Si hay una particularidad que se les puede marcar a los argentinos es su fanatismo por la música. Desde hace tiempo la Argentina se transformó en un mercado casi obligado para muchas de las principales bandas del mundo, que incluso encuentran en el público local un nivel de respuesta que no tienen en otros lados. Más allá de lo fuerte que está metida en la cultura argentina el hecho de ir a un recital, lo cierto también es que para los fanáticos la experiencia de presenciar shows en vivo se transformó además en un mecanismo de satisfacción. Esa situación, sin embargo, encuentra algunas barreras que hacen que el negocio fluctúe en el tiempo. Y si bien hoy no se puede decir que el negocio atraviesa por un mal momento, lo cierto es que tampoco vive “una primavera”, una realidad que se puede ver distorsionada por los llenos totales de AC/DC, María Becerra, Oasis, Lali Espósito o Bad Bunny, solo por nombrar algunos de los eventos sold out de los últimos meses. La foto de estadios repletos y ventas agotadas en apenas horas no corre para todos. Lali Espósito en River. Foto Martín Bonetto – FTP CLARIN BON07414.jpg Z “Son casos puntuales; no se puede medir todo un mercado con la misma vara”, explica a Clarín Matías Loizaga, director comercial y socio de la productora PopArt, una de las más importantes del país, que está al frente de eventos ya muy instalados como el Quilmes Rock o el Primavera Sound. El motivo por el que se da esta situación es claro y conocido: el poder adquisitivo no pasa justamente por su mejor momento. Así como la gente debe decidir en qué show gastarán su dinero –ante la imposibilidad económica de ir a todos los que quisiera-, lo mismo deben hacer las productoras. La precisión de las determinaciones sobre a quién traen o no a la Argentina deben ser quirúrgicas; no hay demasiado margen para cometer errores. Show de Oasis en el estadio River Plate, en noviembre del año pasado. Foto Juano Tesone – FTP CLARIN JUA00987_1.JPG Z JTesone En este contexto de consumo medido, los productores de espectáculos sostienen que hoy el mercado en general está en algunos casos hasta un 20% por debajo de los registros del año pasado. Según cálculos sectoriales basados en las previsiones de venta de tickets –a un precio promedio que difiere dependiendo de cada estadio- este año se podrían mover entre US$ 270 y US$ 310 millones. Esas mismas estimaciones muestran que al año se venden –siempre tomando en cuenta los circuitos grande y mediano- unas 3,6 millones de entradas, a un precio promedio de US$ 80. Todo esto decanta en un nivel de rentabilidad que va del 8% al 10%. Marcelo Fígoli es el propietario de la productora Fénix Entertainment y es desde hace tiempo un referente de la industria, con shows que van desde la Creamfield hasta Ricardo Arjona o Shakira. Coincide con la visión sobre la las particularidades del mercado actual, y apunta que “el mercado de recitales en la Argentina tiene dos facetas”. Una de ellas tiene que ver con la avidez de los argentinos por consumir este tipo de eventos, aunque por el otro aparece “la necesidad de seleccionar qué es lo que se irá a ver, por una cuestión económica; en la mayoría de los casos es elegir entre un concierto y otro”. El empresario reconoce que esa dualidad le tocó vivirla de cerca. “Tuvimos giras que fueron muy buenas y otras que no lo fueron tanto, un poco lo que ocurre hoy en el mercado”, explicó. María Becerra en River. Foto: gentileza DF Encabezada por Diego Finkelstein, la productora DF Entertainment es hoy líder en la industria del entretenimiento en Argentina. Al frente de giras de gigantes del negocio de la música actual como Oasis, AC/DC, Taylor Swift o BTS y el instaladísimo Lollapalooza, desde allí también entienden que hay una redefinición en cuanto a las decisiones de consumo. “Lo que se ve con claridad es que cuando el presupuesto se vuelve más consciente, la vara para elegir sube y los grandes espectáculos musicales no solo sobreviven ese filtro, sino que lo encabezan. Lo prescindible se posterga. Lo imprescindible se decide en minutos”, afirmaron a Clarín desde la productora. En tanto, Loizaga reconoce que “el argentino promedio gasta en espectáculos, aunque está muy claro que no se trata de un desembolso fundamental. A tono con esto, hoy lo que se ve es un momento de cautela”. Federico Lauría, de Dale Play, también aportó su visión. “En el caso puntual de la Argentina no todo vende todo. Sí, hay muchísimo consumo. Sigue habiendo, por suerte, mucha gente que vive los conciertos, que le gusta salir, que le gusta disfrutar, que le gusta vivir experiencias. Hoy sentimos pequeños repuntes a principios de mes”, resaltó durante su participación en Experiencia Endeavor 2026. El dilema de los precios Con esta realidad de por medio, los precios juegan un papel central: si los valores de los tickets son demasiado altos para la capacidad de los consumidores, el riesgo de que las ventas no sean buenas son importantes. José Luis Cameron es el CEO de