El Gobierno se prepara hoy para avanzar en un paso clave en su afán por conseguir los dólares para afrontar posibles tensiones cambiarias y un calendario exigente de pagos de deuda. Finalmente, el directorio del Banco Mundial tratará las garantías por US$ 2.000 millones solicitadas por la Argentina para destrabar un paquete de financiamiento en condiciones más favorables que las del mercado. El aval servirá para estructurar créditos con bancos internacionales y otras entidades privadas por montos superiores. En abril, Luis Caputo estimó que el esquema permitiría conseguir alrededor de US$ 4.000 millones mediante préstamos a tasas más bajas que las que enfrenta hoy la Argentina en el mercado voluntario de deuda incluso tras la caída del riesgo país. El ministro de Economía busca además otras garantías por US$ 500 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un capítulo que podría definirse esta semana también. La prioridad es reunir fondos para afrontar el pago de aproximadamente US$ 4.300 millones a los bonistas el próximo 9 de julio. Hasta ahora, el Tesoro acumuló cerca de US$ 3.000 millones mediante colocaciones de títulos en el mercado doméstico con vencimientos en 2027 y 2028. Según cálculos de LCG, esos recursos cubren cerca del 68% de las obligaciones previstas para julio. Caputo sostuvo que la tasa de esos préstamos podría ubicarse entre 5,5% y 6,5% anual, con plazos cercanos a seis años. Se trata de un costo bastante menor al que enfrenta hoy la Argentina, donde el financiamiento voluntario todavía se ubica en niveles cercanos al 9% o 10%. La baja del riesgo país a 435 puntos básicos -su nivel más bajo desde 2018- y la mejora de los bonos envalentonó al gobierno. La mejora de la calificación soberana por parte de S&P Global se convirtió en un respaldo importante para la estrategia oficial. La agencia elevó la nota de la deuda argentina de CCC+ a B-, argumentando que el Gobierno mejoró su acceso a liquidez gracias a los superávits fiscales, la desaceleración de la inflación y una reducción de los desequilibrios macroeconómicos. “Desde que los bonos rendían 12% que varios analistas y gente de mercado repetían ese argumento, sin ninguna mala intención, pero pensando más en el pasado. Siempre expliqué lo mismo: cuando la macroeconomía está en orden, el paso del tiempo juega a favor, no en contra. Argentina es hoy un ejemplo de prudencia fiscal y monetaria”, dijo Caputo en las últimas horas. Y agregó: “Las mejoras crediticias de Fitch y S&P son la consecuencia lógica de este nuevo orden, y el riesgo país está ajustando de manera acorde“. El gobierno busca reunir alrededor de US$ 10.000 millones mediante una combinación de préstamos garantizados por organismos internacionales (US$ 4.000 millones), colocaciones de deuda en el mercado doméstico (US$ 4.000 millones) e ingresos por privatizaciones (US$ 2.000 millones). A eso se suma la intención de refinanciar los REPO vigentes y preservar las líneas de swap con China y Estados Unidos. El objetivo de esa estrategia es extender plazos y reducir costos, según reconoció la semana pasada el viceministro de Economía, José Luis Daza. En ese marco, señaló que la acumulación de reservas seguirá siendo un objetivo central de la política económica, aunque remarcó que la prioridad es la consistencia macroeconómica y el superávit fiscal por encima de metas de corto plazo. Según Daza, la caída del riesgo país y las mejoras de calificación son pasos necesarios para recuperar el acceso normal al financiamiento internacional y converger en forma gradual hacia tasas compatibles con otros países de la región, donde Argentina sigue lejos de la mayoría de sus pares. El Banco Central ya logró sumar más de US$ 10.000 millones de reservas brutas durante el último año, impulsado por colocaciones de deuda corporativa en el exterior, exportaciones energéticas y mayores liquidaciones del sector agropecuario. Sin embargo, las reservas netas negativas continúan siendo uno de los principales focos de atención para el mercado y para el FMI. Argentina enfrenta vencimientos por aproximadamente US$ 7.000 millones durante 2026, lo que explica la búsqueda oficial de nuevas fuentes de financiamiento y de mecanismos que permitan suavizar el perfil de pagos. Mientras tanto, el equipo económico sostiene su postura de emitir deuda en el mercado local hasta que las condiciones permitan una vuelta plena a los mercados internacionales. Además del impulso a los bonos por la nota de Fitch y S&P, se sumó en las últimas horas el acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán para aplacar el conflicto en Medio Oriente. Esa noticia generó una fuerte baja del precio del petróleo y una mejora del apetito global por riesgo. El Brent retrocedió alrededor de 5%, mientras que el WTI volvió a ubicarse por debajo de los US$ 80 por barril. La caída del petróleo reduce temores inflacionarios a nivel global y favorece una baja de los rendimientos de bonos soberanos en las principales economías. Ese cambio del clima en los mercados abarata el financiamiento externo para la Argentina y mejora sus bonos, pero también limita el ingreso de divisas por las exportaciones energéticas de Vaca Muerta. 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