en primer lugar en la comitiva de Trump en Beijing en la persona de Jensen Huang, líder y propietario de Nvidia, cuya cotización en el mercado bursátil de Wall Street superó este año US$ 5 billones, el mayor valor de la historia de los mercados bursátiles norteamericanos.

China, por su parte, se ve forzada a recortar por la mitad su gigantesco e insostenible superávit comercial de US$ 1,6 billones por año. Y y para eso necesita disminuir a la mitad las monumentales inversiones de 4 y 6 puntos del producto que realiza anualmente para el mantenimiento y expansión de su fenomenal máquina manufacturera exportadora, que está “desindustrializando” en forma ruinosa al resto de la producción manufacturera del planeta.

Todo esto tiene lugar sobre la premisa – y este es el trasfondo primordial de la reunión de esta semana – de la indisputable primacía estratégica norteamericana, jerarquía que le otorga en los hechos ser el país del mundo que primero ha transformado su economía, su sociedad, su educación y sus fuerzas armadas al fundirlas con la inteligencia artificial.

Si esta hazaña histórica se consolida entonces se podría afirmar que alrededor de EE.UU. y China – en ese orden de primacía – y con el liderazgo de Trump y Xi, habrá surgido un Nuevo Orden Mundial capaz de canalizar la nueva revolución tecnológica de la inteligencia artificial e incluso – hazaña suprema – de fijarle prioridades y objetivos, sin frustrarla ni frenarla. Y permitiendo de ese modo que el “Prometeo Desencadenado” de la ciencia, el conocimiento y la innovación, alcance la plenitud de sus posibilidades que son prácticamente infinitas y al servicio de un sistema global absolutamente unificado por la revolución de la técnica.

Esto es lo que está en juego en el momento actual en esta reunión cumbre de Beijing entre Donald Trump y Xi Jinping.



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