Paula caminaba por el Barrio Norte de La Plata y vio un cartel. “Dueño alquila“, decía y el negocio de la calle 37 fue la alternativa para que su proyecto dejara de ser un sueño. En pandemia, a un precio accesible y luego de una negociación con el dueño, nació Repostillón. Paula Carolina Lastiris (47) y Walter Romero (50) se habían conocido hacía tres años. Habían formado una familia. “Mi vida fue un antes y un después de Paula. Nuestras vidas no se cruzaron, se amalgamaron, hicieron magia para siempre”, recordó su pareja. Leopoldo Olegario Aráoz (49) es el dueño del comercio, con quien tuvieron algunos cruces por el contrato de alquiler. Lo que nunca se hubieran imaginado es que -sin explicación- en ese mismo local terminaría pegándole tres balazos a Paula para matarla. Paula Lastiris (47), cuando inauguró la tienda de cotillón, en noviembre de 2021, en La Plata. En la foto, con su pareja y su hijo. “La intención de él era alquilarlo, aunque sea a un monto bajo. Nos dijo que le habían allanado la casa por tenencia de armas por problemas con unos usurpadores de La Plata, se le quiso meter gente en el departamento que está detrás del local. Él vive en Gonnet, en la zona de Villa Castells, en un chalé muy lindo. Quería alquilarlo, estar tranquilo, que el local esté ocupado y cuidado”, recordó Walter sobre las primeras conversaciones que gestionó Paula y después él. “Vos me pagás el alquiler, yo vengo, cobro, te dejo un recibo y me voy“, pretendía. Pero Walter y Paula le exigieron un contrato con condiciones a cumplir, entre ellas, la documentación para habilitar el negocio. El acuerdo se selló en un contrato entre las partes, aunque no fue certificado por un escribano. Y, como Aráoz no estaba bancarizado, decidieron que pasaría a cobrar entre del 1 al 10 de cada mes. Detuvieron al acusado de matar a la comerciante Paula Lastiris (47) en La Plata. Los papeles nunca aparecieron y la excusa era siempre la misma: “Bueno, bueno, sí, después me fijo y el mes que viene cuando vengo te lo traigo…”. El “mes que viene” fueron cinco años. Aráoz nunca les entregó la documentación del negocio para tramitar la habilitación municipal y siempre funcionaron en la informalidad. Leopoldo Aráoz se llamaba igual que su padre fallecido. No tenía familia ni nadie a quién recurrir. El cotillón funcionaba bien. El alquiler bajo les permitió asentarse y, aunque tuvieron problemas de infraestructura de las que el dueño no se quiso hacer cargo, fueron realizando acuerdos verbales de aumentos y reparaciones para poder tener agua, por ejemplo. El revólver que le secuestraron al sospechoso. “Si no tenés agua -le dijo a Paula en una oportunidad-, pedile agua al de la casa de al lado y hacé pis y caca adentro de un balde”. Ese día a Paula “se le cruzaron todos los cables”. A la distancia, analizan, ese fue el primer signo de “rechazo y desprecio” hacia ella, pero fuera de eso “jamás hubo un conflicto”, aseguran. Paula y Walter tuvieron un año de noviazgo virtual. Ella tenía un hijo de una relación anterior (hoy de 22 años), y esa relación cambió sus vidas para siempre. Paula, con Walter, su pareja. “Yo soy una persona antes y una después de Paula, soy un hombre mejor gracias a ella. Soy de La Boca, tuvimos un año de noviazgo virtual y cuando nos conocimos nos tornamos inseparables”, recordó con amor Walter, que es peluquero, músico y artista plástico. Todos los meses, Paula y Walter preparaban el dinero del alquiler, el dueño iba, cobraba y se marchaba. Los contratos se hicieron por un año durante los primeros tres y el último, por dos. Vencía en octubre. “Los últimos meses estaba un poco incómodo porque el dinero no le alcanzaba. No sé qué estaba pasando con su trabajo, entonces nosotros poníamos el alquiler y un mango más arriba, por fuera del recibo, para que estuviéramos todos contentos. Él hacía tiempo nos venía diciendo que no sabía qué iba a hacer, que quería vender la propiedad, entonces nosotros estábamos medio a la deriva”, recordó el hombre. Walter además puso una peluquería infantil en el sur de la ciudad de La Plata y empezó a mudar lentamente el local por los problemas con la documentación y la falta de habilitación. Paula Lastiris (47) fue asesinada en un cotillón de La Plata. Es que una vecina, que sabía que no habían podido tramitarla, se enojó con ellos y los denunció. El local terminó clausurado y, como Aráoz seguía negándoles los papeles, terminaron funcionando como showroom de venta online