El Gobierno está atravesando un “momentum financiero”, una fase de buenas noticias entre las que se destaca la acumulación de divisas por parte del Banco Central. En los primeros cinco meses del año embolsó US$ 9.756 millones, el 97% del monto total que tenía previsto para el año.

Cuando el equipo de Santiago Bausili anuncio a finales de 2025 que volvería a comprar divisas en el mercado luego de 8 meses de ausencia, la expectativa era que esto impactara sobre el dólar: con la aparición del Central aumentaría la demanda y esto se traduciría en una suba del tipo de cambio.

Pero nada de esto pasó. Gracias al salto de la oferta por un combo entre mayores exportaciones y liquidaciones de divisas de parte de las empresas que se financian en el exterior, el dólar retrocedió 3,2% en términos nominales en lo que va del año y 16% en términos reales teniendo en cuenta el impacto de la inflación.

“En momentos de mayor oferta en el Mercado Libre de Cambios, las compras del BCRA siguen sin impactar en el FX: el dólar mayorista cerró el viernes en $ 1.410, sin mayores cambios en las últimas semanas”, planteó la consultora LCG.

Así, “el peso se apreció 11% real en el año, recortando ya buena parte de la ganancia de competitividad precio lograda con la devaluación de diciembre de 2023″.

Esta apreciación del peso se da en un contexto en el que el dólar a nivel internacional se encuentra más debilitado, lo que impacta en todas las monedas emergentes. “Varios sectores (muchos con potencialidad competitiva) padecen el dólar barato, lo que podría tener un impacto no menor en términos de empleo y actividad”, agregan desde LCG.

La incógnita ahora es si el dólar seguirá perdiendo contra la inflación en el segundo semestre y cuál será el margen del Central para seguir con su estrategia de compras.

Desde GMA Capital apuntan que “la cosecha viene dejando una oferta relevante de divisas, con liquidaciones acumuladas que ya superan los US$ 10.000 millones, pero este impulso empieza a quedar atrás. Hacia adelante el escenario luce más exigente, con una demanda de pesos todavía frágil y un calendario de vencimientos exigente. En particular, los compromisos de deuda en dólares acumulan más de US$ 32.000 millones entre 2026 y 2027, y todavía no hay definiciones claras sobre la estrategia para afrontar esos vencimientos”.

Pero aclaran que “esto no implica necesariamente un escenario de escasez abrupta de divisas”. Las emisiones de las empresas privadas en el mercado internacional sumaron US$ 1.500 millones en mayo y ya acumulan US$ 11.900 millones desde octubre. “Este flujo podría extenderse durante 2026, anticipando una potencial volatilidad de cara a 2027. A su vez, el envío del proyecto del “Súper RIGI” y su potencial aprobación en el Congreso podría reforzar esa oferta de dólares, aunque esperamos que el grueso se concentre pasado el 2026”.

A la vez, advierten que “a medida que el segundo semestre avance y ese flujo pierda intensidad, sostener la estabilidad cambiaria podría requerir tasas reales más altas para evitar una mayor dolarización de carteras”.

Sin embargo, “ese equilibrio no es inocuo. Un eventual rebote de la demanda de cobertura presionaría sobre el tipo de cambio, con impacto potencial en la inflación, mientras que una suba de tasas para contenerlo podría profundizar la debilidad de la actividad en un contexto donde el consumo y los ingresos reales todavía muestran una recuperación limitada“.

Para GMA el escenario base es que el equilibrio macro entre en una dinámica de “sintonía fina”. Esto implicaría que el tipo de cambio oficial convergería hacia la zona de los $ 1.670 en diciembre, consistente con “una dinámica de depreciación mensual algo más acelerada en la segunda mitad del año”. En paralelo, “la inflación encontraría mayores dificultades para perforar sostenidamente la zona del 2% si el frente cambiario comienza a mostrar algo más de tensión”.



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