Los precios de julio volvieron a empujar los índices de vulnerabilidad social al alza: tanto la canasta que mide la pobreza como la que mide la indigencia aumentaron el mes pasado por encima del índice de inflación, que marcó el 2,1%.

Según reveló el Indec, una familia con cuatro integrantes necesitó 1.564.716 pesos para no ser pobre en julio. Además, el organismo oficial sostuvo que ese grupo familiar, conformado por una pareja y dos niños, requirió 708.016 pesos para no ser considerado indigente. La indigencia es una subcategoría de la pobreza que engloba a quienes no llegan a reunir los ingresos suficientes para alimentarse.

En la medición de la variación mensual de la canasta básica alimentaria (CBA), en julio fue de 2,6% mientras que la de la canasta básica total (CBT) -que incluye además de los alimentos los bienes y servicios básicos para superar el umbral de la pobreza- fue de 2,2%. Estos datos fueron difundidos este jueves, junto con la inflación medida a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que se ubicó en el 2,1%.

La variación interanual, en tanto, se ubicó en el 37,4% para la canasta alimentaria y en el 36,1% para la canasta total. Aquí también el incremento está por encima de la medición de inflación, que marcó 33,8% de julio de este año con relación al mismo período del año pasado.

En el nuevo reporte dado a conocer este jueves, el INDEC señaló que la línea de indigencia para un adulto que se mantiene solo se ubicaba en los 229.131 pesos, mientras el límite de la pobreza para esa persona fue de 506.381 pesos.

En el cálculo para las familias de tres, cuatro o cinco integrantes, los pisos de indigencia fueron de 563.663 pesos, 508.016 pesos y de 744.677 pesos respectivamente.

En tanto, el Indec estimó que la pobreza alcanzaba a esos grupos de familia si no llegaban a 1.245.696 pesos, 1.564.716 pesos y 1.645.737 pesos, según su conformación de tres, cuatro o cinco integrantes.

Los datos de julio muestran que la pobreza volvió a subir. En la primera parte de este gobierno, la devaluación empujó a la inflación a un nivel más alto y a la vez la caída de la actividad golpeó sobre los ingresos. Esa combinación hizo que la pobreza saltara del 41% en el segundo semestre de 2023 al 52,9% en el primero de 2024. Desde allí el índice fue bajando hasta tocar el 28,2%, el menor nivel en siete años.

En esa baja contribuyeron la desaceleración de la inflación y -fundamentalmente- la evolución de los alimentos, que pasaron de ser el rubro que más trepó en 2023 con el 253%, por encima de la inflación del 211% de ese año, a aumentar 32% el año pasado, apenas por encima del 31,5% del IPC.

Otro dos elementos ayudaron a la baja de la pobreza. El primero fue la recuperación de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la única partida de gasto social que la gestión de Javier Milei sostuvo e incluso hizo crecer por encima de la inflación, con un avance del 63% en términos reales entre 2023 y 2025. También impactó la recuperación del empleo informal y una mejora en la metodología de captación de los ingresos por parte del Indec.

Pero esa baja de la pobreza empezó a cortarse a finales del año pasado, cuando la inflación pasó del 1,5% de mayo al 2,8% de diciembre, al tiempo que los alimentos treparon por encima del índice general, empujados por el precio de la carne.

Si bien aún no hay registro de la evolución de la pobreza en el primer semestre –el Indec difundirá el informe en septiembre- los datos preliminares dan cuenta del cambio de tendencia.

De acuerdo a los microdatos de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) que también realiza el Indec, en el primer trimestre de este año la indigencia alcanzó el 6,5% y la pobreza el 30%.





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