"Mi hijo vivía situaciones de acoso permanente": la defensa de la madre de "Pity" Álvarez en el juicio por homicidio


Acoso, temor y una mirada amenazante. De esta manera describió Cristina Congiú, la madre de Cristian Gabriel “Pity” Álvarez (54), los encuentros que mantuvo con la víctima, Cristian Maximiliano “Gringo” Díaz (36), cuando iba a visitar a su hijo al barrio Samoré de Villa Lugano.

La madre del ex líder de Viejas Locas e Intoxicados fue la testigo principal de la décima audiencia del juicio contra su hijo por el homicidio de Díaz. Una jornada que comenzó con un nuevo pedido de suspensión por parte de los defensores Sebastián Queijeiro y Javier Baños.

Esto fue motivado por la internación de urgencia del músico en la Unidad de Cuidados Intermedios del Hospital Tornú por un cuadro de “deterioro cognitivo” y suba de presión.

El fiscal general Sandro Abraldes se opuso a la suspensión del debate y entre sus argumentos sostuvo que el músico no estaba obligado a asistir.

Abraldes también solicitó una multa para Baños por sus reiterados pedidos de suspensión: “Es un modo de actuación que está interfiriendo con la continuidad y seriedad del proceso”.

Finalmente, los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 29, Gustavo Goerner, Juan María Ramos Padilla y Hugo Navarro, no hicieron lugar al pedido de multa para Baños ni el apercibimiento para Queijeiro, pero tampoco suspendieron la audiencia.

Luego de la resolución de los jueces ingresó a la sala para declarar la madre de “Pity”, ayudada por Santiago Ruiz, manager del músico.

El presidente del tribunal le hizo saber que no puede declarar en contra de su hijo y luego le preguntó si conocía al “Gringo” Díaz. Fue entonces que la mujer comenzó con su relato.

“Cristian nos hizo comentarios de que esta persona lo acosaba muy seguido. A Cristian le gustaba hacer sus compras en el supermercado, comprarse la comida, y ni siquiera podía bajar del departamento para hacer esas cuestiones. Yo lo asistí cuando me entero qué le estaba pasando eso. Esta persona (Díaz) me empezó a acosar a mí también cuando llegaba a Samoré”, sostuvo en sus primeros minutos declarando.

Congiú señaló que a Díaz se lo “encontraba siempre” y que la miraba “de una manera muy extraña” y describió: “Me daba realmente temor. Me miraba y se sonreía como diciendo ‘cuando te descuides, te la doy’”.

La mujer relató que eran entre tres y cuatro veces por semana que iba al departamento de su hijo a llevarle ropa o comida, y que siempre lo veía a Díaz, quien -según sus palabras- nunca le decía nada, pero la intimidaba con su sola presencia: “Creo que le tenía envidia (al músico)”.

“Muchas veces me lo encontré solo, pero estaba con otras personas que desconocía. A Díaz lo conocía por referencias de mi hijo, que vivía una situación de acoso permanente, no podía hacer cuestiones cotidianas”, remarcó la testigo.

La madre del acusado dijo que “físicamente daba miedo”, el “Gringo” porque “era mucho más alto, muy corpulento” y añadió, al borde del llanto: Tenía algo que no puedo olvidar, me provoca angustia”.

“Recuerdo la mirada de ese muchacho, muy extraña, como amenazante. Él se aparecía de cualquier lado, no sé cómo hacía. Yo no quería llenarle la cabeza a Cristian, lo hablé con la portera y me decía que este muchacho andaba armado y que tuviera cuidado. Una vez lo encontré en el piso del edificio de Cristian”, afirmó.

Javier Baños, uno de los abogados defensores del músico. Foto: Guillermo Rodríguez Adami,

El fiscal le preguntó si alguna vez Díaz le había dirigido la palabra en las veces que se lo cruzó. La testigo reconoció que no, pero relató un momento donde la víctima salió detrás de una ligustrina: “Fue un susto muy grande porque no esperaba encontrarlo. Se me puso adelante, me miraba y sonreía. Disfrutaba de mi impresión, esa que hace una persona que puede recibir un manotazo o un tiro”.

