Las instituciones europeas muestran cada día que Estados Unidos pasó de ser el aliado fiable y casi el hermano a ser un país del que desconfiar. Y con Estados Unidos sus empresas, sobre todo los gigantes tecnológicos dirigidos por hombres, entre ellos algunas de las mayores fortunas del planeta, que han apoyado al presidente estadounidense Donald Trump y que arrastran los pies al cumplir la normativa europea que les afecta.

La última señal llega desde el Parlamento Europeo. La Eurocámara decidió que a partir de ahora en sus ordenadores se usará por defecto el buscador francés Qwant y no el estadounidense Google. La medida empezó a aplicarse el pasado jueves y afecta a todas las búsquedas hecha desde la barra de direcciones en los navegadores Firefox y Edge dentro de la red interna de la Eurocámara, la que usan eurodiputados, sus asesores y el resto del personal de la institución. La Comisión Europea usa por defecto Bing, de Microsoft.

La medida puede parecer anecdótica pero es una muestra más de que los europeos desconfían de quien siempre se fiaron. La decisión tomada por la Eurocámara se justifica por tres motivos. El primero es potenciar la soberanía digital europea, usando un buscador de una empresa francesa y abandonando el de una empresa estadounidense. La segunda razón se debe a que Qwant, al contrario que Google, no rastrea a los usuarios ni crea perfiles publicitarios, respetando así completamente los reglamentos europeos en materia de privacidad.

El tercer motivo no es tan público, pero fuentes de la institución cuentan que temen que Google esté haciendo un mal uso de los datos personales de quienes usan su servidor, trasladándolos sin permiso a las instituciones federales estadounidenses. La decisión, además, se toma justo cuando la Comisión Europea debe presentar su paquete de soberanía tecnológica para reducir sus dependencias de tecnológicas no europeas y potenciar las de empresas europeas.

La Eurocámara estudia desde noviembre pasado, tras un pedido de 38 eurodiputados, fórmulas para dejar de usar software de empresas no europeas. Porque más allá de los buscadores, Europa sigue dependiendo de tecnologías de nube y software estadounidenses. Algunos informes alertan del riesgo de un apagón tecnológico en Europa si Donald Trump decidiera forzar a empresas como Amazon, Microsoft o la propia Google a suspender sus servicios a las empresas de países europeos como medida de retorsión comercial.

La francesa Qwant, además de ser europea, presume de poner por delante el respeto a la privacidad y no la creación de perfiles publicitarios. No hace seguimiento de las actividades online de sus usuarios, como sí hace Google, ni recoge datos personales.

Las relaciones entre las instituciones europeas y el gigante estadounidense Google nunca fueron las mejores. En los últimos años la Comisión Europea multó en varias ocasiones a la empresa por prácticas anticompetitivas.

Bruselas multó con 2.950 millones de dólares por abuso de posición dominante en tecnología publicitaria, con 2.420 millones por dar ventaja ilegal a su propio servicio de comparación de compras, con 4.340 millones por imponer restricciones anticompetitivas a fabricantes de dispositivos Android y con 1.490 millones por prácticas restrictivas en publicidad online, aunque esta última multa fue finalmente anulada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Además, la empresa ha tenido que pagar 630 millones por violar normativas nacionales en Francia, Austria o Grecia. Y hay investigaciones todavía en marcha por violaciones de la nueva Directiva de Mercados Digitales y por denuncias de competidores, que acusan a la empresa de penalizar ciertos contenidos de medios y editores en los resultados de búsqueda. También se investiga si la empresa usa contenido de editores web y videos de YouTube para entrenar sus herramientas de IA sin compensar a los creadores.



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