la productora Gonna Go!, que centra su negocio sobre todo en artistas locales como Wos, Babasónicos, Los Fabulosos Cadillacs, Tan Biónica, Skay y Los Fakires o el festival Baradero Rock, entre varios otros, pero que desde hace un tiempo comenzó a meterse de a poco en el segmento de artistas internacionales. Si bien cerca del 80% de su cartera está conformada por músicos locales, también ve el delicado equilibrio que debe mantener a la hora de pautar precios. Bad Bunny en River, foto Martín Bonetto – FTP CLARIN BON07598.jpg Z “Es muy complejo el tema del traslado de costos porque el punto de quiebre es muy fino por una cuestión de bolsillo; hay que ser muy cuidadoso. Además, hoy son fundamentales los acuerdos con bancos, por ejemplo, para que los consumidores puedan acceder a cuotas, descuentos o beneficios que ayuden a mover las ventas”, sostiene Cameron a Clarín. Fígoli coincide con esta visión. “La elasticidad de los precios hoy es muy chica, aunque a valores internacionales no estamos mal”, afirma. Así, hoy hay dos puntos que la industria también analiza. Por un lado la estabilidad de algunas variables económicas, pero sobre todo la del dólar, lo que permite una mayor previsibilidad al momento de programar a largo plazo. No es lo mismo pensar en marzo un negocio a cerrar en noviembre con un tipo de cambio que se dispara todo el tiempo, a tener una previsión cambiaria más o menos lógica. Tan Biónica en marzo: su primera noche en Vélez. Foto:Tom Musaccio Aquí pesa una cuestión central. Una de las patas más pesadas de las producciones de los shows tiene que ver con el cachet de los artistas que, sobre todo en el caso de los internacionales, se pauta en dólares. Si bien todo depende del artista, en qué momento de su curva de éxito llega y cuál es su estrategia de márketing en ese momento –por ejemplo, la idea de abrir nuevos mercados-, hoy este ítem puede cotizar entre los US$ 1 millón y US$ 4 millones. La otra cuenta es el costo de producción de los espectáculos, afectados por costos locales -que van más allá de los obvios como el caché de los artistas o los hoteles- como logística y carga impositiva que se traducen en Ingresos Brutos, Ganancias, cargas sociales o el 10% de la recaudación que va a las arcas de SADAIC. Una de las claves que los productores destacan a la hora de pensar en que un negocio cierre es la “precisión quirúrgica” que se debe tener al momento de pensar qué artista traer a la Argentina. Más allá de los blancos lógicos que podrían ser los grandes clásicos de la industria de todos los tiempos, cuando se empieza a bajar un poco en la escala empiezan a jugar variables que tienen que ver con el nivel de repercusión que tiene el artista al momento de hacerlo girar por la Argentina. “La brújula siempre apunta al mismo lugar: deleitar al público argentino con los artistas, shows y festivales más espectaculares y deseados del mundo. Eso incluye tanto a las grandes leyendas como a los artistas que explotan en determinado momento, es decir aquellos que marcan tendencia antes de que todos hablen de ellos. Dua Lipa, por ejemplo, tocó por primera vez en la Argentina en el Teatro Vorterix porque ya habíamos detectado su potencial, cuando el mundo todavía no dimensionaba lo que se venía. El año pasado hicimos dos fechas en River”, sostuvieron desde DF. Cameron, por su parte, resalta la importancia de “apuntar bien”, pero además de no sobrepasarse con las expectativas. “Nosotros entendemos que es mejor una estrategia conservadora antes que quedarnos largos. Hay veces, incluso, en las que se compite con otros recitales y en muchos casos el dinero sale del mismo bolsillo”, dijo el empresario. Dua Lipa en River. “Hay algunos artistas a los que posiblemente les daría para más, para presentarse en un escenario más grande, pero es mejor ser precavido. Hoy la gente prioriza qué show ver en base a lo que le permite el bolsillo”, afirma Fígoli. Más allá de los números que marcan la situación macro, hay una última variable que la industria tiene en cuenta. Dependiendo del momento, se estima que solo entre el 15% y el 20% de la población es consumidora de este tipo de eventos. La Argentina se posiciona así muy por debajo del nivel regional –Brasil muestra un 28%, por ejemplo-, y lejísimos del 54% del Reino Unido, el 43% de España o el 35% de Francia. Todo esto, claro, con el condicionante que impone la situación macro argentina, un punto que siempre –salvo en momentos excepcionales como la salida de la pandemia, cuando la desesperación por salir del encierro generó un boom de venta de entradas a recitales- condicionó a la industria del show business para pegar el salto a niveles de crecimiento mayores. Más allá de que, hoy, se trata de una industria totalmente afianzada. Source link Navegación de entradas La mayor obra de petróleo en marcha generará en 2027 exportaciones por más de US$ 5.000 millones Con el riesgo país en 450 puntos, ¿qué le falta a la Argentina para volver a los mercados globales?