La declaración Romina Rodríguez, más conocida como “Monona” y quien fuera la cocinera de Diego Armando Maradona (60) desde aproximadamente un año antes de su muerte, fue interrumpida por los jueces a cargo del juicio por la muerte del Diez que le advirtieron que parecía que los estaba “eludiendo” con sus respuestas poco precisas. “Monona” trabajó para Maradona como empleada doméstica desde un tiempo antes de la pandemia del coronavirus. Estuvo en la casa del barrio privado Los Fresnos de Bella Vista; en Campos de Roca de La Plata y San Andrés, en Benavídez. Su testimonio tuvo como principal característica el modo lento de hablar. Por momentos no precisó datos y por otros iba recordando qué pasó en las últimas horas de Maradona con vida en aquel miércoles 25 de noviembre de 2020. Rodríguez estuvo presente en ese momento. Recordó que esa mañana estaba desayunando con la enfermera Dahiana Madrid (36), el encargado de seguridad Julio César Coria, y los asistentes de Maradona Maximiliano Pomargo y Jonathan Espósito (también sobrino del Diez). Gianinna Maradona Ingresa a los tribunales San Isidro en la audiencia de este jueves. Foto Guillermo Rodríguez Adami. El cuestionario fue dirigido por Patricio Ferrari, uno de los fiscales generales adjuntos de San Isidro junto a Cosme Iribarren. “No me acuerdo”, fue la respuesta a la que más recurrió la testigo. “Sé que su médico era (Leopoldo) Luque y la psicóloga y el psicólogo. Ahora se me hizo una nube, pero recuerdo el nombre, no me sale el nombre ahora como se llamaba”, dijo en referencia a Agustina Cosachov (41), la psiquiatra. “¿El día de la muerte de Maradona qué percibió?”, preguntó el fiscal Ferrari. “Mucha tristeza, me hace mal acordarme de todo eso”, respondió de manera escueta la testigo. “No recuerdo si Madrid le tomó los signos vitales, no sé si fue así”, dijo Rodríguez. “Recuerda si Diego Maradona se negó?”, repreguntó el fiscal. “No me acuerdo”, volvió a contestar. “La última vez que lo vi me pidió que le lleve un té y sanguchitos que luego le iban a dar la medicación. Fue cerca de las 21, no recuerdo bien”, dijo la testigo antes de ser advertida por primera vez por el juez Alberto Gaig. “Es muy importante que usted recuerde y que haga un esfuerzo. Es un juicio por un homicidio”, le avisó el magistrado, visiblemente alertado por la situación. Y continuó: “Es raro que no se acuerde. ¿Usted sigue relacionada con alguna persona del entorno de Maradona?”. La testigo respondió: “Maximiliano Pomargo es el padrino de mi hija. No trabajo para nadie”, sostuvo. “La veo con un poco de temor”, le dijo Gaig, antes de retirarse a deliberar con sus colegas del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 7 de San Isidro, Alberto Ortolani y Pablo Rolón. Pasaron ocho minutos hasta que regresaron a la sala. Mientras, la testigo seguía sentada allí. “Notamos cierta cautela en determinadas respuestas. Vamos a seguir escuchándola. Pensamos que es posible que usted pueda contar con un mayor grado de detalle. Ese ‘no me acuerdo’ parece que está eludiendo la respuesta, como que nos está evadiendo. Usted está declarando bajo juramento, no puede omitir ni callar”, le habló Gaig. Ortolani, por su parte, le dijo en base a experiencias de otros testigos que declararon en distintos debates que “es mejor decir ‘no me acuerdo’ que azarosamente diga algo que se aleje de la verdad”. Desde ese momento, “Monona” Rodríguez pasó a declarar con más firmeza que minutos antes, aunque su modo de hablar nunca fue enfático y firmeza. La testigo afirmó que “no se escuchaba nada desde afuera de lo que pasaba en la habitación”, en relación a si se podía oír si Maradona caminaba y hacía pis en ese ambiente de la casa, donde pasó varias horas en sus últimos días. La cocinera dijo el ex astro futbolístico caminaba solo por la casa pero que en esa mañana “no se lo escuchó caminar”. Con la maqueta a escala de la casa del lote 45 del barrio San Andrés en la sala, Rodríguez marcó los distintos ambientes de la propiedad. Al momento de describir el baño de la plata baja, que estaba distante a unos 10 metros de la habitación donde dormía Maradona, sostuvo que “era chiquito” y no tenía lugar para ducharse. La maqueta de la casa donde murió Maradona que se utiliza en el juicio. La testigo también recordó que ella participó de las maniobras de reanimación de Maradona junto con la psiquiatra Cosachov, el custodio Coria y la enfermera Madrid. “Le hacíamos RCP. Yo no sabia, pero me dijeron que le de respiración boca a boca. Nos íbamos turnando entre la psicóloga y yo. Ella en el pecho y yo boca a boca. Luego el de seguridad en el pecho y la enfermera boca a boca. Después vino un médico vecino y la ambulancia. Nosotros salimos de la pieza y siguieron. Después fueron llegando ambulancias, médicos, los familiares y nos dijeron que Diego había fallecido”, recordó. Antes de finalizar su testimonio, aseguró que “las hijas y Luque” les enviaban mensajes para preguntarle cómo estaba Maradona. Para ello, el abogado Francisco Oneto, defensor de Luque, exhibió una conversación en la que Rodríguez le decía a Luque que “Diego está de Diez” y que había comido. El juez Gaig observó que las conversaciones entre ambos fueron seguidas, por lo que le preguntó a la testigo, quien volvió a decir que no recordaba. Según las charlas que se exhibieron fueron de julio y noviembre del 2020, cuando Diego ya había sido operado de un hematoma subdural. “¿Por qué lo felicitaba a Luque?”, preguntó Oneto. “Seguro era porque lo estaba tratando como médico”, contestó la testigo. Habló Luque Una vez concluida la testimonial de Rodríguez, el abogado Fernando Burlando, que representa a Dalma y Gianinna Maradona, mostró un audio en el que Luque dice que va a caer con un cajón de birra. Ante esta situación, el neurocirujano pidió declarar ante el tribunal y aclaró que esos mensajes con Pomargo fueron “todos en contexto de broma”, y que se busca una “imagen malísima” de él y “construir una verdad que no es real”. Las audiencia de este jueves había comenzado con la declaración de dos acompañantes terapéuticos de Maradona en esa casa de San Andrés. Alejandro Cottaro, uno de ellos, dejó una emotiva anécdota con el Diez y apuntó contra el entorno que lo tenía “blindado” en esa vivienda. Source link Navegación de entradas Seguirá libre el hombre que mató a puñaladas a dos chicas en una plaza de La Boca: la Corte Suprema ratificó que es inimputable