La presión de Estados Unidos sobre Cuba escaló en forma abrupta esta semana con la acusación de la justicia estadounidense contra el ex presidente Raúl Castro por asesinato y conspiración por el derribo de avionetas hace 30 años y una fuerte ofensiva sobre el conglomerado estatal GAESA, fuente de financiamiento del régimen, lo que alimentó la idea de que el presidente Donald Trump está preparando una ofensiva similar a la de Venezuela, con la posible captura de Castro y un posible cambio de líder. O busca acelerar una transición negociada. Trump se ve necesitado de un triunfo tras una fuerte caída de popularidad por su manejo de la economía y el empantanamiento en la guerra en Irán, que ha hecho disparar la inflación en EE.UU., un panorama que lo complica para las próximas elecciones legislativas de noviembre. Expertos consultados por Clarín señalan que el presidente ve en Cuba una oportunidad de retomar la iniciativa y fortalecer su imagen, pero también de hacer negocios. “Tiene interés en el dinero y el poder. Y eso es lo que realmente él está buscando en Cuba”, afirman, aunque prevén que el impacto electoral en noviembre no será tan importante, aun con un cambio de régimen. Además, advierten que no será fácil replicar en la isla el esquema que sirvió para el cambio de régimen de Nicolás Maduro. “Venezuela es un grupo de facciones chavistas cada una con sus intereses. En cambio, Cuba es super centralizado e institucionalizado. No hay una oposición organizada y hay una ideología coherente”. En una posible “transición negociada”, no será fácil encontrar una “Delcy Rodríguez”, aunque hay dos candidatos que suenan como posibles. Para Orlando J. Pérez, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Norte de Texas en Dallas, la secuencia de presión de EE.UU. con Cuba es clara: “bloqueo energético, visita del director de la CIA (John Ratcliffe) a La Habana, filtración de inteligencia sobre drones cubanos, y el procesamiento judicial de Raúl Castro”. Esto, afirma a este diario, sucede en un contexto grave en la isla, con hospitales funcionando con energía de emergencia, apagones de días, hambre documentada por diplomáticos en el terreno. “Lo que viene depende de cómo La Habana interprete la señal: ¿es esto el preludio de una acción militar, o presión coercitiva diseñada para forzar una transición negociada? El margen de error en ambos lados es muy estrecho”. Ted Henken, ex-presidente de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE), Profesor de Estudios Latinoamericanos en City University of New York, dijo a Clarín que “nadie puede predecir lo que va a suceder, pero algo sí va a suceder. Porque esa anticipación de cuatro o cinco meses no puede quedar en la nada, especialmente conociendo a Trump, que habla mucho, pero también actúa, de maneras inesperadas y no tradicionales”. “Estoy casi seguro de que han invertido tiempo en preparar una ofensiva militar en Cuba de algún tipo. Puede ser que sea similar a lo de Venezuela, pero el caso cubano es bastante único porque no hay un presidente claro y poderoso que sacar de allí, sino que hay todo un régimen”, afirmó. “Y aunque Raúl Castro obviamente es un líder simbólico, ya es bastante viejo y no ejerce poder a diario. Pero tampoco capturar a Díaz-Canel sería una solución porque tendrían que tener un aliado dentro de Cuba, como lo es Delcy Rodríguez en Venezuela”. Para Andrés Pertierra, investigador en Historia Latinoamericana y del Caribe en la Universidad de Wisconsin-Madison, con especialización en la historia de Cuba, “Trump teme enviar tropas a Cuba para acabar de una vez por todas con el gobierno y a la vez no quiere un colapso, sino un gobierno títere que pueda manipular como Delcy Rodríguez en Venezuela. Pero esa estrategia no funcionó en Irán ni hasta ahora en Cuba”. Pérez señala que el manual es “idéntico al de Venezuela, pero las condiciones estructurales son radicalmente distintas”. Advierte que “el gobierno de Maduro era menos una estructura sólida que una constelación de facciones en competencia: Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López, cada quien con sus propios intereses y sus propios incentivos para cortar un acuerdo con Washington. Y lo crucial fue que Washington encontró en Delcy y su hermano un interlocutor confiable, alguien capaz