Los campos de batalla de Ucrania son una picadora de carne humana rusa. La invasión lanzada la madrugada del 23 al 24 de febrero de 2022 debía durar unos días, a lo sumo unas semanas, y en ese breve plazo las tropas rusas debían haber tomado Kiev y derribado al gobierno de Volodimir Zelenski. Pero Ucrania resistió, estabilizó las líneas meses después y fueron pasando los años.

Su estrategia militar, la ayuda en armamento occidental y, sobre todo, su capacidad industrial para producir miles de drones de ataque al día. convirtieron las tierras del sureste de Ucrania en tierras de sangre, como escribía el historiador Timothy Snyder. Rusia, según los últimos datos, perdió entre 2022 y 2025 al menos 352.000 hombres en esa guerra. En lo que va de año esa cifra podría haber llegado a los 400.000.

Los datos son de dos medios independientes rusos, Mediazona y Meduza, y se refieren a hombres varones de entre 18 y 59 años.

Los dos medios, cuyas informaciones durante estos más de cuatro años de guerra han sido precisas, usan una metodología estadística nueva que se basa en dos grandes fuentes de datos.

Una es el registro de sucesiones ruso -una base de datos pública que recoge todas las herencias en el país- y el otro es un listado de soldados fallecidos que Mediazona ha ido elaborando con fuentes internas en las Fuerzas Armadas. Ese listado tenía a finales de 2025 más de 215.000 nombres.

El Registro de Sucesiones recoge a todos los ciudadanos rusos fallecidos que dejan bienes en herencia. Cuando los periodistas de esos dos medios cruzaron esos datos con el registro de soldados fallecidos que fueron elaborando usaron una probabilidad estadística basada en la edad y la posición social. Cuanto mayor y con más bienes, más posibilidad de dejar herencia.

La diferencia de datos que se dan entre los diferentes registros se explican, según estos medios, porque nunca se recuperaron los cuerpos de decenas de miles de soldados muertos. En al menos 90.000 casos de esos 352.000 soldados muertos, su defunción fue declarada con un retraso de seis meses por las autoridades judiciales.

Los tribunales rusos recibían, cuentan estos medios, pocas solicitudes para declarar a militares desaparecidos o fallecidos hasta mediados de 2024.

La guerra iba mejor para Rusia, morían menos hombres y se recuperaban los cuerpos de los que morían. Pero eso fue cambiando. Desde 2024 las solicitudes para esas declaraciones de desaparición o muerte han ido aumentando hasta rozar esas 90.000.

La guerra ha ido girando poco a poco a favor de Ucrania. Rusia apenas avanza desde hace meses en ninguna parte del frente y Ucrania sí lo hace, sobre todo desde que convirtió todo su territorio en un continuo juego de caza al hombre desde pequeños drones de ataque.

Fuentes diplomáticas europeas explican desde hace semanas que Rusia es incapaz de reemplazar a todos los hombres que va perdiendo en el frente y que ya se mueve a la defensiva.

Ucrania ha roto todas las expectativas. De depender absolutamente del armamento occidental (y únicamente europeo desde enero de 2025 porque Estados Unidos cerró el grifo desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca) a ser cortejada para participar en contratos de defensa europeos.

Ucrania es hoy la primera potencia militar del continente, el ejército más grande y el único realmente entrenado para una guerra mayor.



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