Gerardo Bartolomé se formó como ingeniero agrónomo en la UBA y a sus 70 años recuerda a los profesores que lo animaron a lo que sería su gran gesta: la creación de lo que es hoy en Grupo Don Mario (GDM), que varias décadas después de su fundación en 1982 y desde 2021 quedó al frente de su hijo Ignacio.

Lo primero que sorprende en sus amplias oficinas en San Isidro es una inmensa bandera brasileña que lleva las firmas de todos quienes lo guiaron para que GDM se convirtiera allá en la líder de semillas de soja, un gran salto que los llevó a EE.UU. y Sudáfrica, donde también lideran.

Pero aunque continúa como chairman de GDM, se centra en su nueva empresa, Glycinemax, que no por casualidad rinde un tributo a la soja, ya que se trata del nombre en latín de la famosa oleaginosa. Y con esas ideas que parecen improbables, como la que diferenciaron sus semillas de soja, encara la producción en unas 30.000 hectáreas en campos propios y alquilados.

Trabaja con modernos equipos de riego, está en Chacabuco, Salto y Córdoba. Siembra soja, trigo y maíz y hasta es obtentor de semillas para Bayer. Cuenta con una planta de clasificación, emprende con nueces en Mendoza y trigo candeal, que se utiliza en las pastas.

En sus inicios en el negocio de las semillas, Bartolomé notó que había una política defensiva en el mejoramiento de los cultivos. “Empezamos con una política ofensiva, buscando productividad al apostar a ciclos más cortos de manera de evitar enfermedades y ataques de insectos tan comunes cuando el cultivo permanece más tiempo”.

Esta filosofía reina en su flamante Glycinemax. “Tengo un plan de crecimiento pero a esta altura de mi vida, busco generar más trabajo que rentabilidad. Manteniendo el lucro, que es parte del negocio, pero creando oportunidades para la gente”, dice a Clarín.

Parte de su agenda es la fundación de dos colegios, uno en Argentina y otro en Brasil, que ya está en marcha en Paso Fundo, un barrio humilde en una población a 250 kilómetros de Porto Alegre. En el caso argentino, la escuela se ubica en el barrio Ricardo Rojas, en el partido de Tigre.

“Creemos que es muy importante devolverle a la sociedad, tanto argentina como brasileña, las oportunidades que nos dieron. Soy producto de la educación pública y Argentina fue clave también en el comienzo de nuestra empresa. Uno de mis orgullos más grandes fue cuando la UBA cumplió 200 años, eligió a 200 egresados y estuve entre ellos. Y en cuanto a Brasil, se nos permitió desarrollar nuestro negocio de mejoramiento genético en un país que ha crecido significativamente en la superficie de soja”.

-¿Cómo tomó la decisión de traspasar GDM a su hijo?

-Cuando cumplí 65 años, me pareció que era un buen momento para que mi hijo Ignacio tome el mando de la compañía. Él tiene una gran formación académica y laboral. Y evitamos el doble comando. Cortamos de manera contundente. El en GDM y yo en Glycinemax. Me costó, pero lo disfruté. Ignacio tomó rápidamente el liderazgo con una mentalidad de joven, con lo cual mira mucho más a futuro y está muy vinculado a la tecnología. Mi perspectiva era de 10 años. En cambio Ignacio mira a 30 años.

-¿Cómo imagina la agricultura en los próximos 15 años?

-Hay que industrializar, agregar valor. Estamos en un ciclo donde el acceso al crédito ha mejorado. Sin crédito es difícil crecer en un ambiente en el que los precios de los granos están bajos rigen las retenciones.

-¿En qué se diferencian los modelos de producción de Argentina, Brasil y Estados Unidos?

– En los tres países se arrienda tierra. En Argentina, 60% de la producción es en campos alquilado, en Brasil y EE.UU., 30%. La gran diferencia es que, a raíz de tener crédito, en EE.UU. y Brasil, el que alquila es el vecino, otro propietario de tierra que, aparte, tiene maquinaria gracias a créditos a largo plazo. En Argentina, en ese 60% que se alquila pueden estar el contratista o los inversores. El crédito puede cambiar el modelo de negocios en el país.

-Muchos reclaman una ley de semillas ya que al no reconocer la propiedad intelectual pasan de largo las últimas tecnologías…

-La famosa ley de semillas es de 1973 y legaliza el uso propio gratuito. En ese proceso, que el productor pueda multiplicar por su cuenta, Argentina se viene quedando sin tecnologías, tanto del germoplasma como la biotecnología transgénica. Brasil, desde que nosotros empezamos en los 80 con la soja sembraba 5 millones de hectáreas, hoy, 45 millones, nueve veces más. Nosotros pasamos de 3 millones a 15 millones, cinco veces.



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