Congiú aseguró que entre uno o dos meses del homicidio fue hasta la comisaría de la zona para denunciar las actitudes de Díaz, pero que en el lugar no quisieron tomarle su declaración porque no tenía pruebas contra el hombre.

“¿Cuál era el conflicto entre Díaz y su hijo?”, le consultó Abraldes. “Yo se lo pregunté una vez. Ustedes conocen que mi hijo sufre de adicción, no sé como es este tema para la compra de esa sustancia, pero esta persona decía que él lo quería llevar donde vendía. Él quería manejarle esta situación”, respondió.

El fiscal Sandro Abraldes. Foto: Pedro Lázaro Fernández.

La mujer valió su testimonio en comentarios que le realizaron vecinos del barrio, pero que ella no pudo afirmar que los haya visto como por ejemplo, que Díaz tenía un arma o bien, que robaba en la zona.

“Yo sé que estaba ahí, como un soldadito que estaba haciendo su guardia, lo sé por comentarios”, remarcó.

“¿’Pity’ denunció lo que le pasaba con Díaz?”, interrogó Fabián Améndola, representante de la querella.

“No, ojalá lo hubiese hecho, me hubiese sentido más segura. Se podría haber evitado que sucediera esto”, señaló Congiú, antes de retirarse de la sala de tribunales.

Un tipo “con pocas pulgas” y “un pan de Dios”

El segundo testigo de la jornada fue Claudio Soto, un vecino del barrio Samoré que conocía a Díaz y al acusado. “No sé por qué me citaron a este juicio, no participé del hecho”, fue su presentación ante el tribunal.

Luego de explicarle el motivo de su citación, comenzó a responderle preguntas de la defensa.

“No escuché nada del hecho, nadie va a decir nada de lo que pasó. Sabíamos solo que había un problema entre los dos. Díaz tenía auto y ‘Pity’ no, entonces lo llevó a una villa y ‘Pity’ tardó en volver y Díaz volvió al barrio. Lo dejó tirado, como se dice, y se dejó una mochila. Fueron a comprar drogas”, relató el testigo sobre el inicio del enfrentamiento entre el músico y la víctima.

A Díaz lo calificó de “un tipo con pocas pulgas”, pero aclaró que no era agresivo. “A todos nos volvía locos, nos pedía ‘dejá un poco de droga, tirá algo para los pibes’. Era un poco incómodo, pero no iba a robarte. A veces las exigencias eran con cara de malo”, sostuvo.

Respecto del músico, Soto lo describió como “un pan de Dios”, muchas veces “demasiado bueno”, y recordó: “Alguna vez invitó droga, a veces dejó plata, él lo permitió. A ‘Pity’ le exigían más porque le fue bien en la vida”.

El testigo aseguró que “Pity” era paranoico: “Nunca lo vi en un estado que fuera no drogado”.

Las preguntas que realizó Abraldes buscó contrarrestar el testimonio de la madre del músico cuando le preguntó a Soto si Álvarez salía de su departamento. Como respuesta recibió un “sí”.

Por último, reconoció que lo veía armado a “Pity” y que el arma era personal del guitarrista.

El último testigo fue Lucas Práctico, que se presentó como un amigo y asistente del músico, y sostuvo que siempre “le cobraban peaje”, que podrían ser entradas para un recital, drogas o dinero.

“Muchas veces le dijimos de mudarse, pero él quería vivir en su barrio. Era un trastorno entrar y salir de ahí”, remarcó el testigo.

Sobre Díaz sostuvo que era “uno más del grupo que estaba ahí”, en el barrio Samoré.

Por último, Abraldes le consultó sobre la mochila que dejó “Pity” en el auto de Díaz: “¿Por qué dejó la mochila si era paranoico?”

“La confianza, ahí lo que pasó, al no conocer a Cristian, que no son 10 minutos y volver, pueden ser horas, seguro el chico se cansó de esperar y listo. Fueron a un asentamiento a buscar estupefacientes, imagino. Era normal que se quedara hablando, era un tipo muy amable, por eso se demora”, cerró.



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *