Más que el mes o la semana es ‘el día’ que aguardaba el Gobierno: este jueves habrá un doble acontecimiento y a la misma hora cuando a las cuatro de la tarde en el Estadio Azteca de la ciudad de México debutarán México y Sudáfrica inaugurando el Mundial de Fútbol y el Indec publique el dato de la inflación de mayo que mostrará por segundo mes consecutivo un baja de la inflación. Para los que conducen la política económica será casi un desahogo comprobar por un instante que la conversación pública se distrae de los temas más acuciantes.

En el Gobierno admiten que la economía no está bien. No lo dirán así en público, pero entienden que una cosa es dar un debate con la inflación yendo para arriba, que desacelerándose aún cuando se encuentre en niveles muy altos. En todo caso lo que genera optimismo en el oficialismo es que en abril, mayo y junio -este último dato se daría a conocer días antes de la final del Mundial el mes próximo-, se registraría un descenso en el índice de precios durante tres meses seguidos.

La inflación de la Ciudad dio 2,1% en mayo. Ayudó el freno de la carne, pero igual empujaron fuerte los alimentos (2,8%), llegando a registrarse subas de 50% por ejemplo en el tomate. Luego de conocido el dato, el mercado de bonos (Lecap vs CER) no cambió su proyección y sigue en 2,3% para mañana cuando anuncie la cifra el Indec.

El consenso del mercado que releva el Banco Central anticipa 2,3%. Hay cuatro pronósticos que la dan por abajo. Fiel, Castiglioni-Tiscornia y Melconian-Santángelo están en 2,2%; Marull estima 2,1%.

Las expectativas para el año sugieren que la tasa de inflación de 2026 cerrará en 30,5%, similar a la de 2025. Milei, en la intimidad, sostiene que después del impacto de las suba del petróleo y la carne, no importa tanto si el número para el año es similar al de 2025 sino que la tasa mensual muestre un descenso de cara a las elecciones de 2027.

Milei en público habla y escribe como un economista o, si se puede utilizar el término, como un intelectual debatiendo sobre el rol de la Inteligencia Artificial y su relación con el capitalismo y la democracia a la par de Yuval Noah Harari, el célebre escritor e historiador israelí. Puertas adentro en cambio, es mucho más visceral, actúa y piensa como un político especulando cuánto subiría la inflación si toma tal o cual decisión. Para Milei es la expectativa de mejora de vida y no del camino ya recorrido, lo que lo ayudará a ganar en 2027. Y en ese sentido le aporta más que se vuelva a instalar la percepción de que la inflación seguirá bajando a contar qué hizo.

Pasó casi desapercibido, pero días atrás el Presidente admitió públicamente varias de estas dudas puertas adentro. Dijo que con bajar la inflación no alcanza para crear empleo y desarrollo. La terminación nerviosa de toda política económica debe llegar a la yema de los dedos en las personas de a pie. Les tiene que llegar la plata, contarla o verla, en su saldo en el teléfono o en el bolsillo.

Y acá se abre un parteaguas. Porque Milei insistirá, y casi como Marcelo Bielsa en 2002 chocando contra aquella cerrada defensa sueca, que la reactivación llegará vía la baja de la inflación, transformando esa condición necesaria para crear empleos en suficiente: menos inflación equivaldrá a tasas de interés menores, costo de capital más bajo (incluso quizá volviendo al mercado de capitales internacional más pronto que tarde) y destrabar proyectos de inversión demorados por la apreciación del peso. Esa es la visualización del partido que tienen en mente los integrantes del equipo económico. Y Milei.

Del lado de enfrente, o si se quiere en las tribunas y los comentaristas, se advierte sobre el riesgo que el retraso del precio del dólar genera en sectores de la economía. La industria y la construcción volvieron a caer en abril. El economista Lucas Llach, al que no se puede tildar de opositor, dijo en un extenso tuit ayer que “efectivamente hay algún problema de magnitud desconocida de tipo de cambio bajo” a raíz de las declaraciones de Ricardo Arriazu, que dijo: “Nunca vi un caso como este en el que sobren divisas y falte empleo”.

El FMI precisó que el peso debería depreciarse entre 9% y 20% respecto al dólar para generar las divisas suficientes que hagan la deuda sostenible. Para Llach una depreciación de 20% como la que menciona el FMI “da una inflación de 4 o 5% no inmediata” sugiriendo que quizás es mejor políticamente para el Gobierno ver una demora en perforar el 2% de inflación mensual que si la economía toma calor después de que termine el Mundial que arranca.

En el Gobierno insisten en que el país no sigue el patrón de otras estabilizaciones que terminaron estrangulando su balanza comercial y fuentes de divisas, argumentando que se compraron más dólares de lo esperado. Este martes Luis Caputo agregó que los dólares de Vaca Muerta derramarán a toda la economía. Pero de vuelta: acá la pregunta de muchos no es de dónde saldrán las divisas sino si los argentinos las gastarán. Un dólar más alto generaría un efecto riqueza, que es el punto detrás del hilo de Llach cuando dice que el 80% de la riqueza financiera de los argentinos está en moneda extranjera.

En esa líneas, el dólar metió en estas semanas un pique corto y llegó al nivel más alto en cuatro meses. En lo que va de junio sube 2,3% pese a que este martes retrocedió levemente. Lo cierto es que la autoridad monetaria compra dólares en el MULC (ayer US$ 121 millones), pero a la vez vende bonos dolar link (el lunes operó U$S 250 millones) y para la licitación de este miércoles el Tesoro ofrece bonos atados a la evolución del tipo de cambio. ¿Esta suba del dólar en junio será acaso un precalentamiento para que ‘el tipo de cambio’ entre a la cancha y meta una diagonal o el Banco Central volverá a sentarlo?



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