“Resuelvo decretar una medida de no innovar respeto del subsuelo y superficie de la totalidad del patio trasero del inmueble ubicado en Av. Congreso 3742 de esta ciudad, por el termino de sesenta días“. Así concluye la resolución, fechada el 11 de mayo, por la cual el juez Alejandro Litvak le prohibió a Cristian Graf modificar el jardín en el que hace un año se descubrieron los restos de Diego Fernández Lima, quien había desaparecido en julio de 1984. Diego tenia 16 años y había sido compañero de segundo año de Graf en el ENET N° 36. Por eso Cristian es el principal sospechoso del caso, que en las últimas semanas tuvo varias novedades. Una de ellas fue el uso de un georradar de Gendarmería en el jardín donde estaba la fosa. La medida había sido pedida por el fiscal Martín López Perrando y Litvak la aceptó. Como consecuencia de ello, se decretó también una medida de no innovar, pero sólo hasta que se tenga claro si hay algo de interés enterrado en los fondos de la casa. “En primer lugar debo destacar que resolví hacer lugar al registro domiciliario de la finca ubicada en la Av. Congreso 3742 de esta ciudad, con el objeto de garantizar que la División Pericias Complejas de Gendarmería Nacional Argentina practique la técnica del geo radar sobre el terreno de la misma“, dice el juez. ¿Qué es lo que se está buscando? Lo explica la misma resolución: “Dar con los restos óseos faltantes de quien fuera en vida Diego Fernández, como así también con material no biológico de interés, el arma utilizada para dar muerte, oportunidad en la que se debía proceder al secuestro de todos los elementos hallados“. Hay que aclarar que son muy pocos los huesos que no se encontraron. La pericia se hizo el pasado 4 de mayo y, además de Gendarmería, participó el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), cuyo rol fue fundamental a la hora de la identificación de los restos de Diego. El grupo de Gendarmería estuvo integrado por seis profesionales; dos geólogos, un antropólogo, dos operadores geofísicos y un fotógrafo/planimetrista. Se utilizó un equipo técnico que emite ondas electromagnéticas de alta frecuencia hacia la profundidad del suelo, realizando la captura de los datos respectivos que permiten la creación del mapeo del subsuelo correspondiente, sin la necesidad de realizar inicialmente excavaciones. No se trata de imágenes nítidas, sino reflejos de alteraciones del terreno. Un ladrillo, un fierro, cualquier elemento sólido, puede ser interpretado como una anomalía. Por eso los datos tienen que ser analizados y, según pudo saber Clarín, el informe podría estar disponible esta semana, cuando se cumple un año exacto del descubrimiento de los restos óseos. Diego Fernández Lima tenía 16 años cuando se esfumó para siempre la tarde del 26 de julio de 1984 tras salir de su casa, en Villa Urquiza. Ese día Diego volvió del colegio al mediodía luego de dar una vuelta en su motito, a la que adoraba y que aun hoy la familia conserva. Almorzó con su mamá, Irma Lima (“Pochi”), y luego le pidió plata para el colectivo porque iba a lo de un amigo. Nunca dijo quién era. Salió comiendo una mandarina. Su papá “Tito” murió el 10 de diciembre de 1991, a los 58 años, cuando iba en bicicleta y un auto lo atropelló en la esquina de la calle Galván y la avenida Congreso, a apenas 11 cuadras de donde casi 34 años más tarde aparecerían los restos de su hijo. Estaba siguiendo una pista para tratar de encontrarlo. Ese 26 de julio de 1984, un conocido de Diego que iba en un colectivo lo vio caminando por la vereda a la altura de Monroe y Naón. Le gritó “Gaita“, como le decían en el Club Excursionistas, donde se lucía como jugador de fútbol, aunque era un poco vago para los entrenamientos. Fue lo último que supieron de él. Ese punto queda a solo cinco cuadras de la casa de los Graf, en cuyo jardín fueron encontrados sus restos el pasado 20 de mayo del año pasado, de pura casualidad. Por una demolición en un terreno lindero a una casona donde -entre 2002 y 2003- vivió el músico Gustavo Cerati, los restos humanos quedaron al descubierto. Una prueba de ADN estableció que los 150 fragmentos de huesos analizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) eran los del “El Gaita”. Por qué Diego fue a a la casa de los Graf, quién o quiénes los mataron y el móvil del crimen es lo -mucho- que ahora resta saber. Source link Navegación de entradas Detuvieron a dos motochorros que se robaron 150 paquetes de figuritas del Mundial Empieza el juicio por el triple lesbicidio en un hotel familiar de Barracas