Lima. Enviado especial. Las encuestas, siempre relativas, han venido anticipando un empate persistente entre los dos candidatos, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, quienes sostienen ideas oceánicas diferentes en un país con amplias capas decepcionadas de la política y literalmente partido en dos. En ese escenario, según los analistas, esta compulsa se definirá menos por la preferencia hacia alguno de los postulantes que por el volumen de rechazo que generan. Al respecto, el analista político Fernando Tuesta Soldevilla señala que “estamos ante una elección de veto, donde el electorado no vota a favor de un futuro, sino en contra del miedo que le produce el adversario”.

En las últimas jornadas, en un esfuerzo por romper la paridad que anticipan los sondeos, ambos dirigentes intentaron correrse al centro para captar al amplio espacio de indecisos e incluso buscar votantes en el campo rival. Las encuestas de última hora difieren en el pronóstico de los resultados. Ipsos, con un 43% para cada uno, da una muy ligera diferencia de seis décimas a favor de Sánchez, producto, se afirma, del resultado del debate del pasado fin de semana. Sobre esto, Alfredo Torres, director de Ipsos Perú, comenta que “el debate permitió a Sánchez mitigar ciertos temores en el sector urbano, aunque el margen sigue estando dentro del error estadístico”.

Por su parte, la firma argentina Rubikon Intel, que investigó en el interior del país y también en la capital, Lima, señaló a Clarín, en cambio, que sus números anticipan la victoria de Keiko por un 43,2% contra el 40,1% de su rival. Cada punto son 250 mil votos, lo que implicaría una diferencia clara. En cuanto a los votos blancos y nulos, hay coincidencia en una significativa reducción respecto de los pronósticos previos. Para esta empresa, serán del 11,3%, mientras que cae también el universo de indecisos al 5,3%.

Ambos postulantes marchan efectivamente con un lastre de fuerte rechazo. El líder ultranacionalista, al frente de la coalición Juntos por el Perú, se ha abrazado al expresidente Pedro Castillo, procesado y bajo arresto por su intentona golpista en diciembre de 2022. Ese antecedente es complicado, pero además, el gobierno de aquel maestro rural fue errático, muy ineficiente e ideológicamente extraño, con una supuesta filiación de izquierda pero de un conservadurismo cultural extraordinario, opuesto a la modernidad, al lugar de la mujer y a la discusión de género.

Para muchos de sus seguidores, especialmente en las sierras del interior, fue una decepción; de ahí que Sánchez tenga hoy menos apoyo que el exmandatario, aunque pesa en las mismas regiones postergadas del país, lo que explica que haya sorprendido saltando al balotaje dentro de la enorme escuadra de 35 candidatos en la primera vuelta. Como explica el sociólogo Jerónimo Ríos, “Sánchez capitaliza el resentimiento histórico de las regiones del sur, funcionando como un receptáculo del voto de protesta que Castillo dejó huérfano, a pesar de sus evidentes limitaciones programáticas”.

Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, intenta por cuarta vez llegar a la presidencia. Viene, precisamente, de perder por un mínimo margen en el anterior intento frente a Castillo. Este balotaje se ve en aquel espejo, aunque en circunstancias diferentes. La dirigente es hija del expresidente Alberto Fujimori, quien disolvió el Poder Judicial y el Legislativo en el autogolpe de abril de 1992, dando paso a un régimen autoritario con sangrientas represiones. En el Perú es fuerte, por ese antecedente, el antifujimorismo, lo que explica la dificultad de esta veterana política para alcanzar el sillón de la Casa de Pizarro. Ahora se ha sumado también un fuerte repudio por el comportamiento del Congreso, donde el bloque de Keiko es clave.

El “pacto mafioso”

El Legislativo ha tomado una extraordinaria autonomía en el Perú, con leyes que favorecen componendas y a sus propios miembros, en un extendido escándalo que la prensa local denomina “pacto mafioso”. En ese sentido, Luis Benavente, director de Vox Populi, ha advertido que “el antifujimorismo ya no solo se alimenta del pasado de los noventa, sino del profundo descrédito del Congreso actual, donde la bancada fujimorista es percibida como corresponsable de la crisis institucional”. Lo mismo le ha señalado a Clarín, el especialista en opinión pública Hernán Chaparro que alude a un novedoso “antikeikismo”. Ahora el Congreso vuelve a tener dos cámaras, pero estos poderosos legisladores se mantendrán dominando el recinto, un desafío para cualquiera que gane.

Fujimori va a las urnas con un discurso de apertura económica y respaldo a la inversión privada, además del respeto a la independencia del Banco Central, una política que, junto a la prohibición legal para que la entidad financie al Tesoro, ha sido clave para que este país, a pesar de su crisis política incesante, muestre un crecimiento de casi el 3% del PBI según datos de la OCDE. También ha prometido mano dura contra la violencia delictiva, que no ha dejado de escalar y ya es una preocupación central de la ciudadanía. Economistas del Instituto Peruano de Economía coinciden en que “la narrativa de estabilidad macroeconómica es la principal carta de Fujimori para atraer al empresariado y a las clases medias urbanas que temen un colapso del modelo”.

Sánchez, en cambio, en su programa original de gobierno planteó un giro en extremo estatista que incluiría la remoción del ya legendario y eficiente presidente del Banco Central, Julio Velarde, el dominio por parte del Estado de los recursos naturales del subsuelo —el Perú es un gran productor minero— y la gestión pública de los recursos energéticos, productivos y estratégicos. Pero lo más polémico es la propuesta de desconocer los tratados de libre comercio, en los que se basan las exportaciones peruanas.

Keiko Fujimori, en el cierre de campaña. Foto: Bloomberg

La base de apoyo de este dirigente, sin embargo, no se respalda solo o necesariamente en este tipo de iniciativas; representa, más bien, la agudizada rivalidad entre el interior postergado, las sierras y las ciudades, un dato que muestran de modo nítido las encuestas con el dominio urbano de Keiko frente al poder de Sánchez en el universo rural. En los últimos días, apremiado o entusiasmado por el empate, este candidato cambió su equipo de campaña y presentó otro plan de gobierno más moderado que se compromete a no tocar el Banco Central y expone cuotas de pragmatismo.

No ha convencido, sin embargo. “El modelo de Sánchez parece haber sido escrito por Antauro Humala (militar retirado ultranacionalista). Se parece mucho a sus proclamas en pro de la autarquía, donde el Perú, aislado del planeta, no importa nada ni exporta nada, mientras que logra una supuesta sustitución de importaciones a través de una industrialización que, por supuesto, está en manos del Estado”, señala la abogada y politóloga Rosa María Palacios. Pero también remarca las contradicciones del otro lado: “El Congreso, manejado por Fuerza Popular y sus aliados, ha expandido el gasto público a niveles peligrosos y ha apuntalado a cuatro presidentes para violar todas las metas de déficit fiscal. Esto, tan negativo como la propuesta de Sánchez, tiene el agravante de que no es una promesa: es una realidad”, sostiene.

Esa visión indica la preocupación en los mercados y las empresas, que van demorando sus inversiones de largo plazo. La calificadora de riesgo Fitch Ratings incluye a los dos candidatos en su análisis crítico: “Sea cual fuere el resultado, el próximo gobierno heredará un escenario político fragmentado que generará correlatos en la economía y en los indicadores financieros de las compañías del país”. Se calcula, en ese sentido, que la inversión como proporción de los ingresos de las empresas bajaría a la mitad el año entrante, consolidando un panorama de profunda incertidumbre.



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