porque no podían levantar la persiana. Fue entonces que los llamados se volvieron insistentes pero esta vez ni siquiera recibían la respuesta de “el mes que viene te lo traigo”. Aráoz no atendía los llamados, ni contestaba los mensajes con pedidos insistentes de la pareja. Ni siquiera pasó a cobrar el alquiler de abril. Fue así que el domingo 5 de ese mes decidieron ir a buscarlo a su casa. El lugar estaba lleno de chatarra y basura. Aráoz salió y otra vez se molestó porque Paula le habló. Aráoz: “¡Oh! ¿Te clausuraron? Y bueno, ¿qué vas a hacer? A mi viejo también lo clausuraron un montón de veces”. Walter: “Sí, Leopoldo, pero sabés qué pasa, yo no soy tu papá. Yo te pago un alquiler, ¿me entendés? Yo soy tu inquilino, necesito tener la habilitación definitiva porque siempre es provisorio todo lo que puedo hacer y ahora me metieron una clausura hasta que yo termine de resolver la situación. Yo no puedo abrir la puerta del negocio, no puedo trabajar, no puedo pagarte, no puedo comer”. Aráoz: “Si encuentro el plano te lo alcanzo”. El hombre cerró la puerta y se fue y eso fue lo último que supieron de él. Paula y Walter quedaron, una vez más, a la deriva. Incluso les habló de una oferta para vender la propiedad y de dos personas que se habían metido en su casa de Gonnet. Las promesas otra vez quedaron inconclusas. No fue a cobrar el alquiler y tampoco respondió las dos cartas documento que le enviaron intimándolo a que se presentara a cobrar y a llevar la documentación del negocio. No las respondió y ni siquiera las recibió, según la información provista por el Correo. La mañana del crimen de Paula El miércoles 29 de abril Walter citó un flete. Llevaría algunas cosas a su nuevo negocio y abriría su peluquería infantil pero, también, empezaría a mudar el cotillón ante la incertidumbre que le generaba la irregularidad de Aráoz. Pasaron 30 minutos. A Walter ese recuerdo lo atormenta: “Si querés esperame acá”, le dijo a su pareja. Y la vio por última vez: “Sonriendo, mostrando todos los dientes, como era ella”. Video Así detuvieron al acusado de matar a una comerciante en La Plata “Paula estaba muy preocupada por nosotros, de qué íbamos a hacer porque hasta nos preocupaba que le hubiera pasado algo a este hombre. Así que consiguió otro local, chiquito, y yo iba a ir ahí hasta ver qué pasaba, empezar en otro lado de a poquito”, afirmó Walter, que todavía no le encuentra explicación a lo que pasó. No había llegado y le sonó el teléfono. Era el vecino, Héctor, un verdulero que no se atrevió a decirle lo que había pasado. No se acuerda lo que dijo, si gritó o cómo escuchó, pero el conductor del flete dio la vuelta y volvió enseguida: algo había pasado con Paula. “Estaba tirada en el piso del local”, le dijeron. “No entiendo qué pasó por la cabeza de este hombre, qué habrá pensado. Lo que sí sé es que a mí, saber lo que le pasó a él, no me devuelve a mi señora, no me interesa”, lamentó Walter. Leopoldo Olegario Aráoz entró al negocio y la vio a Paula Lastiris sola. Nadie sabe qué le dijo ni qué pasó, solo que disparó con un revólver. La mujer recibió tres balazos y murió. Ella intentó salir, pero quedó tendida junto a la puerta y no se la escuchó decir nada. Aráoz salió con el arma, una bufanda roja y una campera azul desgastada. Quiso tomarse un taxi para escapar, aunque una moto del Escuadrón Motorizado que se encontraban patrullando la zona lo interceptó en la calle 35 entre 5 y 6. “¡Quedate ahí, quedate ahí!“, le gritó. El hombre quedó a disposición de la Fiscalía N° 17 de La Plata, a cargo de Eugenia Di Lorenzo, que lo indagó por homicidio agravado por femicidio. El juzgado no hizo lugar al agravante y lo imputaron por homicidio. Para ella, en este caso, hubo elementos para entender que hubo un aprovechamiento de la condición de mujer de la víctima, con “todas las desventajas frente a un hombre”. Además, porque, de acuerdo a las declaraciones testimoniales, era “muy misógino, cuando hablaba le hablaba a él, la destrataba a ella“. Y creen que esperó a que se fuera Walter para atacarla. El detenido no declaró y la investigación continuará para terminar de establecer qué pasó en ese local. Walter, mientras tanto, continuará con los “proyectos de la pareja” y espera que le permitan volver a ingresar al local para sacar las cosas de la víctima. Source link Navegación de entradas Alerta en una clínica por la detonación de un paquete con explosivos que fue enviado a un dirigente de la DAIA