El presidente Donald Trump se someterá este martes por la mañana en un hospital militar a su tercer chequeo médico programado en 13 meses, mientras surgen dudas entre médicos fuera del entorno presidencial y los estadounidenses en general sobre la salud y el estado físico del jefe de la Casa Blanca, que el mes que viene cumplirá 80 años. El republicano visitará el Walter Reed National Military Medical Center, en Bethesda, para una visita médica y dental, según informó la Casa Blanca. El presidente ya estuvo en este hospital en abril de 2025 para su examen físico anual y regresó en octubre para lo que los funcionarios calificaron como un “seguimiento programado”, lo que provocó semanas de consultas sobre el diagnóstico y los procedimientos de Trump que la Casa Blanca evitó repetidamente. Siempre han dicho que el presidente “goza de excelente salud”. Trump es la persona de mayor edad elegida presidente en la historia de Estados Unidos y llegó luego de que su antecesor Joe Biden hubiese sido desplazado de la candidatura demócrata en medio de rumores de demencia senil. Trump hizo campaña en 2023 y 2024 presumiendo de su vigor, especialmente en comparación con Biden, y de sus resultados en exámenes cognitivos mientras atacaba a su oponente llamándolo “Joe Dormilón”. La salud y el estado físico de Trump han sido centrales en su identidad política, y mucho se debe a que el presidente las ha invocado continuamente. Pero ahora también recibe algunas preguntas similares a las que le hacían a Biden, como si está apto física y mentalmente para desempeñar sus funciones. Si bien se lo ve activo, protagoniza múltiples actos, viajes y contactos con la prensa, médicos independientes se preguntan por qué las manos de Trump se ven con frecuencia con moretones que intenta siempre cubrir con maquillaje, por qué sus piernas están hinchadas y si las veces que se lo ha visto somnoliento en las reuniones públicas es señal de un problema más profundo. La Casa Blanca ha atribuido anteriormente los moretones en las manos a frecuentes apretones de manos y a su uso de aspirinas como anticoagulante. En una entrevista con The Wall Street Journal en enero, Trump defendió su consumo de aspirinas, diciendo que ayudaba a mantener una circulación sanguínea saludable. Pero el año pasado se reveló que el presidente sufría insuficiencia venosa crónica, tras ser examinado por una inflamación en las piernas. En diciembre, el médico presidencial Sean Barbabella aclaró que le habían realizado una tomografía computarizada del corazón y del abdomen (que previamente no había sido informada) para descartar posibles problemas cardiovasculares. Según Barbabella, los resultados avanzados de imagen fueron “perfectamente normales” y no mostraron “absolutamente ninguna anomalía”. Pero médicos fuera de su entorno advierten que las explicaciones de la Casa Blanca no son suficientes. “Esta Casa Blanca simplemente no parece querer reconocer ninguna dolencia física, pero las personas mayores desarrollan problemas médicos, y el presidente tiene casi 80 años”, dijo a The Washington Post Jonathan Reiner, cardiólogo veterano del exvicepresidente Dick Cheney. “Parece que simplemente falta sinceridad por parte de la Casa Blanca.” Además, cada vez más estadounidenses tienen dudas sobre la salud de Trump. Una encuesta de The Washington Post/ABC reveló el mes pasado que solo cuatro de cada diez estadounidenses creen que Trump posee la agudeza mental necesaria para ejercer la presidencia, 7 puntos menos respecto a meses anteriores. Además, el sondeo mostró un aumento de la preocupación por su estado de salud física (al 54% le preocupa en comparación del 44% en septiembre). Otra una encuesta de Reuters/Ipsos publicada en abril reveló que el 51 % de los estadounidenses cree que las facultades mentales de Trump se deterioraron entre 2025 y principios de 2026. El mismo sondeo también indicó que solo una cuarta parte de la población considera que el presidente tiene un carácter equilibrado. Además de presumir de su salud física, Trump se jacta asiduamente de sus resultados en exámenes cognitivos, que nunca fueron revelados, insistiendo en que las pruebas validan su forma física. “Soy el único presidente que se sometió a una prueba cognitiva. La hice tres veces. Para mucha gente es bastante difícil. Para mí no lo fue, aunque sí se trata de una prueba cognitiva”, afirmó Trump en marzo. Luego añadió: “Empieza con preguntas sencillas, pero después se vuelve más complicada. Al final, muy pocas personas pueden responder esas preguntas. Incluye ecuaciones matemáticas muy complejas y cosas por el estilo”. Los miembros de su gabinete también han presumido sobre la salud de Trump durante su segundo mandato. Durante una entrevista en un podcast en enero, el secretario de Salud Robert Kennedy dijo que el Dr Mehmet Oz, jefe del Centers for Medicare & Medicaid Services y también estrella televisiva, revisó los historiales médicos de Trump y concluyó que tiene “el nivel de testosterona más alto que ha visto jamás en una persona mayor de 70 años.” Source link Navegación de entradas Un micro escolar fue embestido por un tren en Bélgica: hay cuatro muertos, entre ellos dos chicos Ola de calor récord en Europa: 10 muertos, alertas sanitarias y caos en el transporte en Francia y Gran Bretaña