de mantener contentos a los “insiders” del régimen mientras negociaba con Estados Unidos”. “Pero Cuba no ofrece esa arquitectura”, asegura Pérez. “Las Fuerzas Armadas Revolucionarias y GAESA constituyen una estructura de poder más unificada, más institucionalizada, sin las líneas de fractura que produjo el chavismo”, agrega. Para Pertierra “es muy difícil ver quién, en un país cuya misión esencial ha sido la independencia de los Estados Unidos, podría traicionar la misión que ha seguido toda su vida. No digo que sea imposible, pero muy difícil que esa estrategia funcione en Cuba como en Venezuela”. Henken remarca que no es fácil saber qué busca Trump en Cuba. “Todo el mundo quiere cambio, pero ¿es un cambio que da acceso económico a Cuba o un cambio hacia libertades plenas y democracia? Nadie sabe, porque Trump no se ha mostrado muy interesado en conceptos o ideales como democracia, el imperio de la ley, ni en el propio Estados Unidos, ni en otros países. Tiene interés en el dinero y el poder. Y eso es lo que realmente él está buscando en Cuba”. Si bien en la isla no hay petróleo ni grandes recursos estratégicos, tiene un potencial en desarrollo inmobiliario y turístico enorme a menos de 100 kilómetros de la Florida. Además, muchos cubanos en el exilio, algunos habitués de Mar-a-Lago, presionan para recuperar bienes expropiados por la revolución y también ser indemnizados. ¿Y quién podría ser un futuro líder avalado por Estados Unidos? Pérez señala a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl, al que apodan “Raulito” o “Cangrejo”. “Raulito es el candidato más cercano a un Delcy cubano, pero viene del propio clan Castro, con lo cual el margen para maniobrar frente a los sectores duros del partido y del aparato militar es mucho más estrecho. En Cuba el poder es un consorcio, y ese consorcio tiene muchas más herramientas para bloquear un acuerdo que para sellarlo”. Otro candidato podría ser Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro. El experto señala que “tiene algo que Raulito no tiene: un cargo formal. Es vicepresidente del Consejo de Ministros, con presencia institucional real dentro del aparato del Estado. Fue él quien anunció las nuevas reglas de inversión para la diáspora, una señal de que maneja temas económicos con visibilidad política. Tiene peso dentro del sistema”. El problema de ambos, destaca el analista, es que son familiares de Raúl y Fidel, lo que los complica con la ley estadounidense Helms-Burton, que hace que sea legalmente imposible levantar sanciones a Cuba con un gobierno de transición que incluya a los Castro. “Pero Pérez-Oliva Fraga no lleva el apellido Castro”, advierte Pérez. “Si Trump quiere construir una alternativa que permita reclamar una transición mientras preserva a los insiders del régimen, Pérez-Oliva Fraga tiene la posición institucional, el acceso familiar, y justo la distancia de apellido suficiente para hacer ese argumento”. Un cambio de régimen en Cuba, ¿podría tener un impacto real en las elecciones legislativas de Estados Unidos? Pertierra señala que “realmente es incierto”. Porque el estado de Florida, donde reside la mayoría de la diáspora cubana, ya es sólidamente republicano. Pero el experto advierte que si las cosas salen mal, hay riesgo porque muchos estadounidenses dirán: “Yo voté por Trump porque dijo que estaba en contra de las guerras y ahora está invadiendo países por doquier.” Henken coincide: “No veo que una salida victoriosa para Trump tenga mucho impacto en las elecciones de noviembre. El presidente es cada vez menos popular en Estados Unidos, aunque su base es cada vez más ferviente. Pero realmente lo que importa más al pueblo norteamericano es la inflación, corrupción y otras cuestiones de la guerra en Irán, que realmente no es popular, ni apoyada ni por la población, ni por muchos del movimiento MAGA. Buscar en Cuba otra victoria como la de Venezuela puede ser una distracción para dar ánimo a los seguidores de Trump. Pero Cuba no es algo de interés para la gran mayoría de la población y no va a tener un impacto en la decisión de los que van a votar en noviembre”. Source link Navegación de entradas Trump se mostró optimista antes de una reunión clave, pero dijo que está dividido “50-50” entre un “buen acuerdo” o “volar por los aires” a Irán