Andy Robert y Mercedes Carriquiry se conocieron por amigas mientras cursaban el secundario en su Montevideo natal.

Y en aquellos viejos tiempos ya estaban convencidas de seguir arquitectura. Andy se graduó en la ORT Uruguay y Mercedes, en la Universidad de la República.

Robert, 37 años, habla pausado y da la impresión de manejar ese nivel de ansiedad que significan cuatro estudios de arquitectura con proyectos muy exigentes. Uno en Montevideo, el otro en Buenos Aires, el que acaban de inaugurar en Córdoba y uno más en San Francisco, Estados Unidos.

Contabilizan 200 arquitectos y revelan, sin precisión, una facturación de dos dígitos en millones de dólares

Andy aprendió a dirigir proyectos en Estados Unidos en edificios de hasta 1.000 departamentos. Mercedes hizo su experiencia en Alemania. Y juntas en 2015 decidieron armar /slantis, en homenaje a la barra espaciadora de la máquina de escribir.

Partieron con unos pocos dólares en el bolsillo, se instalaron en un cuarto de hotel en Los Angeles y empezaron a llamar a todos sus contactos. Solo Paul Didonato, ingeniero y arquitecto y fundador de ATI Architects and Engineers, las contrató. Y ellas sintieron en ese momento que habían cruzado lo que se llama el valle de la muerte.

La inteligencia artificial, lejos de ser el lado B o un riesgo en este tipo de compañía, se convirtió en un aliado.

Ellas maquetan los diseños, los suben a la nube junto con un manual de procedimiento, donde cada paso está previsto, además del método de construcción.

“Al edificio lo hacemos primero virtualmente con una maqueta digital para visualizar y probar el diseño en ese entorno virtual. Después lo construimos. De esa manera tenemos todas las herramientas para ver los modos de uso, la vida útil, cuántas veces habrá que pintarlo y permite un ahorro de costos muy alto”, explican al apuntar que se diferencian porque brindan información muy relevante antes de construir.

“Durante décadas la arquitectura funcionó bajo un modelo lineal y control centralizado, pero en la actualidad los proyectos son cada vez más complejos y demandan una lógica diferente. Los esquemas que nos trajeron hasta acá están siendo exigidos por un contexto para el que no fueron diseñados. No porque estén rotos, sino porque el entorno cambió. Nos enseñaron a organizar el trabajo como si fuera una cadena de montaje, en partes separadas, etapas sucesivas, y decisiones que avanzan en línea recta. Pero los proyectos ya no se comportan así. Hoy trabajamos en capas que se superponen. La información circula en tiempo real. Las decisiones de un equipo impactan, casi de inmediato, en el resto del sistema”, contó Robert a Clarín.

Puesta a definir /slantis, señala que combina arquitectura y tecnología para transformar la visión del arquitecto en documentación construible, “cerrando la brecha entre lo que se diseña y lo que efectivamente se construye en ambiente de creciente escala y complejidad. Aportamos métodos, estándares y un equipo . A esto lo llamamos delivery Intelligence”. describió.

El grueso de sus clientes se encuentra en Estados Unidos, con una demanda alta y sostenida.

Así participaron del edificio comercial de Google en California, de la casa matriz de Youtube también en California y le diseñaron la oficina del CEO. También, del campus de Apple en Rancho Bernardo, de las tiendas de Yves Saint Laurent en Cancún, México; del edificio del JP Morgan en Manhattan y de la nueva terminal del aeropuerto de Los Angeles, en EE.UU., por citar algunos.

En cuanto al hub que acaban de inaugurar en Córdoba, apuntan que “estamos viendo un cambio en la forma de ejercer la arquitectura, donde el talento puede integrarse a proyectos globales sin necesidad de relocalizarse. Córdoba tiene un ecosistema profesional muy sólido, y este nuevo espacio busca potenciar esa dinámica”. Hasta el momento estas arquitectas de la nube, que están en la tierra, han diseñado más de un millón de metros cuadrados.



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