Este año se cumple un doble aniversario importante para la economía y política global pero también para el mundo de las ideas modernas. La publicación del libro La riqueza de las naciones de Adam Smith y la independencia de Estados Unidos, ambos en 1776. El presidente Javier Milei y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, han dado su mirada sobre el pensamiento de Smith en Clarín y qué es importante de rescatar de él. Ambos comparten una coincidencia poco habitual entre los políticos de hoy en día y es haber leído y estudiado la obra del economista escocés. Sin embargo, quizás el argentino más involucrado con aquellas ideas e incluso contemporáneo de las revoluciones que ocurrieron en paralelo en Estados Unidos e Inglaterra a la vez fue otro político, por supuesto de mayor envergadura y hoy ya prócer. En un reciente libro sobre su figura Manuel Belgrano, aparece algo así como una especie de eslabón perdido en este territorio para unir los conceptos de un mundo que se abriría más tarde a la modernidad, dejando atrás el mercantilismo como propagación de la riqueza y la monarquía como sistema de gobernanza de poder. Nacían el capitalismo y la democracia, y acá llegaban esas ideas. Ha sido un economista, historiador, pero también dirigente político actual, quien devela esta doble entrada de Manuel Belgrano economista y político. Diego Valenzuela, actual senador provincial, exintendente de Tres de Febrero, en su nueva obra Belgrano, el primer liberal, que se adentra en el pensamiento del prócer que cumplirá un nuevo aniversario de su fallecimiento en unas semanas. Belgrano es alguien relevante para entender la economía porque, como describe Valenzuela, combinó las ideas fisiócratas de los franceses —una escuela de economistas previa a la de los clásicos británicos—, elementos de Smith y críticas al monopolio y mercantilismo español. Belgrano lo toma. Podría decirse que hasta copia. Dice por ejemplo que la riqueza “consiste en el producto de la tierra y de la industria que satisface las necesidades humanos”. La clave del trabajo no está en el metal sino el trabajo aplicado. “Lo que da valor a las cosas es el trabajo”, insistirá. “El hombre solo trabaja donde concibe utilidad” y “la producción cae cuando el Estado fija precios, pone trabas, otorga privilegios o grava con impuestos”. Y agregará “¿Qué cosa es el comercio? Es el cambio de lo sobrante por lo necesario”. Historiadores económicos de la talla de Roberto Cortés Conde y Manuel Fernández López escribieron sobre la vida y pensamiento económico de Belgrano. Lo interesante de Valenzuela es que vinculó su obra a un aspecto menos conocido que es ubicar un pensamiento económico dentro de un contexto político. Valenzuela, en definitiva, es un político con pasado en el PRO pero que hoy milita en el mundo de las ideas de La Libertad Avanza. Fue compañero de facultad de Milei en la Universidad de Belgrano. Valenzuela mete a Belgrano en este mundo de las ideas políticas de aquella época, y que no son otras que las de la la independencia de Estados Unidos, que este año cumple su 200 aniversario. Belgrano tradujo discursos y mensajes de George Washington, en particular “Discursos de despedida del primer presidente de Estados Unidos”. Eran textos que circulaban en España y que Belgrano utilizó para destacar las virtudes republicanas, la moral pública y la división del trabajo. Washington había sido general de la independencia de Estados Unidos y jefe de Estado entre 1789 y 1797. ¿Belgrano se inspiraría en él también? “Washington, héroe digno de la admiración de nuestra edad, ejemplo de moderación y verdadero patriota, se despidió de sus conciudadanos dándoles lecciones”, concluyó Belgrano sobre la decisión de Washington de no ir por su tercera reelección. Belgrano destacó tres aspectos de la tarea del general estadounidense para que no fracasaran las naciones: privilegiar la unidad nacional como columna principal de la independencia; evitar el riesgo de facciones porque ello genera celos y propicia la corrupción conduciendo al despotismo (“En una república las facciones pueden ser destructivas”); y no depender de la influencia externa (“En política exterior, evitar las alianzas permanentes y no ser un peón el tablero de Europa”). Belgrano estudió abogacía en España entre los 16 y 23 años. La Revolución Francesa le hizo interesarse en la economía y las política restando atención a los estudios de derechos. “Pero sin duda Belgrano le da realce a las ideas de George Washington quien sienta el precedente de un límite a las reelecciones. El contexto en el que traduce fue muy difícil porque su inglés no era excelente y tuvo que quemar los papeles por la guerra”, cuenta Valenzuela. “Luego lo retoma de cero, ya cansado y en plena guerra. Un fuera de serie”. Source link Navegación de entradas Los shoppings tienen lista de espera de marcas locales e internacionales pese a las ventas planchadas El escenario de Stellantis en Argentina: deja de fabricar Citröen, siguen Fiat y Peugeot y le pone fichas a RAM