En el Gobierno admiten que la mejora de la inflación no alcanza todavía para recomponer el poder de compra y miran, cada vez con mayor atención, el impacto político de una demanda interna debilitada.
Aunque tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía Luis Caputo sostienen que la desaceleración de la inflación es el eje ordenador de la recuperación, los indicadores de ventas muestran que el alivio todavía no llegó con fuerza al bolsillo de los hogares. El consumo masivo retrocedió en junio y acumuló una baja cercana al 3% en lo que va del año, según relevamientos privados, mientras que otros informes advierten que la debilidad se extiende a rubros cotidianos, bienes durables y servicios vinculados al esparcimiento. El comercio electrónico y algunos rubros relacionados con el Mundial son la excepción.
Según datos de la consultora Scentia, las ventas en los supermercados cayeron en junio y registraron una contracción de 2,6% interanual. El informe muestra que las grandes cadenas acumulan una disminución de venta de 4,6% en el primer semestre.
También Scentia destacó que alimentos perecederos fue el rubro que registró una mayor caída con 7,9% contra junio de 2025. Le siguieron los productos de higiene y cosmética, con una baja de 5,9%, respectivamente.
En los autoservicios independientes, en tanto, el consumo cayó 1,9% en junio frente al mes previo y en el primer semestre registra una baja del 3,2%. Medido de forma interanual, disminuyeron 1,6%. En ambos casos, se trata de canales con alta incidencia en el consumo diario.
Por otro lado, el canal mayorista acumula una caída de ventas de 3,8% en los primeros seis meses del año, en línea con la tendencia general de retracción del consumo. En tanto, los kioscos y comercios tradicionales (K&T) mostraron una caída más pronunciada a nivel interanual de 4,6%.
En los despachos oficiales, la baja del consumo genera inquietud porque tensiona uno de los supuestos ejes centrales del programa económico: que la baja de la inflación, combinada con una eventual recuperación del salario real y del crédito, terminaría reactivando la demanda. Por ahora, ese proceso aparece demorado. La estrategia oficial apunta a evitar medidas que comprometan el equilibrio fiscal, pero al mismo tiempo se multiplican las señales destinadas a sostener expectativas de mejora para los próximos meses.
El problema no se limita a una baja puntual en las ventas. Los hogares compran con mayor cautela, reducen la frecuencia de visita a los comercios, achican las canastas y buscan marcas más económicas.
La contracara de la caída es el aumento que está teniendo el ecommerce. En junio tuvo una suba de 0,5% mensual, de 34,8% en el primer semestre y de 41% interanual. Sin embargo, su peso todavía no logra compensar la caída en los formatos físicos.
El otro dato positivo del mes pasado los analistas lo relacionan con el Mundial de Fútbol. Por ejemplo, en junio creció 61% la venta de televisores.
Otra categoría que se salvó fue la de bebidas con y sin alcohol. El consumo de bebidas alcohólicas subió 9,4% interanual el mes pasado y el de bebidas sin alcohol avanzó 3,5%.
De todos modos, la preocupación oficial tiene también un componente político. El Gobierno necesita que la estabilidad macroeconómica empiece a traducirse en señales visibles para los consumidores. Sin una mejora perceptible en el poder adquisitivo, el relato de recuperación corre el riesgo de quedar limitado a los indicadores financieros y de inflación, lejos de la experiencia cotidiana de familias y comercios.
El desafío para el oficialismo será transformar la estabilización en consumo efectivo. Para eso, los próximos datos de salarios, crédito, empleo y ventas minoristas serán clave. En el Gobierno confían en que la baja de la inflación abra margen para una recomposición gradual, pero el diagnóstico de corto plazo es más prudente: la economía puede mostrar orden macro, aunque la calle todavía no perciba una recuperación sostenida.
