El dólar oficial cerró este martes en $ 1.490, al borde del precio máximo del año ($ 1.495 en la primera semana de enero). En el mes registra un incremento de 4,5%, una cifra que seguramente más que duplique la inflación de junio.

Esto se explica por un doble efecto. Por un lado, un fenómeno local, la recomposición de un margen que utilizó el Gobierno -aunque jamás lo dirá así-, para reencauzar una desinflación que se había salido de trayectoria a finales del año pasado: fíjese si no que en el año el dólar oficial sube 0,7% contra una inflación que ronda 15%.

Por el otro, hay un fenómeno global: el dólar a nivel internacional tocó ayer el nivel más alto desde noviembre de 2025, según el índice que elabora la agencia Bloomberg. Esto quiere decir que el peso, el euro y el yen se están depreciando frente a la moneda estadounidense. Que la moneda argentina se comporte así es una buena noticia para todos aquellos productores y exportadores que han visto achicar sus márgenes en el último tiempo.

En definitiva, la Argentina tiene un sistema cambiario flexible que debiera aprovechar para amortiguar estos movimientos a escala mundial.

El dólar se aprecia a nivel internacional porque aumentaron las expectativas de que la Reserva Federal suba las tasas de interés después de que el nuevo presidente de la FED, Kevin Warsh, dijera la semana pasada que su compromiso es volver a llevar la inflación al rango de 2%. En lo que va del año el dólar a nivel global subió 1,7%.

Según el economista Miguel Kiguel en su último informe el movimiento del dólar a nivel local “no es una suba que preocupe, todo lo contrario: vemos como positivo que el peso no se siga atrasando y recupere algo de terreno. Por el momento, tampoco se lo ve al Gobierno demasiado preocupado por este movimiento, y estimamos que no hubo intervención considerable del Banco Central ni en futuros ni en dollar linked”.

Para el ex secretario de Finanzas el escenario base es que la presión cambiaria no ceda en el corto plazo. Por un lado, porque todavía no se sintió por completo el efecto de la desaceleración en la liquidación del agro, que sigue en niveles elevados. Y por otro, porque un mundo con tasas más altas y petróleo más bajo seguramente le agregará algo de presión al peso, “revirtiendo parte del viento de cola que tuvimos en los últimos meses”.

¿Cómo impactará esto en los planes del Gobierno y del equipo económico?

Esta semana el riesgo país llegó a tocar mínimos en ocho años y volvió a encenderse el debate sobre el retorno de la Argentina a los mercados. Hace varias jornadas que ronda los 400 puntos básicos y amaga con perforar ese nivel. Pero sigue sin lograrlo. Ayer los bonos en dólares bajo legislación extranjera sufrieron un traspié básicamente por los malos datos en la Bolsa estadounidense sobre las inversiones en Inteligencia Artificial. Michael Burry, el inversor famoso que en 2008 predijo la crisis de las subprime amasando una fortuna apostando contra hipotecas basuras y llevando su historia al cine con la película La gran apuesta, tuiteó ayer que se avecina otro desplome. ¿Será así?

Quizá por ello, y por las perspectivas de las elecciones de 2027, tanto el mercado como el FMI, aconsejan a Luis Caputo pedir prestado no para aumentar la deuda sino para refinanciar los vencimientos en moneda extranjera del año próximo de manera de enfrentar cualquier evento no deseado.

En el mercado hay entusiasmo con que el equipo económico dé un paso adelante en ese sentido. Y cuanto antes, mejor.

“Argentina tiene la mejor oportunidad en años para acceder al mercado global, ganando grados de libertad para administrar el programa financiero de 2027”, puso un informe de Facimex Research días atrás. Y el equipo de la consultora 1816 dijo que “en nuestra opinión es probable que veamos una emisión de deuda offshore este año”.

La pregunta que muchos se formulan ahora es: ¿puede el Banco Central con el dólar en alza continuar con el ritmo de acumulación de divisas de los últimos meses? ¿no sería eso meter más presión al tipo de cambio? Máximo, si la autoridad monetaria ya casi se hizo de los dólares que buscaba.

Según un cálculo del economista Manuel Cerdan, analista de Invecq, las reservas netas bajo la metodología del FMI al día de hoy ya están en US$ -4.100 millones, por encima de la meta de fin de año del acuerdo que son US$ -6.300 millones. La meta de junio se ajustó en casi US$ 12.000 millones como consecuencia del fuerte desvío del programa en 2025, lo que alivió considerablemente el sendero hacia diciembre.

“La meta de diciembre con el FMI se cumpliría, aunque esperamos mayor tensión cambiaria en el segundo semestre -agrega Cerdan-, el margen va a depender en buena medida de si el Gobierno consigue financiamiento para el vencimiento de los bonares y globales de julio, unos US$ 4.000 millones que impactarían directamente sobre las reservas netas internacionales en caso de que no se consiga financiamiento”.

Para la consultora 1816: “Parece evidente es que no hay ningún riesgo de incumplimiento de los vencimientos 2027, lo cual es una muy buena noticia para encarar el año electoral , considerando los antecedentes históricos de Argentina”.

Sin embargo, un tipo de cambio más alto favorecería la recuperación de la actividad que, como mostró este martes el Indec, muestra que la inversión cae aún con RIGI. Aunque sea en detrimento del poder adquisitivo salarial, un dólar más alto empujaría la rentabilidad de ciertos sectores. Quizá por ello, el Gobierno necesita que Messi sigue haciendo goles. Quizás ahí esté el “partido clave” de Javier Milei de cara a 2027.



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